Hola compañer@ del camino.
En una ocasión, estaba platicando con una amiga acerca de una situación de trabajo. Resulta que varias personas formábamos parte de un equipo, y desempeñábamos un buen trabajo juntos por varios años. Pero al pasar el tiempo, algunas circunstancias externas empezaron a cambiar, de manera que lo que antes hacíamos y tenía buenos resultados, ahora ya no estaba pasando.
Cuando los resultados de nuestro trabajo estorbaban en lugar de ayudar, buscamos observar la situación desde varios ángulos, para distinguir cuál era nuestra parte y qué área estaba fuera de nuestro alcance. Cuando nos dimos cuenta de cuál era nuestra parte, diseñamos la nueva estructura para lograr que el proyecto caminara con la mayor naturalidad posible nuevamente.
Reorganizamos nuestras responsabilidades, y nuevas personas se integraron al equipo con la nueva misión.
Sin embargo, las cosas no estaban saliendo como habíamos anticipado. Había una persona en particular, que había dado unas ideas excelentes de cómo adaptarnos a la nueva situación, y fue precisamente esta persona quien tenía la tendencia de hacer las cosas como se hacían en un principio.
Esa situación me dejó perpleja, y fue ahí cuando busqué algo de orientación de mi amiga, quien tenía muchísima experiencia en situaciones de ese tipo.
Una vez que le describí la situación, fue una frase que me dejó ver la posible razón de esta situación. Ella me dijo:
–Somos criaturas de hábito.
Wow, si antes estaba perpleja, pues me quedé aún más. Para esta persona no era que no le importaran los cambios a realizarse, pues eran propuestas suyas, válidas, acertadas y muy buenas. Aún así, fue únicamente hasta después de varias veces que como equipo le señalamos que su parte del trabajo reflejaba “viejas” necesidades, que hasta entonces esta persona se dió cuenta de que estaba haciendo su parte de la manera “vieja”.
Algo que me dejó pensando aún más, ¿cuándo he estado yo en una situación similar? Queriendo o pensando que estoy haciendo algo de una nueva manera, para luego darme cuenta de que estaba en una etapa de muy buenas intenciones solamente. El admitir que yo también había estado en una situación similar no fue nada agradable para mi.
Y a ti, ¿te ha sucedido algo parecido?
El darnos cuenta de que hay necesidad de hacer un cambio, es ya en sí mismo un gran paso. Y, al mismo tiempo, hay que seguir caminando. Pues el camino es el camino, el camino no es el destino. Hay que seguir adelante.
Una vez que mi compañera de trabajo pudo conscientemente ver y admitir que sus actividades no reflejaban los cambios acordados, le tomó algo de tiempo en habituarse a la nueva manera de trabajar. Y una vez que lo logró, ese equipo de trabajo volvió a funcionar como reloj suizo, con elegancia y precisión.
No era que todos los demás tuvimos un cambio de desempeño instantáneo, pero fue a esta compañera que le tomó más tiempo, en parte por sus puntos ciegos, y sus hábitos de trabajo super arraigados.
Moises en el desierto, realizó una alianza con Dios, en la que el pueblo de Israel se comprometió a cumplir lo que Dios había dicho. Y Jesús nos presenta una nueva alianza. Así como si hubiera que actualizar el acuerdo. Me recuerda mucho a la situación de trabajo en equipo, y a muchas otras situaciones personales, en las que es necesario renovar, actualizar, cambiar, hacer y/o ver la vida de manera diferente.
¿Cómo te va a ti con los cambios en tu vida? ¿Te es ffácil distinguir cuando hay algo que cambiar? O te es difícil.
El renovar acuerdos en tu vida, ya sea por necesidad de cambio, o por que hay cosas que se han olvidado y hay que recordar, viene siendo de gran apoyo para continuar en el camino adecuado, y dejar las cosas viejas, que ya no son de servicio.
Si el Espíritu te inspira, te invito a que observes un aspecto de tu vida que tal vez “ya no esté funcionando”. ¿Hay necesidad de cambiar algo? ¿Necesitas renovar algo? ¿Estas dispuesto@ a renovar ese aspecto de tu vida?
Como mi amiga experta me dijo, somos criaturas de hábito. Y si acaso nos cuesta cambiar, la invitación puede que sea el adoptar el hábito de renovarnos.
Recuerdo claramente el principio de las conversaciones entre mi mamá y mis tías al nosotros llegar de visita de Torreón a Zacatecas, ciudades a 5 horas de distancia manejando. La primera pregunta luego de los saludos, abrazos y besos era: “¿Qué hay de nuevo?
Y es la pregunta que quizás nos hace hoy Jesús carpintero a ti y a mi, ¿Qué hay de nuevo?
Jesús mismo, realizó una nueva alianza, un nuevo acuerdo. Algo necesitaba cambiar. ¿Hay algo que Dios te invite a cambiar en tu vida? Si ese es el caso, ¿cuál es tu parte de ese nuevo acuerdo? Si estás dispuest@ a ver lo que no ves, para poder hacer lo que no has hecho, tú le puedes decir a Jesús carpintero que te lo haga saber, y así, construir juntos algo nuevo.
La siguiente vez que te encuentres con Jesús carpintero, tal vez te pregunte, ¿qué hay de nuevo?
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de nuevos acuerdos, nuevas alianzas en las lecturas del domingo de Corpus Cristi, año / ciclo B.

