Terminando mi preparatoria, elegí estudiar música. Tenía desde los seis años de edad tocando el piano, y me encantaba. El estar sentada ante el piano, y buscar leer las partituras a primera vista era un reto para mi.
Estando yo pequeñita, mi primera maestra de piano era muy paciente. Cuando ella estaba por enseñarme una pieza nueva, ponía la partitura en el atril, y me describía detalles pausadamente. Me daba mi tiempo para preguntas que llegara a tener, y luego ella me preguntaba los mismos detalles que me había descrito para confirmar que hubiera yo entendido todo.
Esos detalles incluían el nombre de la pieza, el autor, el tono y su respectiva armadura (cómo se escribe en el pentagrama), el tiempo (qué tan rápido o lento) y el compás (pulsos por unidad de tiempo).
Cuando ella se daba cuenta de que podía yo percibir detalles a grandes rasgos, ella empezaba a tocar la pieza para mi. Luego de hacerlo un par de veces, era mi turno de empezar a intentarlo.
Yo recuerdo haber sido muy indecisa para leer a primera vista, pues me daba mucha pena equivocarme en la lectura en frente de la maestra. En la partitura (la hoja donde está escrita la música), la nota que nunca se me olvidó es el do. Específicamente, el do central. Que simplemente era una nota en medio de los pentagramas con una línea horizontal en medio. Visualmente no tenía pierde para mi.
Una partitura para el piano, tiene dos pentagramas (grupo de cinco líneas paralelas horizontales), que sería el equivalente a dos “renglones” en una hoja. Cada pentagrama tiene diferente clave, clave de sol para la mano derecha, y clave de fa para la mano izquierda. Sin entrar en mucho detalle técnico, aunque los pentagramas son iguales, debido a que son de diferente clave, las notas se leen diferente en cada clave.
Nunca me consideré buena en la lectura a primera vista. Me memorizaba las piezas musicales, más por memoria muscular que por la lectura. Lo bueno es que eso me ayudaba a trabajar en áreas diferentes una vez que me aprendía la pieza de memoria.
Esa autopercepción de “no ser buena” para leer” siguió hasta que entré a la universidad. Y con mi profesor de piano, sí quedé realmente impresionada por su excepcional capacidad para leer a primera vista. El tocaba cada pieza la primera vez como si ya la hubiera estudiado minuciosamente. Realmente un maestro.
Teniendo ese maestro con increíble capacidad de lectura a primera vista, me daba aún más pena equivocarme durante la clase, y más cuando se supone que yo ya había tenido tiempo para practicar. Ni modo… me tocó lidiar con esa sensación . El nunca me criticó mi lectura, al contrario, me invitaba a seguir practicando.
Fue también en ese primer año en la universidad que me tocaba elegir un instrumento complementario. Y porque los otros instrumentos que me interesaban estaban llenos, terminé con el cello.
Y vaya que cambiaron las cosas para mi.
El piano y el cello son instrumentos muy, MUY diferentes.
Mi primera profesora de cello también fue increíblemente paciente conmigo como lo fue mi primera maestra de piano. Solo que yo entonces tenía ya 18 años.
Mis estudios siguieron su curso, y cada semestre me iba yo enamorando más del cello. El cello hacía vibrar mi corazón, literalmente, pues la parte de atrás del instrumento descansa en frente del corazón.
Y me decidí a hacer un cambio. Cambié mi instrumento principal del piano, al cello.
Tú, ¿te has visto en la necesidad de hacer un cambio significativo en tu vida?
Para que un piano se afine se requiere un técnico especializado. Y para afinar el cello, se necesita practicar, y afinar MUY. Bien el oído. Al menos yo lo necesitaba para poder afinarlo bien.
Como esa habilidad no era necesaria en el piano, nunca había tenido la necesidad de cultivar mi escucha de una maneraa tan detallada.
Montón de años después,, puedo ver que esta experiencia de aprender a afinar el cello me ha ayudado a buscar “afinarme” al amor De Dios, y buscar ser partícipe (como lo alude Sta. Hildegarda), en la sinfonía de la creación
Lo que el piano me requería era coordinación, lectura, expresión, técnica y memoria. Pero el cello me pidió desarrollar una escucha más detallada y profunda.
