Hace varios años tuve una conversación con una compañera. Ella me confió que se sentía perdida.
Comenzó compartiéndome los planes que ella tenía anteriormente. Eran muy claros y definidos
Ella continuó describiendo el lugar en su vida donde se encontraba en ese momento, y con lágrimas en sus ojos, batallando para hablar, expresó en voz alta (más para ella misma que para mi), que se sentía perdida. Ella quería encontrar el lugar donde ella quería y anhelaba estar. Y ese lugar estaba lejos, no sabía cómo llegar ahí.
En el libro del Génesis, hay una pregunta que Dios le hace a Adán, que por mucho tiempo me confundió. Dios le pregunta, ¿Dónde estas? (Gen 3,9)
No es que Dios no supiera dónde estaba. Tal vez era que Adán necesitaba reconocer, y expresar en voz alta, dónde estaba.
Y tú, ¿Dónde te encuentras?
Personalmente, esa fue una pregunta que hace algunos años me fue difícil contestar. Me tocó ser valiente y honesta conmigo misma. Mi mente sabía dónde estaba, y cómo había yo llegado ahí, pero mi corazón, no sabía.
En ese momento, pude entender desde mi experiencia. Las palabras de aquella muchacha que me dijo, “me siento perdida”. Ya no era imaginarme lo que ella sentía. Yo viví mi versión, de lo que es sentirse perdida.
Al manejar un auto, muchos de nosotros usamos un navegador (GPS), que nos ayuda a orientarnos, sobre todo en lugares nuevos. ¿Pero qué podemos hacer cuando el navegador del alma pierde la señal?
Cuántos de nosotros volteamos a contemplar nuestra propia historia, y descubrimos que el camino que hemos andado, resultó diferente al que en su momento planeamos.
Al manejar nuestro auto y tomar una ruta diferente a la que el navegador nos indica, automáticamente muestra una nueva ruta. Pero eso no es lo que sucede en el corazón. El proceso de encontrar nuestro lugar, a diferencia de los navegadores, no es automático, nos requiere poner atención a nuestro interior.
La buena noticia, es que Dios también está en nuestro interior.
Al fortalecer nuestra relación con Dios en nuestro interior, Dios nos encuentra, y al Dios encontrarnos en nuestro interior, y al nosotros encontrarnos con Dios, podemos encontrarnos a nosotros mismos.
Cuando han pasado años de no fortalecer esa relación interior con Dios, ese proceso puede parecer muy teórico, sin raíces, o “en el aire”, pero no tiene que ser así.
Dios sabe dónde estas. Cuando encuentras a Dios en tu interior, Dios te indica dónde estas.
Cuando encuentras esa parte perdida de ti, te encuentras, y Dios hace fiesta, pues estabas perdid@, y te has encontrado.
Tú eres el tesoro encontrado.
P.D. Para ti que buscas encontrar a Dios dentro de ti, en estos días se abren las puertas del taller “Encontrando el tesoro perdido”, que no tiene que ver con piratas, Envíame un mensaje directo para inscribirte a este taller sin costo. Nos alegraremos juntos por el tesoro encontrado.

