Recuerdo que en el trabajo de mi papá había años que organizaban posadas navideñas familiares. Las oficinas tenían muchos empleados, y estos momentos eran los mejores para que las familias se conocieran y convivieran.
Hubo un año en particular que recuerdo mucho. Hhabía momentos de juegos, comida y actividades familiares, pero lo que era realmente llamativo e importante para mi, eran los juguetes que estaban por rifarse. A cada familia nos dieron boletos según la cantidad de niñ@s, lo cual garantizaba que cada niñ@ tuviera su juguete. Se prepararon bien y recuerdo que tenían juguetes de más.
El momento para la rifa iba a ser al final del evento. Para entonces, cada niñ@ llevaría el boleto que le habían dado cuando llegaron, al lugar donde estaban todos los juguetes. Ahí, recibían el boleto, para que cada niño entonces pudiera meter la mano en una pecera de cristal, llena de los boletos premiados.
El espacio donde estaban los juguetes lo vi grandísimo, y casi hasta brillaba. Había pelotas, muñecas, patinetas, bicicletas, juegos de mesa, personajes elásticos y montón de otros juguetes. Era el sueño de cualquier niñ@. ¿Y lo que capturó mi atención? Un juego de te. Estaba en una caja grandísima, con cubierta transparente, donde se veía todo el contenido. La tetera, su tapa, tazas y platos, y muchos otros pequeños accesorios más.
En las ocasiones en las que acompañaba a mi mamá a las tiendas, yo siempre buscaba el área de juguetes, y eran los juegos de te, los que más me llamaban la atención a esa edad, aún más que las muñecas. En cuanto a los juegos de te, había cajas de varios tamaños, y mientras más grande la caja, más accesorios inusuales y especiales había en ese juego. Como esos juegos de te eran de mi interés, estaba yo muy familiarizada con lo que incluía cada tamaño de caja. Por eso, cuando vi el tamaño de la caja de ese juego de te en la posada, supe que era algo que ni siquiera había visto en una tienda, por lo que me cautivó y me robó mi pequeño corazón. Realmente lo quería.
Medio disfrutando el rato que estábamos ahí, la gran mayoría de mi atención se encontraba en ese juego de te. Pensé: “¿Y si me lo gano?”
Mi emoción crecía solo de pensarlo. Imaginaba los momentos jugando con mis vecinas, mi mamá y mis muñecas, haciendo “te”, que venia siendo agua con azúcar. Mi entusiasmo crecía tanto, invadiendo mi cuerpo hasta hacerme brincar.
Y tú, ¿recuerdas cuándo fue la última vez que querías algo, que hasta brincabas de emoción?
Conforme iba pasando el tiempo, y mientras estábamos envueltos en los juegos, y veía la gran cantidad de niñas que podrían también ganar ese juego de te, mi emoción disminuía. Pensé, “¿Y si no me lo gano?”
No recuerdo mi diálogo interno, pero lo que recuerdo es la sensación de certeza de que no lo iba a tener. Y sí lo quería, conn todito mi corazoncito.
Lo que quería, y lo que creía, estaban en direcciones opuestas.
¿Te ha pasado algo parecido, que lo que quieres y lo que crees están en direcciones opuestas? ¿Cuál fue esa circunstancia en tu vida?
En ese entonces, lo que más abundó dentro de mi fue la certeza de que no lo iba a tener. “Sabía” que alguien más se lo iba a ganar antes que yo tal vez me lo ganara. Fue tanta mi decepción, que cuando estaba formada en la fila para sacar mi boleto, ya iba llorando.
Interiormente, ya había decidido el resultado. Ya me había resignado a recibir “lo que me tocara”, y cualquier cosa iba a ser como un premio de consolación.
Y tú, ¿has “decidido” el resultado de alguna situación que aún no ha pasado?
Para mi gran sorpresa, ¡sí me lo gané!
Debido a que lo que quería y lo que creía estaban en direcciones tan opuestas, estando en el carro de regreso de la posada, me costaba disfrutar lo que tenía en mis manos. Como ya había decidido jugar con otra cosa, me tomó hasta llegar a casa y abrir la caja, el darme cuenta realmente que sí me lo había ganado.
La creencia tan fuerte que tuve, no me permitió ver, disfrutar y vivir lo que literalmente tenía en mis manos.
Hubo gente que teniendo a Jesús enfrente, no tenía apertura a lo que Jesús podía (y parece que hasta quería) hacer. Cuestionaron su ser, su capacidad de sanar. No creyeron en él.
Identifica algo que realmente quieras, anheles hoy en tu vida. ¿Crees que es posible lograrlo, o tenerlo? Lo que quieres y lo que crees, ¿van en la misma dirección?
Las personas que cuestionaron a Jesús, no creyendo en él, no pudieron disfrutar de la expresión de su amor, aunque estuviera entre ellos. Sus expectativas, iban en sentido opuesto del amor.
Lo que quieres, ¿es lo que crees que puede pasar?
Con ese juego de te, tuve muchos momentos felices con mis vecinas, mis muñecas y con mi mamá.
Si el Espíritu te inspira, explora con Jesús carpintero lo que quieres, y lo que crees acerca de lo que quieres.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de lo que Jesús experimentó cuando no creyeron en él en las lecturas del XIV domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.

