Encontrando a dios por el movimiento del Espíritu

Yo atendí a la preparatoria a una escuela Lasallista en la ciudad de Chihuahua, en México. En esta escuela se organizan misiones dirigidas a las comunidades indígenas que viven en la hermosa Sierra Tarahumara. Este es un hermoso lugar donde la naturaleza es abundante, hay lagos, montañas, bosques, cascadas y cañones. El territorio que ocupa dentro del estado es grande y vasto.

En las misiones Lasallistas que se realizan durante cada semana santa, entre otras actividades se organizan clases de catecismo en preparación para los servicios del triduo pascual 

En uno de esos años me tocó estar con el grupo de adolescentes que tenían aproximadamente mi edad. En esa década, una de las situaciones más críticas y comunes eran los embarazos de adolescentes tarahumaras desde edades de 13 años en adelante. No era muy difícil descubrir las consecuencias de esta situación en sus propias vidas y en la de sus bebés. 

La comunidad tarahumara es muy rica en tradiciones, y también son muy reservados con los “chabochi”, que somos quienes no somos tarahumaras. Luego de hacer las invitaciones en la comunidad para que asistieran al catecismo, los grupos de asistentes se organizaban por edades, y como mencioné, un año me tocó con las adolescentes de mi edad. Eran varios días de compartir antes de que se celebraran los servicios de semana santa, y que miembros de la comunidad tarahumara asistieran, era un gran logro.

Cuando llegó el momento de darle la bienvenida a las muchachas tarahumaras, era un gran reto, para mi y para cualquiera. Sí, estaban presentes, pero casi no hablaban. El hecho de que no respondieran no quería decir que no estuvieran interesadas, pero era tan diferente a lo que yo estaba acostumbrada, pues es una cultura diferente.

En una de las sesiones estuvimos hablando del amor De Dios. Bueno, estuve, jajaja. Algunas me veían a los ojos, y otras tenían la mirada perdida o me evadían directamente.  Pero ahí estaban, el hecho de que regresaran día con día, quería decir que algo les interesaba o llamaba la atención.

En fin, buscando conectar con ellas, me di cuenta que la imagen de un padre amoroso no era cercana a ellas, pues muchas vivían solo con su mamá, y no había figura paterna cercana.

En un momento que considero completa inspiración del Espíritu Santo, les dije:

  • Pídanle a Dios una muestra de que él les escucha a ustedes. ¿qué les gustaría ver en la naturaleza? Si les gustaría ver una flor blanca, díganle. Si les gustaría ver un pájaro de algún color, díganle. Si les gustaría hablar con alguien a quien no han visto en algún tiempo,, díganle. Díganle a Dios qué es lo que les gustaría escuchar, para que él les responda y ustedes sepan que Dios está con ustedes. 
  • (Las muchachas recibieron mis palabras con un profundo silencio)

Luego de haber terminado nuestro tiempo juntas, me quedé pensando: 

  • ¿En qué me acabo de meter…?

Y mi cabeza empezó a dar vueltas, pensando en todo lo que podría salir mal.

  • ¿Y si  lo que piden ver no lo ven?
  • ¿Y si piensan que es un invento mío?
  • ¿Y si fue un invento mío?

Creo que hasta me dolió la cabeza de tanto pensar en eso.

Al final me cansé. Y recordé de la vez que alguien me dijo a mi lo mismo, invitándome a pedirle a Dios una pequeña muestra de que me escuchaba. . Y en aquél entonces, Dios sí me respondió mi pequeña petición. Y ahí decidí descansar mi pensamiento. No se trataba de lo que me habían dicho, sino de yo estar abierta a escuchar de Dios. Entonces, tampoco se trataba de lo que yo les había dicho a las muchachas tarahumaras. Se trataba d que estuvieran abiertas a la respuesta de Dios.

Llegó el siguiente día, y les pregunté si alguien había escuchado De Dios de acuerdo a su petición. Luego de un silencio largo, muy largo, muy muy largo, una a una de las muchachas empezaron  a responder.

Y resulta, que todas recibieron respuesta a su petición.

Waw… 

Dios las quería encontrar, y el punto de encuentro para ellas fuet su petición.

En el evangelio se menciona a Simeón, quien movido por el Espíritu va al templo, donde ve a María, josé y al niño Jesús. Toma al niño en sus brazos, y da gracias a Dios por haberlo encontrado. De alguna manera Simeón sabía que estaba conociendo al mesías.  

¿Qué es para ti ser movido por el Espíritu?

Inspirada, o movida por el Espíritu, fue por lo que les hice esa invitación a las muchachas tarahumaras

  • Si te gustaría ver algo en la naturaleza, díselo a Dios.

De la misma manera, estoy segura que la persona que en su momento me hizo la misma invitación a mi, también fue inspirada o movida por el Espíritu.

Simeón, movido por el Espíritu, fue al templo.

En tu caso, ¿sabes qué es lo que te mueve?

¿Cómo te mueve a ti el Espíritu?

¿Será que ser movido por el Espíritu es cuando Dios busca también encontrarte?

Luego de que a mi me hicieran esa invitación de decirle a Dios qué me gustaría ver, y el recibir respuesta a mi pequeña petición, fue que pude estar más abierta, y ahí me encontró Dios.

Y de una manera similar, Dios también encontró a cada una de las muchachas tarahumaras.

Y fue gracias a que Simeón, inspirado o movido por el Espíritu, fue al templo. No solo Simeón vio al mesías, sino que también el mesías lo encontró a él.

Si el Espíritu te inspira, o te mueve, comparte con Jesús carpintero algo pequeño que te gustaría ver,. Y tal vez, ese pueda ser un punto de encuentro para Dios mostrarte su amor.

Marisol 

P.D. Podemos escuchar acerca de lo que sucede al Simeón ser movido por el Espíritu en las lecturas del IV domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.