La pandemia fue muy difícil para todos. La incertidumbre estaba un nivel crítico en todas las áreas de nuestras vidas.
Aún en esas fechas , mi vista tuvo un deterioro muy acelerado durante un corto lapso de tiempo. Eran tantas las presiones que había en el ambiente, que fue a eso que le atribuí el cambio de visión. Imaginé que sería suficiente buscar lentes nuevos, e hice una cita con una optommetrista.
Cuando acudí a la cita, la doctora, ni siquiera terminó su examen de rutina. Ella me dijo:
-Usted necesita ir a emergencias lo antes posible.
Yo le respondí
-¿De verdad?
No tuve realmente una reacción sorpresiva, más bien asumí que estaba exagerando. Fue más frustración lo que sentí, pues me requería cambiar mis planes para el resto del día.
Yo tenía poco de haber regresado a trabajar después de que las restricciones de la pandemia estaban menos estrictas. Ese día me tocaba ir a trabajar. De hecho, pensaba irme a trabajar después de la cita. Por esa razón, cuando ella me dijo que era necesario que me fuera a emergencias, no lo tomé con buena actitud. Recuerdo que hasta le pregunté:
-¿Y si mejor voy mañana?
Un tanto sorprendida por mi respuesta, la doctora me respondió:
-Señora, esto puede ser muy delicado. Le sugiero que lo tome con seriedad y vaya cuanto antes.
-Está bien
Le respondí más por educación que por estar de acuerdo. Y creo que ella lo notó.
Al llegar a emergencias del hospital más cercano, dí mi información y una nota de la optometrista que ni siquiera intenté leer. En lo que para mi fue un instante de tres minutos, ya me estaban llamando para revisarme.
De ahí empezó un lapso de tiempo en el que no tuve pausa para procesar lo que se estaba desencadenando de la manera que hubiera querido.
Me admitieron en el hospital, y después de montón de estudios, una doctora me informó de los resultados. Un tumor del tamaño de una pelota de golf en la base de mi cerebro. Esa masa era la responsable por los cambios en mi vista, pues presionaba progresivamente mis nervios ópticos.
No sabía qué iba a pasar.
No sabía cómo tomarlo.
No sabía cómo reaccionar.
A ti, ¿cómo te va cuando encuentras la incertidumbre?
Lo que me sostenía, era el amor a mis hijas.
Dos días después, en cuanto el hospital pudo arreglar lo necesario, me metieron al quirófano, y tras una cirugía de ocho horas, extrajeron el tumor benigno de lo que sentí era el centro de mi cabeza.
A las dos dela madrugada del siguiente día, salí de la anestesia, con todo lo que implica.
Algunas horas más tarde, el neurocirujano y otros especialistas llegaron a monitorear mi estado de salud. El neurocirujano me preguntó:
-¿Cómo está tu vista?
Alo que le respondí:
-No hay mucho cambio.
-Ok, seguiremos observando cómo reaccionan tus nervios ópticos.
Un par de días después, en la siguiente visita del doctor, yo estaba en ligeras mejores condiciones para sostener una conversación más detallada. Después de tocar varios puntos acerca de la cirugía, procedimientos y otros síntomas en ese momento, le pregunté:
-¿Podré recuperar la vista de la manera que la tenía antes de todos estos cambios?
El doctor, con una gran calidez y caridad, me respondió:
-No se sabe.
Nuevamente, ¿cómo enfrentas la incertidumbre? ¿La rechazas, la toleras, puedes abrazarla?
Hace años y felices días, cuando mi hermano y yo éramos muy pequeños y no había nada de teléfonos celulares, esperábamos con gusto a que mi papá llegara a casa. No sabíamos cuándo llegaría. En veces estábamos cada quien jugando tan concentrados, que no nos dábamos cuenta cuando llegaba. En cuanto mi mamá escuchaba su carro, nos decía:
-¡Escóndanse!
Mi hermano y yo salíamos corriendo a escondernos, en espera a que nos encontrara luego de entrar a casa.
Ahí también había incertidumbre, pero con gran alegría. No sabíamos en qué momento nos iba a encontrar. Por el amor a papá, sobrellevábamos la incertidumbre.
¿Has tenido este tipo de incertidumbre?
Jesús, refiriéndose a cuándo habrá de regresar el Hijo del hombre, menciona que nadie lo sabe. No se sabe el día ni la hora.
¿Puedes distinguir cómo es la incertidumbre que puedas estar viviendo? ¿El amor hacia quién en tu vida te podría sostener?
Para mi, lo que me sostuvo en mi estancia en el hospital y en lo relacionado a mi estado de salud, fue el amor hacia mis hijas. Ese amor me sigue dando el valor para sobrellevar la incertidumbre.
Aunque no sabía cuándo mi papá me encontraría, sabía que ese momento sería alegre, tanto para él como para mi.
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero cómo te va con la incertidumbre en tu vida. Y tal vez, identifiquen juntos el amor que te pueda sostener.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de que hay cosas que no se saben en las lecturas del XXXIII domingo del tiempo ordinario , año / ciclo B.

