De pequeña, escuchar que un año iba a terminar, y otro a empezar, me daba la sensación de dos cosas completamente diferentes. Para mi, era como salir de una habitación, y entrar a otra que era completamente diferente. La idea de un nuevo año era de percibirme en un lugar, para luego enfrentar un cambio total de un día para otro.
Aún en esa etapa de mi inocencia, aprendí que es tradición el hacer propósitos para cada año por comenzar, pero como no se me ocurría nada, lo que hacía era imitar los propósitos ajenos, además de los de siempre, bajar de peso y ahorrar dinero.
Lo que esto ocasionó, fue que al final de cada año, tenía lo que yo consideraba propósitos fallidos. Y con toda razón, pues no eran exactamente míos. Eran prestados.
Tuvieron que pasar varios años, para darme cuenta de que, aunque el calendario tenga un número adicional y los meses vuelvan a empezar, la vida sigue en un contínuo. No se trataba de un cambio contrastante, sino de un paso más
Con este año apunto de terminar, y otro por empezar, surge de nuevo la pregunta, ¿cuáles son tus propósitos de año nuevo?
Anteriormente, luego de muchos años de sentir que fallaba en cumplir lo que me proponía, me tocó pausar y consultar con mi interior. Y resulta, que eso era lo que me faltaba, consultar con mi interior. Me di cuenta, de que para mi tenía más sentido hacerme preguntas de otra manera, que quiero compartir contigo. Y probablemente, también tengan un efecto diferente en ti.
Estas son las preguntas que tú también puedes hacerte, ¿list@? Además de empezar a pensar, observa también tus sensaciones:
¿Qué es lo que ya no tiene sentido, lo que ya no está funcionando, que quiero cambiar en este nuevo año?
¿De qué quiero estar agradecida profundamente al final de el año que está por comenzar?
Al hacerme estas preguntas, que te invito a que tú te hagas también, tomemos en cuenta nuestros anhelos más profundos, incluyendo nuestra salud física, mental y espiritual. Podremos observar lo que Dios nos invita a cambiar en este año que empieza.
Jesús aprendió a ganarse la vida como un carpintero, oficio que ejerció antes de su vida pública. Estarás de acuerdo conmigo que Jesús sabe acercad de planes de trabajo, aprendiéndolo de San José, ¿cierto?
Es Jesús carpintero quien nos enseña que podemos elegir, que podemos proyectar y planear.
Cuando las cosas salgan diferentes, con las respuestas a nuestras preguntas tendremos un lugar donde retomar el camino, y no quedarnos sin dirección. Las respuestas, no serán un destino, sino un punto de partida.
Y recuerda, que trabajar en el taller de Nazaret, es el arte de trabajar en nuestro interior.
Marisol

