Tener la libertad de compartir

Uno de los momentos más bellos para mi de cuando me convertí en madre, fue cuando mi hija Jessica empezó a hablar. Físicamente, ella es petit, es decir, es ligeramente más pequeña que las niñas de su edad.

Durante el embarazo había leído varios artículos, y recordaba algunos que se referían a cómo empezarle a hablarle a los bebés. La recomendación era hablarles con oraciones completas, haciendo contacto visual, y sobre todo, con amor. Los artículos mencionaban la importancia de hacerlo así, pues decía que los  padres modelamos lo que para ellos será la comunicación. 

Como Jessica era pequeñita, se veía aún más chiquita de su edad. Yo decidí seguir las recomendaciones de los artículos que leí, y le hablaba a mi hija casi todo el rato que estaba despierta. Cuando empezó a dar sus primeras palabras, se me derretía el corazón. No se le entendía lo que quería decir, pero ella imitaba la articulación de mi voz. De pilón, como se veía aún más pequeña de su edad, la ternura era aún mayor.

Cuando tuvo la edad adecuada, “todo” era suyo. Empezó refiriéndose solo a sus juguetes:

-Mío, mío, mío, mío.

Y luego a los muebles de nuestro departamento,, hasta llegar a todo lo que veía en la calle. Todo era de “su” propiedad.

A ti, ¿te ha pasado que quieres definir lo que es tuyo? ¿Te has visto en la necesidad de señalar lo que es  tu propiedad?

Estas declaraciones de propiedad se me hacían tiernas, hasta que se trataba de jugar con su primo, quien es un año mayor que ella. Ahí fue cuando empezaron las dificultades, pues Jessica quería disponer de los juguetes de su primo. 

Por mucho que le hablé con oraciones completas, mirándola a los ojos y tratando de explicar que no todos esos juguetes eran suyos, no hubo realmente éxito en que me entendiera.  Lo que ayudaba bastante, es que suprimo siempre fue muy generoso, y le prestaba todo. Cuando nos regresábamos a casa, buscaba yo distraerla con algo más para que no buscara traerse “sus”juguetes. 

Sus declaraciones de propiedad seguían, todo “seguía siendo suyo”. Después me di cuenta que todos l@s l@s niñ@s pasan por esa etapa dentro de su desarrollo.

Yo no sabía cómo manejar los momentos con su primo, pues su insistencia de que todo era de ella seguía. Y sabía que no se trataba de corregirla, sino de orientarla. Era cuestión de encontrar la manera adecuada para poder sobrellevarlo. 

Hasta que un día, algo se me ocurrió.

Estaba yo preparándome para peinarla, y Jessica tenía el peine en la mano. Le dije que si me prestaba el peine. ¿Su respuesta?

-¡Mío!

A lo que le respondí

-Sí, y, mío también.

Y Jessica me dio el peine.

¡Ahhh!

De ahí en adelante, cada vez que decía :

-¡Mío!

Le respondía que también era de alguien más. 

Si era un libro, y decía:

-Mío!

Yo le respondía:

-Sí, y mío también.

Si era un plato o vaso de la cocina, y decía:

-¡Mío!

Yo le respondía:

-Sí, y mío también.

Si era un carro en la calle, y decía:

-¡Mío!

Yo le respondía:

-Sí, y de quien lo maneja  también.

Si era un juguete de su primo, y decía:

-¡Mío!

Yo le respondía:

-Sí, y de tu primo también.

En tu experiencia, ¿qué tan propio consideras lo que es tuyo? ¿Lo compartirías?

Hubo un momento en el que Jesús observó a una viuda dar en ofrenda todo desde lo poco que tenía, contrastando con el ejemplo de otros dando desde lo que les sobraba. Aquí parece que Jesús se refiere a la voluntad de dar, ofrecer y compartir, y no necesariamente a la cantidad de sus ofrendas. 

Mi sobrino, mayor que mi hija, tenía más madurez para comprender que él podía compartir, además de que mi cuñada le explicaba que Jessica estaba más pequeña.

En tu caso, ¿qué tan fácil o difícil te es compartir de lo que tienes?

Cuando se trataba de cosas que veía fuera de casa, Jessica poco a poco fue entendiendo que las cosas sí eran de ella, y de los demás también.

¿Puedes compartir tus recursos, tiempo, atención?

Tuve  una conversación con un amigo, quien me dijo:

-¿Sabes qué es lo que tienes cuando no tienes nada? Libertad.

Parece que la viuda que vio Jesús, era lo suficientemente libre para dar lo que tenía. O como Jesús lo dice, desde su pobreza. 

¿Será que la pobreza nos podría llevar a la libertad?

Dios no nos obliga a nada, mas nos invita a dar, a compartir, a ser generos@s, como Dios es.

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero cómo puedes  cultivar tu generosidad, para dar con libertad. Y tal vez puedas decir, “es mío, y de mi herman@ también”. 

Marisol 

P.D. Podemos escuchar acerca de dar desde la pobreza en las lecturas delXXXII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.