De niña, debido al trabajo de mi papá vivimos en varias ciudades. Una de ellas era torreón, dentro del estado mexicano de Coahuila. La ciudad se encuentra en zona desértica, y me tomó tiempo acostumbrarme al calor, que lo sentí intensamente.
Algo que sucedía en algunas cuadras cercanas, incluyendo la nuestra, eran apagones. Los recuerdo más en el verano ya cuando había caído la noche.
Era inconveniente por varias razones. La primera, pues no veíamos (jajaja), y la segunda, por que el aire acondicionado no funcionaba. Y el calor era muchísimo. Estar afuera o abrir las ventanas no era opción, pues los mosquito estaban acechando cualquier oportunidad para hacernos su cena.
Como los apagones eran más o menos frecuentes, en casa teníamos lámparas de mano con pilas suficientes, además de velas y cerillos. De vez en cuando teníamos también luces de bengala que no habíamos usado del todo después de las posadas. Pero las luces de bengala no eran las favoritas de mi mamá dentro de casa.
Lo que recuerdo más de estos momentos,, además de el calor, era lo ingenioso de la manera en que pasábamos el tiempo esperando a que regresara la luz. No recuerdo que me diera miedo. Lo que sí recuerdo, era disfrutar el prender la vela, y quedar como hipnotizada viendo cómo la flama se movía caprichosamente.
Mi mamá siempre cerca, estando al pendiente de sus hijos. A mi hermano le gustaba jugar con la lámpara. La ponía en ángulo para que le diera luz a sus manos, reflejando las sombras en la pared. Pasaba el tiempo buscando hacer figuras de animales con las sombras de sus manos. El nos preguntaba a mi papá y a mi si podíamos adivinar qué animal representaba la sombra.
En las temporadas en las que los apagones eran frecuentes, mi hermano llegaba a poner una sábana colgada yo no se de qué manera. Ponía él entonces la lámpara detrás de la sábana a una distancia en la que la luz se proyectaba en gran parte de la superficie de la tela, y se disponía a experimentar aún más con sus manos, para formar figuras cada vez más complicadas.
Y mi hermano seguía preguntando::
-¿Qué animal es?
Mis respuestas no creo que hayan pasado de perros lobos o pájaros.
Mi hermano y yo nos entreteníamos con la poca luz que había. Ya fuera con la vela, o con la lámpara. Esas luces, aunque no iluminaban todo nuestro espacio, eran suficientes para mostrarnos lo que estaba a nuestro entorno.
En la Escritura, dice que unos magos de oriente siguieron una estrella hasta encontrar al rey de los judíos. Hay tantas estrellas en el cielo, que no se cómo fue que identificaron cuál estrella seguir. La tradición dice que era una estrella muy brillante, y no necesariamente una estrella en el cielo obscuro.
¿No se te hace interesante que no fue algo que les guiara durante el día, que es cuando hay más visibilidad?
Su guía no fue el sol.
Fue durante la obscuridad, y en medio de varias luces, que los magos tuvieron que discernir cuál era la luz que les llevaría a encontrar al rey de los judíos..
En los momentos de obscuridad en tu vida, ¿te es fácil identificar tu guía?
¿Cuál es la luz que sigues tú?
¿Puedes ver a dónde te lleva?
Según la dirección a la que estás siendo guiad@,¿Necesitas cambiar la luz que sigues? ¿Necesitas cambiar de dirección?
Es posible que no necesites seguir la luz del zol. Dios se vale de todo, hasta de una luz en medio de la noche de tu alma para guiarte. Claro que ayudaría tener un reflector con sonidos e indicaciones, mas no siempre Dios nos guía así.
Para mi hermano y para mi, una lámpara y una vela fueron suficientes en medio de la obscuridad de los frecuentes apagones.
Cuando te encuentras en noches obscuras en tu alma, ¿puedes encontrar la luz en la obscuridad que Dios tiene para ti?
La luz que siguieron los magos, en medio de la obscuridad de la noche, fue suficiente. Encontraron a Jesús, a María y a José.
Si el Espíritu te inspira, pregúntale a Jesús carpintero cuál es la luz que te ha de llevar a su amor. Y tal vez, te encuentres con más personas en el camino a adorarle.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de la guía de la luz De Dios en las lecturas de la solemnidad de la Epifanía del Señor, año / ciclo C.

