¡Qué gusto conectar contigo nuevamente!
Espero que hayas disfrutado el regalo que te ofrecí en la publicación anterior, donde pudiste caminar con Dios, y delinear una guía para lo que te gustaría lograr en este año. Si aún no lo haz hecho, puedes regresar a la publicación anterior, donde encontrarás el regalito, desde lo más profundo de mi corazón.
Ahora que ya tienes una guía en la que te puedes basar para este año, es momento de tenerla presente.
¿Te puedo hacer una pregunta?
Si es así, te quiero preguntar, ¿cómo te sientes cuando hay cambios inesperados y radicales?
Personalmente, hasta antes de noviembre del 2021, no me era muy fácil lidiar con cambios. He tenido la tendencia de ser muy organizada (que lo logre es otra cosa…), y naturalmente tiendo a poner las cosas en cierto orden.
Hablando de planes definidos y de cambios de opinión, hay dos relatos que nos pueden ilustrar diferentes maneras de navegar cambios.
El primer relato es acerca de un personaje llamado Jonás, a quien Dios le pidió dar un mensaje al pueblo de Nínive. El mensaje era que Dios pedía un cambio en su manera de vivir. Jonás, ni quería dar el mensaje, ni creía que el pueblo de Nínive cambiaría.
Jonás sí terminó dando el mensaje (aunque luego de resistirse profundamente, y luego de una gran aventura). Como Jonás asumió que el pueblo de Ninive no cambiaría, Jonás creyó que Dios les iba a castigar. Y Jonás se preparó para “presenciar el castigo.
Y el pueblo de Nínive, sí cambió su manera de vivir, gracias al mensaje de Jonás.
En el segundo relato, Jesús, el carpintero de Nazaret, llamó a varios varones por su nombre, y ellos dejaron TODO. Todo. Todo. Unos dejaron su trabajo en el momento, y otros además de su trabajo, a sus familias. Vaya que si ellos cambiaron de vida…
¿Dejar todo? La primera vez que escuché de esto, lo que me pregunté fue, ¿qué vieron en Jesús, que se atrevieron a cambiar todo en su vida?
He mantenido esta pregunta por tanto tiempo, y fue el 4 de noviembre de 2021 que tal vez pude encontrar una respuesta. Fue en ese día que tuve un operación de emergencia. Donde me retiraron un tumor cerebral. Como he mencionado anteriormente, fue una sorpresa, mi salud se estaba deteriorando, y yo le atribuía los cambios al estrés de la pandemia y a problemas personales. Pero me di cuenta, de una manera muy drástica, que tenía que cambiar algo en mi. Más aún, quise, cambiar.
¿Será que los discípulos quisieron cambiar también?
Fue el querer cuidar de la mamá de mis hijas, es decir, de mi situación de salud la que me motivó a querer cambiar. Y tal vez, fue esa misteriosa y amorosa (al menos así la percibo) presencia de Jesús, la que ayudó a que los discípulos quisieran cambiar toda su vida.
Y aquí está la pregunta, que me sigo haciendo, y que también comparto contigo.
¿Cómo abordamos cada uno de nosotros los cambios en nuestra vida? ¿Cómo abordas los cambios en tu vida?
Acabamos de contemplar el hacer propósitos de año nuevo, con la intención de lograrlos. Sin embargo, sabemos por experiencia que no siempre podemos cumplirlos al pie de la letra.
Jonás, no quería llevar un mensaje de parte De Dios al pueblo de Nínive, y sí lo terminó haciendo (
El pueblo de Nínive, vivía de una manera, y cambió su forma de vivir gracias al mensaje de Jonás.
Dios cambió de opinión, con respecto a Nínive, y ya no hubo castigo.
Unos varones cambiaron su vida al dejar todo por que un carpintero les llamó por su nombre.
¿Cómo abordas el cambio dentro de ti?
En mi caso, quise abandonar todo lo que entendía que era mi vida. Lo quise hacer. Como cualquier persona con hijos puede identificarse, mis hijas son a quienes más amo en esta vida. Y yo quería cuidar de su mamá. Los cambios titánicos que empecé a hacer, fueron motivados por el amor que les tengo a mis hijas.
Te ofrezco nuevamente la pregunta para invitarte a que la lleves a tu oración. ¿Cómo abordas el cambio dentro de ti?
Renegando, como Jonás…
Escuchando y atendiendo como el pueblo de Nínive…
A semejanza de Dios, con compasión viendo el cambio de los demás…
Como los discípulos, por una invitación…
Hay tantas maneras diferentes de cómo abordamos (o no abordamos) el cambio.
Una vez más te invito a preguntarte, ¿cómo abordas el cambio dentro de ti?
Un plan, una guía, nos ofrece regresar a un lugar donde podremos retomar un rumbo luego de navegar cambios, pequeños, grandes, esperados o inesperados. Y si quieres cambiar tu plan, no hay problema, tendrás un lugar desde dónde adaptarte nuevamente.
Un plan no es el destino, es una ruta para retomar el camino desde el último lugar donde estabas.
Y el cambio tal vez no sea una interrupción en el plan, sino una corrección.
El cambio, que para unos puede ser motivo de desorden, tal vez sea un paso intermedio antes de encontrar una nueva manera de organizar, un reajuste.
El pueblo de Nínive se benefició de escuchar a Jonás, así como del cambio de opinión de parte de Dios en destruirles.
Aquellos varones, amigos del carpintero, experimentaron una nueva vida por decidir cambiar y seguirle.
Personalmente, continúo ajustándome a una nueva manera de vivir, que cambia constantemente,
Y ahora, la respuesta más importante viene de ti. ¿Cómo sobrellevas tus cambios? Comparte tu respuesta con Dios.
Gracias nuevamente por tus mensajes directos, les sigo dando la bienvenida. Y si gustas, compártelos también aquí abajo.
Espero conectar contigo pronto nuevamente.
Marisol
P.D. Los detalles de los relatos mencionados los puedes encontrar en las lecturas del III Domingo del tiempo ordinario del ciclo B.

