Reflejando la buena nueva

Tenía aproximadamente 8 años cuando recuerdo que mis papás nos llevaron a mi hermano y a mi a una feria. Para ese entonces, ya vivíamos en Torreón, ciudad del estado mexicano de Coahuila. En esas ferias había gran cantidad de puestos, juegos y atracciones, además de deliciosa comida.

Recuerdo que buscábamos llegar a las instalaciones poco antes de que se pusiera el sol, debido al agobiante calor que había en esas fechas.

La feria siempre llena, muchas familias, y grupos de amigos disfrutando.

Cuando llegábamos no íbamos directamente a la comida, por que mi hermano y yo queríamos ir a los juegos primero. Y claro que no queríamos “regresar” la comida, jajaja.

Mi papá , muy cauteloso, casi nunca, más bien nunca, se subía a ninguno de los juegos. Cada vez que íbamos a una feria y le insistíamos que se subiera, nos recordaba de una historia de cuando él y mi mamá eran novios. Resulta que fueron a una feria y mi mamá le insistió que se subiera a un juego con ella. Mi papá, sabiendo sus límites no quería. Pero mi mamá parece que lo estaba tomando como que él no quería subirse con ella, y ahí fue donde mi papá cedió.

El resultado no fue agradable. Me cuenta mi papá que al empezar el juego a dar vueltas  él empezó a cambiar de color, poniéndose pálido, y muy mareado. Mi mamá gritaba al operador que pararan el juego, mas no recuerdo si lo pararon o no. Al tiempo de que se bajaron, mi papá tuvo que correr al baño. Debido al mareo regresó la comida. Desde entonces esa anécdota formaba parte de cada visita a la feria.

Ya como familia, cuando íbamos a la feria, por algún motivo recuerdo que lo último que visitábamos era la casa de los espejos.

En un espacio cerrado, había que entrar en un lugar, y el reto era encontrar la salida. Dentro, estaba todo lleno de espejos verticales. Los espejos tenían diferente manera de reflejar la imagen. Había espejos en los que me veía super chaparrita.en otros, me veía altísima. En otros super ancha, y en otros como en ondas.

Mientras cada quien seguía buscando la salida, las imágenes además de hacernos reír, nos confundían por que también reflejaban a otras personas que caminaban antes o después de donde cada quien estaba. A mi me pasó varias veces que pensé que estaba cerca de mi mamá, pero no era ella, era su reflejo, y además estaba en la dirección opuesta.

Hay muchos lugares en la escritura donde se nos invita a ser luz para los demás, pero, ¿sabías que también hay un lugar donde se nos invita a ser reflejo de la luz del evangelio?

Y ati, ¿te ha pasado que algún espejo no te da una imagen fiel, o en un ángulo adecuado?

Si tú y yo fuéramos espejos, ¿cómo sería la imagen que reflejaríamos?

Estaremos mostrando  una imagen real, una imagen distorsionada, o una imagen que da risa….

En la casa de los espejos, los que daban un reflejo real, eran la excepción.

Los espejos nos ayudan a ver lo que no vemos. Ya sea a nosotr@s mism@s, o espacios que no podemos percibir. Es por eso que tenemos espejos en nuestros carros, para ver “los puntos ciegos”.

Un espejo sucio, refleja una imagen opaca. O un espejo fuera de lugar, nos da una imagen fuera de lugar.

¿Cómo podemos cada uno de nosotros reflejar a los demás la luz del evangelio de una manera más fiel y clara?

Si el Espíritu te inspira, pregunta a Jesús carpintero cómo reflejar la luz de la buena nueva. Y tal vez, descubras su reflejo en ti.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca del llamado a reflejar la luz del evangelio, en la aclamación antes del evangelio  del VII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.