Estudié la preparatoria en el Instituto La Salle de la ciudad de Chihuahua, en México. Las escuelas Lasallistas son escuelas católicas, que entre otras cosas, infunden valores humanos y cristianos.
Una de las actividades características de esta escuela, es que organizaban misiones durante la Semana Santa a pueblos indígenas en las áreas rurales de la Sierra Tarahumara. Esas 3 semanas que pasé en los diferentes años de mi formación en esta escuela, son de los más atesorados en esta etapa de mi vida.
Otra de las actividades propias de el Instituto La Salle, era que nos ofrecían retiros espirituales por grado. Nos enviaban a toda la generación del ’94 a una casa de retiro por un día.
En uno de esos retiros, la primer reflexión la estaba dando el Profesor Méndez, quien en ese entonces era mi profesor de cálculo. Estábamos todo el grupo en un salón,, creo que sentados en el piso (recuerdo lo frío). El trataba de capturar nuestra atención, pero era algo de paciencia. Y él la tenía.
Cuando mas o menos se pudo escuchar su voz a pesar de los murmullos, él señaló una silla que estaba al lado de él, y nos dijo:
—Imagínense que aquí está Jesús.
—(Murmullos y risas)
—(El observaba serenamente al grupo)
—(Murmullos continúan)
—(Pausa larga)
—(Murmullos continúan)
—Imagínense que llegan a su casa, entran a su cuarto, y que Jesús está ahí esperándolos.
—(Silencio, expresiones de sorpresa, y caras confundidas)
Por sencillo que haya sido en su momento, el Profe Méndez (como le decíamos), logró algo en nosotros, que sigue siendo muy significativo para mi.
Lo que el Profe Méndez logró fue “traer” a Jesús a nuestra realidad.
De las veces que llegaba a poner atención en las homilías en Semana Santa antes de ir a las misiones, era mucho de lo mismo. El sacerdote decía: “imagínense todo lo que Jesús pasó por nosotros”. Es válido, y es cierto. Mas para mi mente adolescente, era lejano, y no me podía identificar con la experiencia. Me identificaba con no querer verlo sufrir, pero nunca antes me habían ofrecido el escenario de que Jesús podía estar conmigo en mi realidad.
Hay un gran tesoro en meditar en la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Y tú, ¿has tenido la experiencia de invitar a Jesús a tu realidad?
Jesús comparte contigo su experiencia de dolor, muerte y resurrección. ¿Cómo es para ti la idea de compartir lo que para ti es doloroso, lo que se siente como muerte? ¿Crees que para ti hay resurrección?
No me refiero solamente a una experiencia literal en la que tu bienestar físico está en riesgo. También me refiero al resto de tus experiencias de vida.
Jesús carpintero comparte experiencias contigo. ¿Te sientes llamad@ a compartir tus experiencias con El?
Al invitarlo a nuestra realidad, al observar en oración sus experiencias, podemos aprender tanto. Podemos aprender de su amor, de sus acciones, de sus palabras, de su manera de relacionarse, de su silencio, de cómo hizo lo que hizo..
Jesús aprendió el arte de trabajar con la madera en el taller de Nazaret. ¿Qué podemos aprender de Jesús en el taller de nuestro interior?
También en mi adolescencia, recuerdo que estaban de moda unas pulseras con las iniciales “WWJD?”, representando en inglés la frase “What Would Jesus Do?” Esto en español es, “¿qué haría Jesús? Tal vez una pregunta de seguimiento pueda ser, ¿qué puedo aprender de Jesús en el taller de mi interior?
Es muy probable que lo que Jesús aprendió como carpintero haya sido ensayo y error. También me imagino que San José ha de haber tenido la suficiente paciencia con Jesús hasta que Jesús aprendió a hacer las cosas por sí mismo.
Aprender no siempre es instantáneo. Nos puede llevar tiempo. Aprender morir a lo que nos toca morir, y distinguir la resurrección cuando se va presentando nos pide intención y atención, pues es un arte.
María Magdalena y los discípulos encontraron evidencia de que Jesús ya no estaba en el sepulcro. Aún así, fue necesario algo más para que pudieran reconocer la resurrección de Jesús.
¿Distingues las muestras de resurrección en tu vida?
A una semana luego de salir del hospital después de que me operaron, salí a caminar con una de mis hijas. Hubo una situación tan simple que me hizo reír tanto, por tanto tiempo. Luego mi hija me dijo que no recordaba cuándo me había reído yo tanto. Ouch, me dolió. Pero el otro lado del comentario me dio mucha luz. Resulta que todo parece indicar que tenía depresión crónica por el tumor cerebral que me quitaron.
Empecé a poner atención, y descubrí una sensación diferente en mi manera de ver cosas sencillas. Empecé a disfrutar pequeños detalles mucho más que antes. Y poco a poco, conforme semanas, meses y años siguen pasando, puedo distinguir una manera diferente de experimentar mi vida. Esa parte de mi ser, está experimentando resurrección paulatina.
¿Cuáles son algunas expresiones de resurrección gradual en tu vida? Si acaso no las puedes percibir, le puedes preguntar a Jesús carpintero. El te enseñará..
La muerte no es “el final”. Tal vez sea “un final”, para dar espacio a la resurrección.
En tu oración personal, ya sea que te encuentres con Jesús en tu cuarto (o en la cocina de tu casa tomando un café o vino), Jesús te puede enseñar el camino hacia la resurrección. En tu realidad.
A Jesús pasar de la muerte a la resurrección le tomó un par de noches en nuestra referencia de tiempo. A mi me sigue tomando tiempo descubrir las diferentes expresiones de resurrección en mi vida. Cuando tú vayas descubriendo tu resurrección, alégrate, celébralo, disfrútalo, compártelo.
Marisol
P.D. Podemos escuchar el relato de cuando las mujeres y los discípulos buscan a Jesús en las lecturas del domingo de resurrección, año / ciclo B.

