En la mejor compañía 

Cuando empezaba a manejar y cuando tuve la oportunidad de tener un carro, sentí que las puertas del mundo se abrían para mi. Ya no tenía que depender del horario de mi mamá, papá o hermano para que me llevaran o trajeran de lugares a los que necesitaba o quería ir.

Poco a poco fui descubriendo las delicias de esa nueva autonomía, que en esa etapa de mi vida disfruté tanto. 

Un gusto que no era muy común entre mis amigas y yo, era el escuchar y disfrutar la música clásica. Cuando había conciertos de la Orquesta Sinfónica  de la Universidad Autónoma de Chihuahua, yo buscaba con quién ir. Mi hermano andaba con gustos completamente diferentes, y tal vez sin ningún interés de pasar tiempo con su hermana menor, jajaja. Yo quería ir a los conciertos, pero no quería ir sola. 

Como pasaron varios conciertos a los que no fui por no encontrar compañía, y venían otros a los que sí quería asistir, me llené de valor, y fui sola. Y la verdad, disfruté mucho todos  los eventos a los que fui sola.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que disfrutaste tu propia compañía?

Más adelante, cuando entré a la Facultad de Artes a estudiar música, hice nuevas amistades con las que sí compartía el gusto de ir a conciertos de música clásica. 

Recientemente, en diferentes contextos he escuchado el recordatorio de que quien no está bien consigo mism@, no está bien con los demás, invitando a observar las propias relaciones interpersonales. Y la pregunta de reflección que se presentó fue: 

–Si no disfrutas tu propia compañía, ¿cómo puedes disfrutar la compañía de alguien más? Por que quien no está bien consigo mism@, no esta bien con los demás.

Y el comentario se refería al caso de cuando algunos de nosotros nos quejamos y quejamos, y quejamos, de otr@s personas casi por el gusto de quejarnos. Y, ¿dónde habremos dejado el espejo?

Recordemos que Dios nos puede entender muy bien en cuanto a las relaciones interpersonales, pues nuestro Dios es un Dios trino.

Como estamos hechos a imagen y semejanza De Dios, y Dios es familia, Dios es comunidad,  será que podemos descubrir que dentro de nuestra propia individualidad también somos comunidad?

Somos seres humanos con muchas áreas en nuestro ser, áreas de las que no siempre estamos al tanto conscientemente. Por ejemplo, tenemos nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, y nuestros pensamientos. Esto, entre muchas otras áreas y capacidades.

¿Cómo te llevas contigo mism@? ¿Cómo te llevas con los demás? ¿Hay algún punto de fricción en común?

¿SErá que Dios te llama a reconciliarte con diferentes áreas de tu ser?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero los puntos de fricción que percibes contigo mism@. Y tal vez, al sobrellevarlos descubras que disfrutas más de tu compañía, y los demás de la tuya.. 

Marisol 

P.D.: Podemos escuchar acerca de la trinidad De Dios en las lecturas de la solemnidad de la Santísima Trinidad, año/ ciclo A.