Ver más de lo que puedo percibir

En una de las clases de preparación para mi confirmación, escuché una variante del siguiente relato:

Estaba San Agustín tratando de entender los grandes misterios de Dios, y era tanto lo que estaba procesando en su mente, que salió un rato a despejarse y tomar un poco de aire.

Caminando por la playa se encontró a un niño jugando en la arena, donde hacía un hoyo. Con una tina, llevaba agua de la playa al hoyo una y otra vez.

El niño no paraba de llevar agua, hasta que San Agustín le pregunto:

– ¿Qué haces?

– Estoy tratando de poner toda el agua del mar en este hoyo.

– Niño, el hoyo está demasiado pequeño, y el agua es demasiada, ¿no puedes ver que no cabe?

– Eso es lo que tú tratas de hacer al buscar entender a Dios. Dios es demasiado grande y vasto, para que lo puedas poner todo en tu mente .

Wow, esta historia me dió mucho para pensar. Hubo algunas clases, ya fuera en la escuela o en cursos, en las que mi curiosidad era inmensa y profunda. Tenía una mente inquieta y hacía preguntas inusuales frecuentemente. Lo que nome di cuenta en su momento, es que a quienes les preguntaba, no siempre le daban la bienvenida a mis preguntas. Algunas personas se molestaban, pues al ellos no saber, tomaban ofensa al ellos “verse en evidencia” por no saber la respuesta. Otras veces era el grupo el que no me veía con buenos ojos cuando hacía una pregunta, pues el maestro daba una larga respuesta, y los demás no lo recibían con gusto.

Tal vez tú hayas tenido alguna experiencia similar, donde sientes que “no hay” lo que buscas o necesitas. ¿Cómo fue esa experiencia para ti? ¿Te conformas con la circunstancia? ¿Buscas otras opciones?

Como me sucedió una y otra vez en varios lugares diferentes, asumí el mensaje de que era mejor no preguntar, pues mi inquietud y curiosidad no eran del todo bienvenidas. . O no me daban respuesta, o se molestaban por mis preguntas.

Más delante, me encontré en mejores lugares, donde mi curiosidad y preguntas fueron no solo bienvenidas, sino celebradas y requeridas. Si alguien a quien lee preguntaba no sabía la respuesta, me dirigían a otras personas o lugares donde había más oportunidad de que encontrara respuestas.

El día de hoy, ¿cuál es la experiencia de tu interior? Lo que buscas y anhelas ¿está al alcance y disponible para ti?

En mi caso, pasé de una experiencia de sentir que no había respuestas a mis preguntas, a una experiencia completamente diferente, donde mi curiosidad encontraba lo necesario, y más.

Después descubrí que sí hubo personas que eran atentas y que apoyaban en los lugares donde yo pensaba que mi curiosidad no era bienvenida. Y de manera similar, también había personas que no apoyaban y se reservaban en los lugares donde sí le dieron la bienvenida a mi curiosidad.

¿Qué había pasado?

Mi atención estaba puesta en distintas áreas. Primero me enfoqué en lo que “faltaba”, y no percibía lo que sí había. Después sí pude percibir lo que “sí había”, pues ya no ponía mi atención en “lo que faltaba”.

Es posible que la experiencia de nuestro interior nos diga en qué nos estamos enfocando. ¿Sientes que algo te falta? ¿Sientes que tienes lo necesario y más?

Lo que anhelaba estuvo siempre ahí, y no lo veía, por que en ese momento no lo podía percibir. Después sí pude, pues mi percepción se expandió.

¿Y si el relato que me contaron de San Agustín hubiera sido diferente?

Imagina que el niño quería poner agua en el hoyo en la arena, pero que en lugar de tener su atención puesta en el mar, la hubiera tenido puesta “de espaldas” al mar. Supongo que no hubiera percibido la vasta cantidad de agua. Tal vez hubiera dicho “no hay” agua para poner aquí. Aún así, el agua estaba ahí, solo hubiera necesitado expandir su percepción, voltear a otras direcciones, poner su atención en “lo que sí hay”.

¿Y San Agustín? Hemos recibido una herencia grande y valiosa de sus escritos. Aunque haya sido mucho lo que hemos recibido, aún hay más por conocer De Dios. Hay más De Dios, y siempre habrá más. Y aún mejor, hay más De Dios más allá de los escritos, pues podemos tener una relación personal.

Si hay algo en tu interior que no encuentres, que no percibas, tal vez no sea que “no haya”, sino tal vez sea asunto de enfocarse en expandir la percepción y, así descubrir lo que ya está ahí.

Jesús tiene tanta vida, que resucitó  a varias personas, incluyendo una niña que se mencionaba que ya estaba muerta. Jesús da de lo que tiene.  ¿Podemos percibir esa vida?

Posiblemente, un primer paso sea el poder descubrir que Dios nos da vida, y vida en abundancia. Si se nos dificulta percibir esa abundancia, tú y yo le podemos  preguntar a Jesús carpintero, ¿qué podemos hacer para percibirla?

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de la abundancia de vida que Jesús da, en las lecturas del XIII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.