Jesús está de mi lado, y de tu lado también

Hola de nuevo, me da gusto conversar contigo.

No se tú, pero no siempre entiendo a Jesús. Lo bueno es que jesús no condiciona su amor por que lo entienda o no lo entienda.

Hubo un momento en mi vida, que pensé  (ojo, pensé), que por hacer las cosas”bien” no me iba a meter en problemas, que todo iba a estar bien. Pensaba que cosas malas pasaban por no hacer las cosas”como Dios manda”.

En esa etapa, así era como yo veía a Dios, como alguien quien me mandaba, y al desobedecer, venían las consecuencias.

¿Te ha pasado esto?

Hacemos lo mejor que podemos, de acuerdo a lo mejor que entendemos, y aún así, :fallamos”. Y seguiremos fallando si nos quedamos con esa imagen de Dios.

Más delante en mi vida, se empezaron a presentar situaciones duras, dolorosas, y sorpresas de salud. A Todo eso, no le encontraba razón de ser, pues yo “obedecía a Dios”, cualquiera que fuera mi interpretación de eso.

Y  también, no faltaban los comentarios de otras personas. Aunque bien intencionados, no me caían bien…

”Todo tiene un propósito”, y aunque no lo dudo, mi corazón confundido y adolorido no era consolado. El comentario nome cayó bien, para nada. No tenía sentido para mi pensar que Dios  permitía algo tan doloroso, sabiendo lo duro que era para mi. No, no tenía sentido.

En una ocasión, conversando con una persona muy sabia, me hizo la siguiente pregunta:

-Persona sabia: ¿qué te parece si cambias la pregunta?

-Yo: ¿ ?

-Persona sabia: En lugar de preguntarte, para qué, te puedes preguntar, ¿qué significa?

-Yo: ¿¿¿ ???

La invitación fue llevar estas preguntas a mi oración. Y así lo hice.

Gracias a San Ignacio de Loyola, aprendí a platicar con Jesús en mi oración por medio de la imaginación.. Esta fue una conversación que tuve con Jesús no solo en una sola ocasión, sino en muchas. Las primeras veces, yo era muy enérgica y desafiante, y hasta le reclamaba. Jesús, atento y respetuoso.

En las siguientes conversaciones, yo no “me sentaba” al frente de Jesús, sino “al lado”, y ahí, en esa postura nueva, pude percibir algo diferente. Jesús tuvo y tiene las mismas preguntas que tengo yo.. Jesús no está en mi contra, estaba y está conmigo.

Esa experiencia fue tan profunda, que cambió mi manera de ver e interpretar mis propias experiencias de vida.

Lo que las preguntas de la persona sabia me llevaron a darme cuenta, es que anhelaba una cercanía, diferente. Resulta que ya Dios no me mandaba. Yo ya no veía a Dios tan lejano, y ajeno para que nuestra relación sólo se basara en mandatos. La naturaleza de la relación cambió poco a poco. Y sigue cambiando, es cada vez más íntima.

¿Cómo es tu relación con Dios? ¿Cómo te comunicas con Dios?

La verdad, no entiendo, no tiene sentido. Pero lo recibo. La salud no es un premio, ni la enfermedad un castigo. Esto lo pude entender de esta manera solo hasta que cambió mi forma de percibir a Dios, de alguien quien me manda, a alguien que me entiende, pues también ha pasado por situaciones muy duras.

Ambas son experiencias humanas.

Moises dijo en un momento determinado, que los enfermos debían alejarse. Jesús, en cambio, ofrece la  sanación. Al día de hoy, ni tú ni yo tenemos que alejarnos por “estar enfermos”. Podemos acercarnos, pues buscamos la salud del corazón.

No siempre entiendo a Jesús. Y en este caso, lo sigo sin entender. Pero mi corazón ya no está inquieto.

¿Cómo está tu corazón?

Jesús, el carpintero, no solo estuvo y está conmigo. También estuvo y está contigo. Su amor no depende si “le obedeces” o no. Y, no, yo tampoco lo entiendo.

P.D. Puedes encontrar lo que dijo Moisés, y lo que dice Jesús, en las lecturas del BI Domingo del tiempo ordinario, ciclo B