¿Cómo es mejor pedirle a Dios en oración?

Un tiempo atrás estuve en un retiro de mujeres, donde nos preguntaron:

–“¿Qué le quieres pedir a Dios?”

A lo que el grupo respondió:

–“Lo que Dios quiera para mi”.

La gran mayoría de nosotras lo respondió, y éramos casi ochenta. Pero esa respuesta no ayudaba para lo que era el propósito del retiro, por lo que nos siguieron insistiendo. Como la respuesta no cambiaba mucho de parte del grupo, las personas que organizaron el retiro, nos cambiaron un poco la pregunta, y buscando recibir una respuesta más específica nos preguntaron lo siguiente:

–“¿Qué te gustaría que Dios quisiera para ti?”

Y nos invitaron a escribir nuestras respuestas en un cuaderno, pues nos dejaron pensando. Muchas de nosotras estábamos tan acostumbradas a no ser específicas al pedir, que nos tomó un tiempo definir cuál iba a ser nuestra petición.

En tu caso, al acordarte cuál  fue la última vez que le pediste algo a Dios. ¿Te fue fácil pensar que le ibas a pedir algo? Y, te fue fácil definir lo que querías pedir?

Fue esto precisamente con lo que batallamos en aquel retiro tantas mujeres, incluyéndome. Vivvíamos con una sensación de que teníamos el tiempo encima, y nos era muy difícil pensar a futuro. No sabíamos cómo poner nuestra atención en algo más allá de lo que teníamos en frente.

Para ti, ¿cuál es tu postura interior al pedirle algo a Dios?

Lo que las personas que organizaron el retiro  después se dieron cuenta, es que muchas de nosotras estábamos muy  acostumbradas a primero pensar en los demás, a tal grado que no poníamos atención a nuestro propio interior. Luego nos explicaron, que no se trataba de “servir” a los demás a expensas de una misma, sino a recordar, que si no tenemos amor, no podremos dar amor. Nos aclararon que no incluirnos en nuestras propias consideraciones, puede crear una falsa humildad.

Algún tiempo después, nos reunimos algunas de las mujeres que participamos, y nos dimos cuenta de que algunas de nosotras sí recibimos lo que pedimos en ese retiro, aún y cuando nos fue dificil articularlo. Hubo otras quienes hasta ese entonces no habían recibido respuesta a su petición. Pero lo que sí notamos, es que independientemente de haber recibido o no respuesta a nuestra petición, ya no nos era tan diffícil pedirle a Dios en nuestra oración personal. Y eso era un gran cambio en sí mismo.

En otro momento de mi vida, conocí a una joven mujer, quien consideraba haber vivido gran parte de su vida conforme a lo que Dios mandaba. Ir a la iglesia los domingos, recibir los sacramentos, no haciendo mal a nadie.

Pero por alguna razón, cuando se trataba de pedirle algo a Dios, no se sentía bien al pedir, o pedía algo muy “pequeño”, o lo pedía sin expectativas. Y además pensando que no lo iba a recibir.

Ella expresó que tenía cierto resentimiento hacia algunos compañeros que ella consideraba que “no vivían la fe como ella”, pero que sí recibían respuesta de parte de Dios a sus oraciones. Ella así lo percibía pues estaban en el mismo grupo de oración.

¿En qué consistirá que algunas personas sí reciben respuesta a sus oraciones y otras no? ¿Será cuestión de tiempo y confianza? Observa qué surge en ti al contemplar estas preguntas.

Ella se preguntaba qué era lo que pasaba, pues consideraba que con hacer las cosas que Dios pide, y como las pide, habría de ser suficiente para que ella recibiera respuesta de la manera que ella esperaba.

Algunos de nosotros no tenemos problema en pedir lo que anhelamos. Y otros sí dudamos en pedir. ¿Cuál es tu experiencia al pedir algo en tu oración?

Hay un momento en el que Jesús dice que si permanecemos en él, como permanecen los sarmientos en la vid, lo que pidamos se nos concederá.

La joven mujer que conocí, asumía que eran solo sus acciones al pie de la letra lo que le iba a conceder la respuesta a sus peticiones, pero al observar una vid, los sarmientos no hacen ninguna actividad. Y esta es una de las imágenes que Jesús usa para describir que lo que pidamos, se nos puede conceder.

Nuevamente, te invito a que recuerdes alguna ocasión en la que le hayas pedido algo a Dios. ¿Hiciste algo antes? ¿ confiaste plenamente al pedir?

Jesús no detalla lo que es permanecer en él de manera práctica, concisa y precisa. Pero sí nos ilustra lo que es estar en unión con él. A ti y a mi, nos invita a observar cómo los sarmientos dan fruto, con solo estar unidos a la vid, sin necesidad de hacer nada.

Te invito a que piensas la última vez que tú le hiciste un favor a alguien muy querido para ti, a alguien muy cercan@ a tu corazón. ¿Le pusiste condiciones para apoyarle?

Alguien que te quiere incondicionalmente, no te va a poner requisitos cuando le pides ayuda.

La respuesta viene de Dios. Y Jesús nos invita a ti y a mi a pedirle.

Pídele a Dios en tu oración, Jesús te invita a que lo hagas, y seguramente tendremos la inspiración adecuada para nuestras acciones.

Si como a aquel grupo de mujeres en el retiro, te es complicado definir tu petición, te invito a que consideres la siguiente pregunta:

¿Qué te gustaría que Dios quisiera para ti? Y ese puede ser tu punto de partida.

Marisol

P.D. Podemos escuchar lo que Jesús dice acerca de permanecer en unión en las lecturas del V domingo del tiempo de pascua, año / ciclo B.