Encender para iluminar 

Encender-para-iluminar

Cuando era niña y en misa escuchaba las lecturas de cuando Jesús llamaba a los apóstoles, siempre me preguntaba:

–¿Qué habra tenido Jesús para que los primeros apóstoles dejaran todo en un instante, incluyendo sus padres?

Esa pregunta siempre me intrigó. Y otras cuestiones seguían:

–¿Qué ya no querían estar con sus familias?

–¿Habrán tenido una vida tan triste que seguir a un “extraño” era más interesante?

–¿Cómo habrán tomado sus familiares el hecho de que se fueron en un instante?

–Si sus familias contaban con ellos para trabajar y sostenerse, ¿qué no les importó?

Fueron preguntas válidas, que aunque escuchara las homilías describiendo la grandeza de Jesús, había algo que no necesariamente captaba del todo. ‘Algo en mi interior seguía con esas preguntas. Era como si todas las “explicaciones” que escuchaba solo llegaban a mi de una manera superficial. Sí lo creí, pero el misterio al respecto seguía. 

Cada año aproximadamente es cuando se escuchan estas lecturas, por lo que ha sido cada año que estas preguntas surgen nuevamente.

No fue sino hasta hace poco, que otra pregunta que nunca había surgido antes apareció: 

–¿Y si los “futuros” apóstoles estaban listos para responder a ese llamado de Jesús?

Hmmm… 

Y casi todas mis preguntas anteriores dejaron de tener la misma importancia para mi.

En la Escritura, se describe a Jesús como la luz que resplandece en la oscuridad.

El por qué Jesús llamó a estos varones y no a otros, no lo se. Pero lo que pude empezar a considerar, fue que estos varones en particular estaban listos para responder, listos para encender su corazón.

Cuando participé en las misiones Lasallistas y en los campamentos de evangelización Kairós, se nos enseñaba cómo encender una fogata. Eran unos pasos que no son difíciles, (que ya ni me acuerdo bien, jajaja). El punto es que se han de reunir varias condiciones para que la leña pueda prender. Si se elige follaje mojado, o leña verde, o no prende, o se hace humareda. 

En otro ejemplo paralelo, a mi papá le gusto por mucho tiempo hacer carne asada. Para él, el preparar el carbón era un deleite. Mi papá tomaba su tiempo preparando lo necesario para tener la parrilla lista a la temperatura que él sabía que no iba a quemar la carne. El sabía cómo acomodar el carbón y cómo y donde poner lo que recuerdo parecían  unas maderitas para propiciar que el carbón prendiera parejo y no solo del centro.

Tanto en las fogatas como en el carbón, de no haber reunido esas características, el fuego no hubiera prendido igual. O casi no prendía, o hubiera habido una llamarada que se extinguía rápido. Las condiciones para un fuego estable y continuo eran necesarias.

¿Será que los apóstoles estaban listos, y la llama del amor prendió en sus corazones con facilidad y naturalidad?

El día de hoy, ¿hay en tu interior el espacio y condiciones adecuadas para que tu corazón se encienda? 

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero cómo percibes tu corazón. Y tal vez, descubras lo que está de tu parte  para que tu ser se prenda e ilumine.

Marisol 

P.D.: Podemos escuchar acerca de la luz resplandeciente de Jesús en las lecturas del III domingo del tiempo ordinario, año/ciclo A.