Encontrando lo que hay en lo profundo 

En mis estudios de postgrado hubo una gran cantidad de clases que eran muy desafiantes para mi, pero cada vez que las terminaba me daba cuenta de lo necesario de conocer esa perspectiva. 

Hubo otras clases que me atraían como imán, me interesaban e intrigaban mucho. 

En una de esas clases que me atraían, hubo una en particular que cubrió interpretación de los sueños. Nunca me hubiera imaginado algo así, pero me ayudó mucho el conocer el contexto. 

El profesor nos recordó, que es posible encontrar a Dios en todas las cosas, y en nuestras experiencias cotidianas. Y es ahí donde también se incluyen los sueños. El profesor también nos aclaró que hay muchas perspectivas de interpretación de sueños, y que no todos los sueños son necesariamente revelación De Dios. Sin embargo, sí nos recordó que Dios sí se revela a través de los sueños. El discernir cuando los sueños pueden tener un mensaje De Dios para cada uno, requiere  una postura interna de curiosidad, apertura, oración, y acompañamiento de alguien con esa formación.

Cuando Dios senos revela en sueños, muchas veces recibimos un mensaje del que no estamos del todo conscientes, es por eso que es una revelación. Cuando podemos realmente recibir “el mensaje” (con discernimiento y acompañamiento), hay una sensación de asombro, reverencia, descubrimiento. 

Los sueños, de los que Dios también se vale para comunicarse con cada uno, vienen de lo profundo de nuestro ser.

Hubo dos casos de estudio que más se me quedaron grabados. El primero de ellos era de un varón, que tenía el mismo sueño constantemente. El soñaba que un león lo perseguía, y cuando estaba el león a punto de atraparlo, el varón despertaba. No es difícil imaginar la angustia que sentía.

El segundo caso de estudio era de una mujer, quien también soñaba lo mismo constantemente. Ella soñaba que estaba en el cielo en caída libre, sin paracaídas. Ella veía como el suelo se aproximaba rápidamente. Instantes antes de que cayera al suelo, era cuando despertaba, temiendo por su vida, y aliviada cuando se daba cuenta que era solo un sueño.

A ti, ¿te ha pasado que algo te intriga profundamente? 

Ambas personas, estaban profundamente intrigadas con el hecho de tener el mismo sueño muchas veces, y cada quien lo llevó a su director espiritual.

Y tú, ¿te animas a compartir lo que hay en lo profundo de ti?

En el evangelio se describe cuando Jesús les dice a unos pescadores que vayan mar adentro para pescar. Simón, uno de esos pescadores, le responde a Jesús que ya han trabajado toda la noche, pero que lo hará de todas maneras. 

En tu caso, ¿cuál será esa parte profunda de tu ser donde puede haber respuestas a tus preguntas?

El varón que soñaba con que lo perseguía un león, descubrió la respuesta en la profundidad de su sueño, literalmente. De una manera similar, la mujer también lo descubrió. 

El relato del evangelio continúa describiendo que las redes se reventaban por tanta pesca. Cuando los pescadores fueron al mar adentro, a lo profundo, encontraron lo que buscaban, y en abundancia.

Cada uno de los soñadores descubrieron el significado de su sueño, y para ellos el mensaje fue abundante.

¿Qué es para ti ir mar adentro? ¿Te gustaría ir?

En el caso de los soñadores, cada quien descubrió lo que era ir mar adentro. El varón, en su sueño se puso a platicar  con el león. 

-¡Para ya! ¿Por qué me persigues?

El león le respondió:

-¡Ah, finalmente te detienes!

-¿Por qué me persigues?

-Todo este tiempo te he querido decir algo. Lo que he querido decirte todo este tiempo, es que tienes la fuerza de un león.

Wow.

Y la mujer, se permitió “llegar al piso”, continuando su caída libre.

Lo que le sucedió fue igual a una pelota. Ella rebotó. Dándose cuenta de que esa “caída” no era un final.

Wow.

Ambos soñadores descubrieron un mensaje “mar adentro”

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si te gustaría ir “mar adentro”. Y tal vez, descubran juntos lo que surge ahí. 

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de ir mar adentro  en las lecturas del V domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.