Fruto abundante, dulce y jugoso 

Hace algún tiempo participé en una clase, en la que se dedicaban espacios para quien así lo quisiera, pudiera expresar lo que había comprendido.

La clase cubría varios ángulos de diferentes pasajes bíblicos. Algunos eran muy conocidos, y otros no tanto. También se cubrían pasajes que para muchos de nosotros eran confusos, sobre todo en el evangelio.

La clase era semanal, y no siempre todos atendíamos. En algunos días el grupo estaba completo, y en otros días éramos entre la mitad y dos terceras partes de los asistentes.

A quienes les era posible asistir con mayor constancia, se les podía ver que cada clase les era menos difícil el expresar lo que comprendían, así como cualquier duda que tuvieran.

En una de las clases en las que el curso estaba ya cerca de terminar, tocó el pasaje bíblico en el que Jesús  relata la parábola donde un hombre que buscaba higos en su viñedo no los encontraba ya por tres años. El relato continúa con que el viñador le dice al hombre que no corte la higuera, que removerá la tierra 

Como ya los participantes tenían más confianza entre sí, no fue difícil escuchar la variedad de comentarios que este pasaje evocó. En pocas palabras, causó revuelo. Había una gran variedad de comentarios,:

-¿Por qué Jesús es tan cruel aquí?

-¿qué culpa tiene la higuera de no dar fruto aún?

-Sí, que quiten la higuera, solo está ocupando espacio!

-¿Acaso Jesús me mandará al infierno si no doy fruto?

-¿Dónde está la esperanza que Jesús habría de tener en la higuera?

Y hubo una participante, que estuvo tan conmovida que sollozando preguntaba:

-¿Entonces eso es lo que hará Jesús conmigo? A mi me han dicho muchas veces que yo ya debería de estar dando fruto. Se que Dios me ha dado tanto, pero no se si lo que doy es suficiente o no…. 

Y tú, ¿has escuchado este pasaje? ¿qué es lo que surge en ti?

En la clase, luego surgió que había un sentir de miedo a insuficiencia.

En su sabiduría, uno de los líderes nos recordó:

-El evangelio son buenas noticias. Si hay algún pasaje que no nos lleva de alguna u otra manera al amor, probablemente ese pasaje no es para nosotros en este momento de vida, o tal vez no lo estamos entendiendo bien.

El líder nos invitó a poner atención, a que la tierra removida al rededor de la higuera es un cambio, y que eso seguramente ayudaría a que la higuera diera fruto.

En tu vida, ¿hay algo en lo que te gustaría dar fruto? 

¿Será que Dios te invita a cambiar tu pensar, sentir o actuar, a remover la tierra de tu vida cotidiana?

En la clase alguien preguntó:

-¿Por qué hay algunas higueras que dan fruto abundante, y otras no?

A lo que el líder respondió:

-No te se decir exactamente, pero es importante recordar, que no es justo comparar los frutos, sin comparar las raíces. Si el viñador remueve la tierra, seguramente las raíces podrán recibir mejor el agua, y por consecuencia, tal vez puedan dar mejor fruto.

En el relato del evangelio, Jesús no menciona si al año siguiente la higuera dió fruto o no. ¿Será que Jesús insinúa que siempre hay tiempo para cambiar?

Si el Espíritu te inspira, pregunta a Jesús carpintero qué es lo que te invita a cambiar en tu vida, para que pudieras dar fruto. Y tal vez, llegues a compartir un fruto abundante, dulce y jugoso en una nueva temporada.

Marisol 

P.D. Podemos escuchar acerca del fruto que puede surgir luego de un cambio profundo  en las lecturas del III domingo del tiempo de cuaresma, año / ciclo C.