Aunque el piano es un instrumento armónico, la clase se enfocaba en interpretación individual. Y como el cello es instrumento melódico, la clase siempre consideraba que eventualmente habría un ensamble, subrayando que habría que escuchar más allá del cello. Nuevamente, “estirando” la habilidad para escuchar a detalle.
Cuandoterminé mis estudios, me gradué con el cello como instrumento principal. Hice audición para entrar a la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua, y para mi propia sorpresa, pasé la audición.
El formar parte dela sección de cellos, y de la orquesta fue una experiencia que expandió mi percepción. El sentir la vibración del cello en mi cuerpo se amplificaba en los ensayos, pero sobre todo en los conciertos. El director se preparaba, y la orquesta era su instrumento.
Para mi, esta experiencia de empezar con el piano, luego el cello y aprender a afinarlo, para después entrar a la orquesta es algo que me sigue alimentando.
Las habilidades de escucha, atentividad, sensibilidad y prácticaa son algo que sigo usando y practicando en mi vida y en mi actividad pastoral.
El buscar escuchar la afinación detallada en mi cello me ayuda a buscar estar atenta a la afinación del amor de Dios para mi.
El practicar escuchar la nota afinada me invita a buscar y encontrar esa nota del amor dentro de miser.
El practical afinación correcta me invita a escucharme a mi misma.
El practicar con los demás me invita a observar las relaciones armónicas o disonantes en mi vida, y buscar afinarlas cuando es necesario.
El haber seguido a un director de orquesta, me invita a preguntarme si quiero ser dirigida por los movimientos De Dios en mi vida.
Y cuando hay disonancia, errores en el instrumento o en la vida, toma esfuerzo y voluntad el querer “afinarlos” o corregirlos.
Es una escucha mutua, es un intercambio.
Tras su resurrección, Jesús se aparece varias veces a sus discípulos. En la tercera vez los discípulos estaban en una barca de pesca cansados, pues no habían pescado nada por toda la noche.
Después de que Jesús les dice que cambien el lado de la red, recogen pesca abundante, y entonces le reconocen.
Un rato después, Jesús y Pedro tienen una charla que me imagino ha de haber sido muy dura para Pedro.
La última vez que Jesús y Pedro se vieron, fue cuando Pedro se había dado cuenta que en realidad sí había negado ser discípulo de Jesús.
Si las palabras de Pedro se pudieran comparar como la melodía de un instrumento, Pedro ha de haber estado bien desafinado con sigo mismo, y en gran disonancia con Dios.
Sin embargo, Jesús le pregunta tres veces a Pedro si lo ama. Tal vez una pregunta por cada negación.
Y Pedro tuvo el valor suficiente para “afinar” su respuesta, y seguir los movimientos de su interior, orientados al amor.
Si tu corazón fuera un instrumento, ¿cómo sería la melodía de tu vida? ¿Podrías ser parte de la sinfonía de la creación?
Si hay algo que pude aprender de una manera muy tangible en la orquesta, fue el escuchar, y el saber que lo que se esperaba de la sección de cellos, también era necesario en la orquesta, en las piezas musicales, era necesario para el director.
La escucha, es una forma de intercambio.
Y tú, ¿tienes un intercambio con Jesús?
Yo tuve la oportunidad de tener un excelente Intercambio con mi amigo Julio de León en su podcast. Estuvimos conversando de la analogía de nuestro ser como instrumentos de Dios, así como de la invitación que tenemos a afinarnos en su amor. A Dios lo podemos imaginar como el director de la orquesta de la creación.
Si el Espíritu te inspira, te invito a escuchar esta conversación con mi amigo Julio de León en su podcast Intercambio, y que lleves tus conclusiones a tu oración personal. Y tal vez, puedas descubrir la resonancia y armonía del amor de Dios en tu vida.
Especial agradecimiento a GIA Publications por la invitación.
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P.D. Podemos escuchar acerca de cómo Pedro “afinó” su interior y su vida
en las lecturas del III domingo del tiempo de pascua, año / ciclo C.
P.P.D. Envíame un mensaje si te gustaría participar en un taller de escucha profunda, atentividad, y búsqueda del amor de Dios dentro de ti.

