Estudié la preparatoria en el Instituto LaSalle de Chihuahua. En México, la preparatoria es de tres años, y en el último año cada quien decidía a qué área de enfóque se iba a dedicar. Las áreas que se ofrecían eran relacionadas con estudios de humanidades, administrativos, físico-matemático y para quienes querían estudiar medicina.
En mi caso, no tenía ni idea qué era lo que quería estudiar. No me preocupé tanto por decidir durante mi primer año, pero ya el segundo, sí tenía que decidir a qué área iba a ir durante el tercero.
Vagamente recuerdo que había una clase en la que se abordaban áreas de orientación vocacional. La verdad, el nombre de la clase no me decía nada (era parte de aprender de qué se trataba).
Dentro de la locura que es la adolescencia, me llamaba la atención que algunas amigas y otr@s companner@s tenían muy claro qué era lo que querían estudiar. Algun@s otros no teníamos ni idea, y otr@s, tenían cierta idea, pero aún nada decidido. Todo esto, fue durante el segundo año.
Ha de haber sido durante algún momento de este segundo año que tuvimos un cuestionario de apoyo para facilitarnos o informarnos mejor para que cada quien tomara su decisión a qué area de estudio ir. La maestra era de estatura bajita, con ojos grandes y verdes. Recuerdo haberme reunido con ella de manera individual para que me diera los resultados de mi cuestionario.
Recuerdo haber estado un tanto nerviosa. Los resultados no reflejarían una calificación de aprobación o fallo, sino una recomendación de área de enfoque. De la manera como podía yo procesar la experiencia, era que los resultados me dirían qué elegir, y de ahí ver a qué universidad podría yo entrar. A final de cuentas, percibía la información como algo de vida o muerte. Si, un tanto fuera de proporción.
La maestra fue cálida, me dio una descripción general de lo que reflejaban mis respuestas al cuestionario. Su tono de voz, combinado con la simplicidad de los detalles que me daba, relajaron mis nervios. Al terminar de darme los datos generales, me dijo:
-La recomendación para ti, basada en tus respuestas, es que las artes escénicas son un lugar donde te puedes desarrollar.
Entendí sus palabras, pero el mensaje me pasó de noche.
-¿Cómo?
Le respondí.
-Sí, las artes escénicas.
La verdad, no creo haber escuchado mucho ese término anteriormente, y si lo había escuchado, claramente no había sido de importancia para mi.
Antes de entrar a esa sesión con la maestra,, las carreras que tenía en mente eran tipo sicología, ingeniería, antropología, ah, y música. Por lo que cuando me dijo “artes escénicas”, no entró a primera instancia el concepto a mi cabeza.
La ingeniería industrial me gustaba. No me desagradaban las matemáticas, pero en verdad no me interesaba lo suficiente. La sicología siempre me ha intrigado, me llamaba mucho la atención desde entonces. Y la música, francamente tenía mala fama. Lo que se escuchaba más frecuentemente, era que un músico se muere de hambre.
Con estas ideas previas a la reunión con la maestra, escuchar que las artes escénicas era lo que más reflejaban mis respuestas, fue un tanto confuso.
Aunque estuve estudiando música desde pequeña, para mi el sentarme al piano y estudiar era una actividad personal. En la academia donde estudiaba, había recitales de final de cursos, pero personalmente nunca había relacionado la música con el hecho de que es un arte escénica.
La maestra que me daba los resultados del cuestionario, sabía de mis estudios de piano, y lo que ella vió en mis respuestas, tenía una relación directa.
Pero yo no lo podía ver.
Lo que la maestra podía ver, no era evidente para mi.
A ti, ¿te ha pasado que alguien percibe algo en ti que en el mismo momento no has podido ver? ¿Recibes sus palabras? ¿Las cuestionas? ¿Estás de acuerdo? ¿Las rechazas?
Hubo un ángel en Nazaret, que le reveló a maría que sería madre de Dios. María le preguntó que cómo podría ser posible.
A ti, ¿te ha pasado que cuestionas lo que alguien con más visión te dicen que puede ser posible en ti?
Yo recuerdo haber cuestionado a la maestra en varias cosas, incluyendo la validez del cuestionario en sí mismo, hasta la posibilidad de que mi resultado fuera equivocado. Con gran paciencia, ella respondió a todas mis preguntas, y me dijo:
-Las artes escénicas es algo a lo que tú pudieras dedicarte, podrías crecer como persona y desarrollarte, ganarte la vida de acuerdo a lo que demuestras son tus preferencias y habilidades.
Sí, era cierto que la música me gustaba y ya tenía mucho tiempo estudiando piano, pero yo no me veía dedicándome a la música.
No estoy segura que María, antes de recibir el mensaje del ángel se hubiera imaginado que podría ser la madre de Dios.
Y tú, ¿te imaginas que pudiera ser verdad cuando alguien te dice lo que tú podrías ser para ti y para los demás? ¿Crees que puede pasar?
¿Te gustaría creer que puede pasar?
Saliendo de la preparatoria, en medio de todas mis preferencias, elegí estudiar música.
Cinco años después, obtuve mi título de licenciada en artes, opción música, con el cello como instrumento principal.
Luego de graduarme, fue cuestión de meses que me encontré formando parte de la entonces jóven Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua
Si alguien me hubiera dicho que eso iba a pasar, no creo que lo hubiera creído. Aún estando ya en la orquesta, me era difícil creerlo, estaba yo muy emocionada.
Solo fue el tiempo el que me dio la perspectiva necesaria para varios años después, estar de acuerdo con lo que me dijo esa maestra en la preparatoria. En su momento, las palabras sonaban muy lejanas, y para mi, un tanto imposibles.
Yo nocesité ver para creer. Mi maestra, sólo necesitó creer para ver.
En tu caso, aún sin evidencia, ¿tienes la apertura de creer que algo diferente puede suceder en tu vida?
Si el Espíritu te inspira, pregúntale a jesús carpintero cómo podrías confiar, creer y esperar en lo que aún no ves.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de cómo María confía, cree y espera en lo que no se ve en las lecturas de la fiesta de la Inmaculada concepción dentro del tiempo de adviento, año / ciclo C.
Crédito de foto a Araceli García Velez

