Alegría en la seriedad 

Uno de mis santos abuelitos fue Francisco, o como le decíamos,“abuelito Pancho”, era el papá de mi mami Raquel. Recuerdo a mi abuelito como una persona que llamaba naturalmente la atención de los demás. Trabajaba como músico de iglesia, cantando misas y tocando el órgano de pipa de hermosos templos barrocos de la bella ciudad de Zacatecas.

La casa donde vivían mis abuelitos estaba muy, muy cerca de 3 de los templos que más recuerdo que tocaba mi abuelito. Uno de ellos le llamaban “Jesusito”. No se si ese era el nombre oficial del templo, pero cuando lo conocí, supe el por qué del nombre. El templo estaba relativamente pequeño a comparación de los otros.

El segundo templo donde recuerdo que tocaba mi abuelito se llama Santo Domingo. Este templo es donde más recuerdo haberlo ido a visitar. A veces subíamos mis primos y yo a lo que le llaman “el coro”, que es la parte posterior (y elevada) del templo donde se encontraba instalado el órgano de pipa, y donde se colocaban anteriormente los cantantes que participaban “en el coro”, de ahí el nombre.

El tercer templo donde recuerdo que mi abuelito tocaba, era la Catedral Basílica  de Zacatecas. Este templo es una joya que brilla dentro de la abundancia de belleza arquitectónica colonial de la ciudad. Es un templo bellísimo.

Seguramente mi abuelito tocaba en otros templos también, pero estos son los que recuerdo.

Como mi abuelito andaba de templo en templo, lo conocía mucha gente. Debido a la proximidad de los templos, se iba caminando a cada uno, y raramente se iba en vehículo (no recuerdo nunca haberlo visto manejar).

Las veces que caminábamos juntos en familia para asistir a misa mientras él cantaba y tocaba, era de ver un peregrinar de personas que lo saludaban con mucho afecto:

-¡Don Francisco, cómo está!

O…

-¡Don Francisco, ya van a misa, Dios los lleve!

O algo similar.

Cuando era tiempo de regresar a casa, y que la premura de llegar a tiempo había desaparecido, entonces mi abuelito se detenía a platicar con quien lo saludara. Especial atención ponía a las familias que tenían niños pequeños. Mi abuelito siempre tuvo un gran cariño no solo para nosotros sus nietos, sino que también otras criaturas se beneficiaban de su cariño cuando él los chuleaba en esos encuentros ocasionales.

Algo que era natural para mi, era ver a mi abuelito bromear, sobre todo en esos encuentros con familias que lo saludaban. Más de una ocasión recuerdo estas palabras saliendo de la boca de mi abuelito, dirigidas a uno o ambos de los padres de niñ@s pequen@s:

-¡Ay qué niñ@ tan bonit@! ¿Me l@ regala?

A lo que las mamás de l@s nin@s respondían con risas y sonrisas, tomando el comentario como un cumplido a la ternura de sus hij@s.

Esta situación era constante, asta que una vez, mi mamá me contó que   hubo un resultado diferente. Esto es lo que recuerdo:

Hubo un día en el que mi abuelita abrió la puerta de la casa luego de que alguien tocara. Era una señora que preguntó por mi abuelito., y traía a su hijo en brazos, aproximadamente de entre dos y cuatro años de edad. Mi abuelita le dijo:

-No, Francisco no está, ¿le puedo ayudar en algo?

-Sí, le vengo a traer a mi hijo. Cada vez que nos llegamos a encontrar en la calle y nos saludamos, me dice que si se lo regalo.

-(Mi abuelita me imagino que se ha de haber ido de espaldas) ¡¿Que qué?! ¡No le crea, él estaba bromeando, a él le gustan mucho los niños, pero no habla en serio!. ¡No le crea!

-¿De verdad? Yo pensé que me lo decía en serio!

-¡No no no no no, no le haga caso, llévese a su hijo con tranquilidad, ¿cómo se le ocurre que él va a hablar en serio?

Sólo puedo imaginarme la conversación que ha de haber tenido mi abuelita con mi abuelito esa tarde.

Este relato me tocó escucharlo varias veces no solo de parte de mi mamá, sino también lo comentaban mis tías y abuelita entre sí.

En cuanto a la mamá que tomó el comentario en serio como para tocar a la puerta de la casa de mis abuelos, no sé cuál ha de haber sido su situación para considerar el comentario de mi abuelito en serio.

A ti, ¿te ha pasado que tomas algo muy en serio? ¿Cómo te fue con eso?

Lo curioso, es que parece que mi abuelito nunca dejó de bromear. Tengo entendido que siguió usando su frase de costumbre con niñ@s ajen@s:

-¡Ay, qué linda criatura! ¿Me la regala?

Parece que Jesús se tomó muy en serio el querer instruir a sus discípulos cuando entró en Galilea, pues no quería que la gente se diera cuenta de que estaban ahí. Y dentro de esa seriedad, dentro de lo importante y crucial que les estaba enseñando a los discípulos, Jesús les dice:

—Quien recibe a uno de estos [niños] en mi nombre, me recibe a mi. Y quien me recibe a mi, recibe a quien me envió.

Para ti, ¿qué es recibir a un niño?

Habiendo tenido el privilegio de ver a mis hijas crecer, vi la alegría y espontaneidad con la que se conducían de pequeñas.

En medio de la seriedad, ¿será que Jesús nos invita a cada uno de nosotros a abrazar nuestra propia alegría y espontaneidad?

Con nueve hijos y con montón de nietos, el amor que mi abuelito nos tenía  no le impedía elogiar a niños ájennos.  Era una conversación que aligeraba cualquier situación.

Parte de esa alegría y espontaneidad de mi abuelito Pancho, la heredó mi madre santa. Mi abuelito se refería a mi mamá como:

—Mi Raquelito es puro juguetito.

Pues mi mamá constantemente estaba a risa y risa. En las situaciones serias, encontraba algún ángulo diferente, dando entrada a un chiste espontáneo, y aligerando la posible tensión y pesadez. Además, así como a mi abuelito le encantaba platicar, mi mami también fue muy muy platicadora.

Ahora que mi mami se ha reunido con mis abuelitos en la plenitud del amor de Dios, estaré recordando que la seriedad de la vida, no excluye la alegría, la espontaneidad, ni las ocurrencias

Si el Espíritu te inspira, en los momentos de seriedad en tu vida, pregúntale a Jesús carpintero cómo puedes recibir a tu niñ@ interior, expresando hacia ti mism@: ¡Ay qué lind@ niñ@!

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de la invitación de recibir a nuestr@s niñ@s, en las lecturas del XXV domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.