Dios ve tu bondad

Gracias por estar aquí. Crecemos junt@s.

Antes de que empezara la pandemia tuve la oportunidad de coordinar grupos de clases para confirmación en una parroquia de Los Angeles.

El programa recibía muchachos a quienes sus papás prácticamente los forzaban a asistir. Eran excepciones cuando había algunos jovencitos interesados desde el principio de la formación..

Más de la mitad de las familias de los adolescentes eran fragmentadas, es decir, hijos de padres solteros, o de familias combinadas. Otro porcentaje de familias tenía algún problema de adicción en alguno de sus miembros. Y otros tantos, tenían familiares en la cárcel, o viviendo en la calle perdidos por alguna adicción. En otras palabras, a los muchachos se les consideraba en riesgo.

Estos adolescentes habían experimentado mucha dificultad en su joven vida. Y muchos de ellos se encontraban en escuelas alternativas, por haber agotado oportunidades en las escuelas “regulares”.

En una ocasión, tocó el tema del pecado y la salvación (hace algunos años de esta experiencia, por lo que el tema “oficial” tal vez haya variado). Decidí separar el tiempo de la clase a la mitad, y enfocarme en cada área ofreciendo actividades y recursos accesibles a su realidad.

Los  dividí en grupos pequeños y les repartí preguntas para que ellos respondieran según lo que ellos entendían. De ahí daría paso a las actividades y definiciones del libro.

Una de las preguntas, que más alboroto tuvo entre ellos fue, ”¿es pecado tener tentación?”

Nunca hubiera anticipado lo agitado del diálogo, ni el nivel de participación. Hasta las jovencitas que casi nunca hablaban tenían algo enérgico qué decir..

Como comunidad de fe, estamos comenzando un tiempo de arrepentimiento y conversión. Por mucho tiempo, personalmente relacionaba esta época con el asumir que todo lo que hacía o no hacía pensaba o no pensaba, era malo. En este sentido, mi percepción de tentación no era nada diferente a la de los jóvenes del grupo de confirmación a quienes ahora yo coordinaba.

Pero si caer en tentación es “estar en el piso”, la alternativa es levantarse.

Y levantarse, es precisamente la manera en que podemos percibir el dejar de estar en el piso, y no “hacer leña del árbol caído”.

He encontrado gran sabiduría en los dichos populares mexicanos. Esta conversación me recuerda  el siguiente:

En el pecado llevas la penitencia.

Una de las ideas detrás de este dicho, viene del rumor de cuando alguien se confesaba con un sacerdote de edad avanzada, y daba una penitencia larga e intensa, es decir, pesada.  Otra manera de verlo, es que la culpa que encierra el pecado, es pesaada.

La oración del Padre Nuestro nos lo recuerda, “no nos dejes caer en tentación”.

Aquel grupo de adolescentes, rodeados por situaciones muy duras, encontraron gran alivio en descubrir que la tentación en sí misma no es pecado. No se cuántas veces ellos habrán entendido “que son malos”, como para que se sintieran apoyados y afirmados por escuchar esta novedad. Tal vez no hayan “cometido” el pecado, pero sí cargaban la culpa.

Si tú has sido una persona a quien la culpa le consume de manera compulsiva, por lo que hiciste o no hiciste, pensaste o no pensaste, te invito  que recordemos juntos lo siguiente.

En el libro del Génesis, antes del pecado original, está la bondad original, pues luego De Dios terminar la creación de cada día, veía que era bueno. 

Tú eres una persona buena. Déjate amar.

Hace tiempo me dijeron que el arrepentirse, de alguna manera también significa el cambiar la manera de pensar.

¿Cómo podemos tú y yo, arrepentirnos, cambiar  nuestra manera de pensar para crecer en amor?

Al no cambiar, hay un gran riesgo de internalizar “el estar mal” en culpa o vergüenza.

La expresión no saludable de la culpa nos lleva a la condena, propia o ajena. La expresión no saludable de la vergüenza nos lleva a escondernos, a ocultar.

La expresión saludable de la culpa nos lleva a querer reparar el daño. La expresión saludable de la vergüenza nos lleva a expresarnos con apertura y vulnerabilidad en el contexto adecuado.

Observa tus tendencias con honestidad y sin juzgar. Solo tú conoces lo que hay en tu corazón, los posibles remordimientos, y su profundidad.

Te invito a que en tu oración personal recuerdes, que Dios ve tu bondad antes que nada.

¿Hay algo que necesites cambiar en tu manera de pensar para que tú también veas tu bondad?

Hay herramientas que Jesús carpintero te ofrece para ello. Algunos ejemplos son: reflexión, apartarse o retirarse, examinar tu vida y/o acciones, oración contemplativa, dirección/ acompañamiento espiritual. Y hay más opciones.

La invitación es que elijas la herramienta adecuada para ti, para que redescubras tu bondad original. Y eso, te apoyará en cambiar la manera de pensar de ti mism@, y por consecuencia, la manera de pensar acerca de los demás.

Dios ve tu bondad, ¿y tu?

Trabajemos en conjunto en ver nuestra imagen como Dios la ve.

Marisol

P.D. Para recordar qué fue lo que Hizo Jesús para no caer en tentación, puedes referirte al evangelio del I domingo de cuaresma, ciclo B.