Cuando mi hermano mayor y yo teníamos alrededor de 7 y 2 años respectivamente, mi papá tenía una manera de entrar a casa en la que nos divertíamos mucho. Cuando mi mamá escuchaba el carro Demi papá entrando a la cochera de la casa, mi mamá nos decía:
–¡Escóndanse!!
Entonces mi hermano y yo corríamos a escondernos en donde pudiéramos. Después supe que siempre era el mismo lugar.
Mi papá entraba, diciendo en voz alta, con toda la intención de que escucháramos:
–¿Dónde estarán la Chatita y Pablito?
Chatita era mi sobrenombre de familia, y a mi hermano le decían Pablito. Mi hermano y yo nos reíamos en silencio, cada quien en su escondite, con la expectativa de que nos encontrara cuando menos lo esperábamos.
Escuchábamos los pasos de mi papá, acercándose, y buscándonos en varios lugares equivocados, hasta que, ¡por fin!nos encontraba. Rompíamos en risas, para recibir besos y colgarnos de su cuello.
En una ocasión en la que mi papá tardó más en llegar, mi hermano y yo ya estábamos dormidos cuando él llegó a casa. Mi papá, invito a mi mamá a la tienda que se encontraba a dos cuadras de distancia para comprar algo. Era una salida breve y muy cerca. Mi mamá aceptó la invitación porque era algo de menos de 10 minutos. Antes de salir, mi mamá revisó y estábamos bien dormidos, y se aseguró de que las puertas estuvieran adecuadamente cerradas con llave.
Llegando de la tienda, fue mi mamá a darnos un beso a cada quien. Cuál fue su sorpresa, que no me encontró en la cama. Desesperadamente, empezó a buscarme e inmediatamente le dijo a mi papá. Mi hermano estaba profundamente dormido, y todo estaba en su lugar. Ambos se movieron rápido a revisar las puertas, las recámaras, la cocina, y cualquier lugar en el que ellos pensaron que yo podría estar, incluyendo el baño. Y nada. No me encontraron.
La confusión de mi papá y de mi mamá crecía tanto, pues no había señales de que nadie hubiera ni entrado ni salido. Todo, excepto yo, estaba en su lugar, tal y como lo habían dejado antes de ir a la tienda.
Mis padres me llamaban, y seguían buscándome frenéticamente varias veces en los mismos lugares, y cuando mi mamá estaba al borde de salir a buscar ayuda, vieron unas pantuflitas asomarse debajo de una mesita que tenía un mantel tejido que llegaba hasta el piso. El mantel era color rojo, y mi mameluco también. Si no hubiera sido por las pantuflitas blancas, no me hubieran encontrado.
Al levantar el mantel y encontrarme, mi mamá rompió en llanto del alivio. Y yo en risas por haber sido encontrada. Para mi, no hubo diferencia entre que me encontraran, pues no sabía que para mis papás, yo estaba perdida, aunque fuera por solo unos instantes.
Resulta que yo me desperté mientras mis papás entraban a la casa. Yo seguí el mismo juego al que estaba acostumbrada, y me escondí esperando a que me encontraran. En mi pequeña edad, no sabía el susto que mis papás se llevaron.
Y tú, ¿has tenido alguna experiencia conn sensaciones similares de angustia profunda?
Los detalles de este relato me los contaron mis papás varias veces mientras crecía, pues yo estaba chiquitita cuando sucedió. Lo que personalmente recuerdo de ese momento, es solamente el tejido del mantel debajo del cual me escondía. Era un mantel que mi abuelita había tejido a mano.
Pasando algunas décadas, yo también he tenido algunas experiencias de angustia muy profunda.
En tu caso, ¿cómo navegas las angustias y tormentas de tu vida? ¿Qué es lo que tú haces en esos momentos?
Los apóstoles tuvieron una experiencia en la que sentían y pensaban que iban a hundirse. Estaban en una barca cuando una tormenta iba creciendo en intensidad. ¿Y Jesús?
En tu experiencia, ¿has podido encontrar a Jesús en medio de tu tormenta? Aunque Dios tiene buen sentido del humor, estoy segura que no se esconde intencionalmente para jugar como yo lo hice.
Los apóstoles sabían que Jesús estaba conn ellos, aunque estuviera dormido, pero sabían que estaba con ellos.
No es que atravesamos tormentas por que Dios no está con nosotros, sino que podemos atravesar la tormenta por que Dios está con nosotros.
Cuando te encuentras en medio de las tormentas de tu vida, ¿te sabes acompañado de Jesús? ¿Qué necesitas para saber que podrás sobrellevar la tormenta?
Los apóstoles necesitaron encontrar a Jesús, quien literalmente calmó la tormenta.
En las tormentas de tu vida, ¿encuentras rápido a Jesús? ¿Sientes que se te esconde? ¿Esperas hasta lo más crítico de la tormenta para llamarlo?
En la angustia de mis papás por no encontrarme, yo me escondí por jugar. Mas en las angustias y tormentas de tu vida, aunque llegue a estar dormido, Jesús está ahí a tu lado, ¿lo encuentras? ¿Lo despiertas?
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de cómo Dios también está en la tormenta en las lecturas del XII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.

