Había una frase que escuché muy seguido en mi adolescencia y juventud: “¿A dónde va Vicente? A donde va toda la gente”. Y esa frase era casi siempre acompañada de alguna crítica a algunas masas de personas por seguir a alguna figura pública sin aparente sentido común.
En otras ocasiones la frase era seguida a comparar la masa de personas con un grupo de borregos, o una borregada, que no importaba a donde fueran, siempre y cuando siguieran a ese líder de dudosas intenciones.
Como yo no había tenido la experiencia de estar en un campo donde había borregos, pues nunca tuve una referencia directa del comportamiento real de borregos. Lo que sí era común, era la postura despectiva hacia ese comportamiento.
Nunca lo cuestioné, solo lo escuché. Pero sin darme cuenta, al pasar el tiempo lo adopté.
¿Tú escuchaste alguna vez algo parecido?
Y llegó un momento en el que entré en conflicto. Como era negativa la connotación de una manada de borregos para mi, el escuchar que Jesús se presentaba como el buen pastor, no me cuadraba. No era por Jesús, sino por sus ovejas.
Para mi no había problema en identificar “el mal líder” del “buen líder”. Pero había algo que no podía identificar directamente en cuanto a la manada de borregos, que cuando seguían al “mal líder” eran objeto de buena y aparentemente merecida crítica, y entre el grupo de borregos que seguían al “buen líder”. ¿Cuál era la diferencia? El comportamiento de la manada era exactamente el mismo, seguir al líder.
Esta fue una pregunta que nunca me quitó el sueño. Hasta que en una ocasión, fui a un rancho, donde tenían gran variedad de animales, incluyendo cabras y ovejas. Mis hijas estaban pequeñas, y tenían expectación de ver y posiblemente darles de comer a algunos animales.
Para mis hijas, los animales que más les atraía alimentar eran los pequeñitos, un par de cabritas, una era negra, y la otra casi blanca. Tenían sus campanitas colgadas al cuello, y siempre estaban pegadas a su mamá.
Cuando los dueños se acercaron, les decían a mis hijas como acercarse a las cabritas desde la reja, y les dijeron cómo ofrecerles comida. Para que se acercaran. Mis hijas estaban atentas, y hacían como se les enseñaba, contentas y esperando a que las cabritas se acercaran. Pero cuando los dueños se movieron, la atención de las cabritas se fue completamente a ellos, sin importar que mis hijas tuvieran algo para ellas.
En el transcurso del día, fue evidente que las ovejas tenían el mismo comportamiento hacia los dueños. Si ellos se movían, las ovejas les seguían, sin importar quienes les estuvieran ofreciendo nada.
Fue entonces que pude no solo ver, sino experimentar la confianza y el apego de esos animalitos a sus dueños. Tiempo, cuidado, guía, alimento, cariño, era lo que mínimo se les había dado a todos los animalitos de parte de sus dueños. El que mis hijas o yo tuviéramos algo para darles no fue suficiente, ni siquiera para que voltearan a vernos.
¿En qué confiamos tú y yo? O dicho de otra manera, ¿en quién confiamos tú y yo?
Para que esos animalitos confiaran, no tuvieron que escuchar un mensaje para que se convencieran a confiar. Han confiado por que saben que se les cuida, lo saben. Lo saben.
¿Qué es lo que cada uno de nosotros sabemos que nos orienta a confiar en Dios?
A Jesús se le menciona varias veces como maestro, pero en esta ocasión Jesús se refiere a sí mismo como “El buen pastor”, y no como “maestro”.
¿Será por que no se trata únicamente de entender? ¿Será por que se trata también de confiar y seguirle?
Te invito a que hagas una pequeña pausa, y a que respires profundamente.
Pon atención en tu interior.
Sin juzgar, ¿qué notas que surge en ti?
Pausa, y respira nuevamente.
Los animalitos del rancho, no necesitaban que los convencieran para seguir a quienes les han dado cuidado alimento y amor por tanto tiempo.
¿Qué nos dice eso a cada uno de nosotros en cuanto a nuestra postura interna hacia un seguimiento más profundo De Dios?
¿Busco que Dios me convenza con los mejores argumentos a mis dudas?
Si te gustaría confiar en Dios de una manera más profunda, tú le puedes decir a Jesús que te enseñe, él tiene experiencia. Es el cordero de Dios. Así podrás adaptar la frase de Vicente: “¿A dónde voy? A donde va Jesús.”
Marisol
P.D. Podemos escuchar cómo Jesús se presenta como el Buen Pastor en las lecturas del IV Domingo de Pascua, Año / ciclo B.

