Aceptación incondicional 

Uno de los ejemplos que más me ha impactado de lo que puede llegar a ser una familia, son las pandillas.

Hace tiempo estuve en pastoral penitenciaria, visitando a las mujeres en la cárcel de Chihuahua.

Antes de ir, al grupo de muchachas nos dieron una orientación de mejores prácticas, y sobre todo, de sensibilidad a su situación. Entre otras cosas, se nos orientaba en qué decir, y qué no decir, qué tipo de pláticas fomentar y cuáles evitar. 

También nos mencionaron estadísticas socio-económicas que la mayoría de mujeres encarceladas tenían en común. Eran varios puntos, y el único que recuerdo hasta el día de hoy, es que la gran mayoría venían de familias fracturadas, y que ellas mismas fueron muchas veces quienes rompían con esas relaciones de sangre. 

En muchos casos, encontraban un lugar de aceptación incondicional en las pandillas. Y eso me intrigó, ¿por qué ahí?

Luego nos dijeron que, una vez que las mujeres habían sido “aceptadas” en la pandilla tras un ritual de entrada, había una fuerte fraternidad. Había un sentido muy fuerte de cuidarse las unas a las otras. Y nos transmitían palabras que ellas mismas decían:

–Esta es mi verdadera familia.

Wow. 

Y era en parte ese sentido de pertenencia lo que las llevaba a no cuestionar las actividades riesgosas y peligrosas que por consecuencia las llevaron a la cárcel.

Esta situación me dejó pensando mucho, pues obviamente mi única referencia era mi propia familia, donde recibí mucho amor. Y para mi, mi familia nunca fue “tan mala” como para querer dejarla. Sin embargo, para estas mujeres encarceladas, sí lo fue. 

Se mencionaba que muchas mujeres describían a sus compañeras de pandillas como su verdadera familia. 

Y tú, ¿cómo defines a tu verdadera familia? ¿Es tu familia de sangre, o por elección? 

La Escritura nos brinda lo que una familia de sangre puede ser en cuanto los unos para los otros, hijos para padres, padres para hijos, esposas para esposos y esposos para esposas. Y al mismo tiempo, las relaciones humanas que pueden ser complicadas, también nos pueden llevar a establecer lazos filiales fuertes más allá de la familia de sangre.

Recuerdo la idea del título de un artículo que leí hace tiempo. El artículo, refiriéndose a la Sagrada Familia: La Sagrada Familia, perfectamente disfuncional como la mía.

–¡¿Qué?!

Nunca lo hubiera pensado de esa manera. 

El artículo mencionaba que María iba a ser mamá soltera de no haber sido recibida por José.  Y fuera del contexto de fe, ¿qué se pensaría de un hombre que decide continuar con su compromiso tras un sueño de que su prometida está embarazada gracias al Espíritu Santo? Tal vez que no está bien mentalmente….

El artículo continuaba sugiriendo, que aunque nuestras familias sean (y lo son) completamente disfuncionales, también son sagradas. Y la sacralidad no depende de si está compuesta o no por padre y madre. Cuando hay amor, ahí está Dios.

Parte de la expresión del amor, es el aceptarnos los unos a los otros como somos. Y regresando a la historia de las muchachas que se integran a las pandillas, supongo que ahí encuentran un alto grado de aceptación que en sus familias de sangre por cualquier motivo no pudieron encontrar.

Y tú, ¿qué tanto aceptas a tus familiares? 

María aceptó la posibilidad de llegar a ser mamá soltera. Luego de la anunciación ella desconocía qué decisión iba a tomar José, si mantener o no el compromiso.

José aceptó a maría como su esposa, y a Jesús como a su hijo. 

Y dentro de ti, ¿qué tanto aceptas a las diferentes áreas de tu propio ser?

 Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero lo que te es fácil y lo que no te es fácil aceptar de ti mism@ y de tus familiares. Y tal vez, descubras una invitación de un  nuevo lugar donde profundizar en el amor. 

Marisol 

P.D.: Podemos escuchar acerca del llamado a vivir en familia en las lecturas de la fiesta de la Sagrada Familia, año/ciclo a.