¿Dios quiere que yo sufra?

Hola nuevamente, qué gusto encontrarnos en esta charla.

Respiremos juntos, hoy tocaremos un aspecto difícil de la vida. ¿List@?

A estas alturas de la vida, probablemente ya habrás tenido tu dosis de experiencia de dolor y sufrimiento.

¿Le podemos pedir a Dios que nos quite el sufrimiento?

¡Claro!

Tal vez Dios nos diga que se lo entreguemos, en lugar de que nos lo quite, pues Dios es un caballero.

¿Cuál es nuestra parte en entregarlo? La respuesta está enmarcada por la situación que cada uno esté viviendo. Todos somos diferentes, y no podemos ni generalizar ni comparar el dolor de experiencias difíciles.

Entonces, ¿qué es lo que puede significar entregar el dolor?

Salirnos de la situación

Cambiar amistades o relaciones

Buscar atención médica

Comprometerse a un programa de los 12 pasos

Terapia

Cambiar de dieta

Poner una denuncia a la policía

Ser paciente

Tener conversaciones difíciles

Entre otras muchas opciones…

La experiencia humana es rica y misteriosa. Supongo que conscientemente nadie buscamos el dolor o el sufrimiento. Y sin embargo lo experimentamos.

Hace tiempo le dije a Dios que quería crecer como persona, y no fue hasta hace unos días, platicando con una amiga, que me di cuenta que esas experiencias de dolor han sido el abono que me está ayudando a crecer. Creo que Dios se la tomó muy en serio, pues me dio una gran cantidad de abono en relativamente poco tiempo. Como Dios sabe que le tengo confianza, sabe que puedo tomar las cosas con sentido del humor, ha ha… Mas bien, elijo tomarlas con sentido del humor.

Dios hace su parte, y su parte no es causar dolor, sino sanar y restaurar.

Dentro de lo que para mi es navegar a través de mis situaciones difíciles, incluye el expresar (con la persona adecuada, en el momento adecuado), lo que hay en mi interior, sin tenerle miedo a las palabras que surgen, a los sentimientos abrumadores, ni a convicciones temporales de desolación. Dios no le tiene miedo a mis palabras o sentimientos. Dios me ha escuchado en medio de situaciones muy duras, y eso no cambia su amor.

Hubo un hombre llamado Job que también me enseñó que es completamente válido expresarle todo, todo, a Dios. ,

Dios te quiere escuchar a ti también.

Conozco a un carpintero, con tanto amor, que caminaba y sanaba enfermos. Mucha gente lo buscaba, pues sabían que él les podía ayudar.

Y tú, ¿conoces al carpintero?

Para ti, el día de hoy, ¿qué significa acercarte a él para recibir sanación?

Aquí, la pregunta que te ofrezco, es que examines cuál es tu parte. Dios hace su parte.

No estoy segura que Dios cause el sufrimiento. De lo que sí estoy segura, es que el amor De Dios, es la fuente de sanación. Y la sanación es un proceso.

Esta conversación no ha de ser idealmente entre solo tú y yo. Sino también entre Dios y tú.

Y tal vez, lleguemos a un momento que también experimentemos un milagro instantáneo, aunque haya tomado varios años.

Si te encuentras en medio de mucha mier… recuerda que tal vez sea el abono con el que puedes crecer.

Marisol

P.D. Detalles de Job expresándose, así como del carpintero sanando enfermos, y no causando dolor ni sufrimiento, los puedes encontrar en las lecturas del V Domingo del tiempo ordinario, ciclo B