Ayudando a que la semilla brote

Tierra fértil 

En la parte de atrás de su casa, mi papá tiene un espacio que comprende jardín como en una tercera parte del espacio.. El resto está encementado, y en una esquina tiene un asador de pared. 

Tengo muchos recuerdos de convivir ahí. Mi papá disfrutaba mucho hacer carne asada para nosotros, su familia. Era tanto lo que disfrutaba hacerlo, que casi era un ritual familiar. Desde elegir los cortes de carne, preparar las papas y cebollitas, y mi mamá preparar el arroz y los frijolitos.  ¡Claro! Las tortillas,  salsa y los limones no podían faltar.

Ese escenario fue el marco de aniversarios, cumpleaños, celebraciones de graduaciones, festejos espontáneos o convivios sin razón específica. Aunque no me gustaba tomar parte en el tener que recoger todo, siempre terminábamos con una sonrisa en la boca y con una barriga muy, muy contenta. 

Al pasar el tiempo, la frecuencia de ese ritual familiar fue disminuyendo. Mi hermano y yo salimos de casa para iniciar nuestras vidas de adultos, y para mis papás solos, era ya diferente. 

Aunque la parte de atrás no se usaba de la misma manera, mis papás cuidaron del espacio con cariño y atención. Buscaban que el jardín siempre estuviera cuidado y bien mantenido, y que el asador estuviera libre de polvo en exceso. 

Recientemente, mi papá  me comentó cómo notó que hay unos espacios donde el zacate no ha crecido por vario tiempo. El resto del espacio tiene un pasto que cubre la tierra. 

Una manera en la que mi papá honra la memoria de mi mamá, es cuidando el jardín, que mi mamá tanto disfrutaba.. Por eso fue que decidió buscar la manera de que creciera el pasto en esos espacios.

Me dijo que le pidió al jardinero que aflojara la tierra, que trajera semillas y fertilizante. 

El jardinero trajo lo necesario, y le dijo a mi papá lo que necesitaba hacer para que creciera bien el pasto. 

Varias semanas después,  mi papá me comentó cómo el pasto ya empezaba a crecer  en casi todos esos espacios, menos en uno. Resulta que una esquina  no crecía igual. 

Y a ti , te ha pasado que no obtienes el resultado o fruto deseado con tus esfuerzos iniciales?

Cuando lo comentó con el jardinero, quedaron en que removería la tierra nuevamente, para volver a poner semillas. El jardinero pidió a mi papá que pusiera especial atención en que cuando regara, lo hiciera con agua “como de lluvia” , pues si regaba con un chorro abundante, la semilla podría irse con la pequeña corriente.

La edad de mi papá, le da una perspectiva de vida que obviamente yo no tengo.. Por muy simple que parezca, a mi no se me hubiera ocurrido aflojar la tierra una vez más para buscar que la semilla germine y creciera el zacate en esos espacios donde ya no crecía más. 

En la escritura, Jesús nos relata en la parábola del Sembrador cómo es que la semilla que cae en diferentes lugares, no da los mismos frutos. 

¿Cómo son los frutos que das hoy? ¿Cómo son los frutos que anhelas dar?  

Pasando varias semanas más, el pasto sí comenzó a crecer, ahora en todos los espacios.

Como en el jardín de mi papá, si hay áreas d tu vida en las que anheles un fruto más abundante, ¿estarías dispuest@ a soltar o aflojar algunas situaciones “apretadas”?

¿Será que los cambios en tu vida sea una forma en que Dios “remueve la tierra” de tu vida para dar más fruto?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si habrá necesidad de “remover la tierra” en donde anhelas fruto. Y tal vez, descubras una invitación a “aflojar” o soltar áreas “apretadas”. 

Marisol 

P.D.: Podemos escuchar acerca de la parábola del Sembrador en las lecturas del domingo XV del tiempo ordinario. Año / ciclo a. 

P.D.2: Podemos aprender a ayudar a que la semilla brote en el curso de Espiritualidad Cristiana ofrecido por el Centro para la Religión y la Espiritualidad, este próximo otoño de 2026

https://crs.lmu.edu/espanol/programas/espiritualidad/