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Un joven  empresario enfrentaba una situación donde le era difícil de saber qué hacer. Buscó a un hombre sabio, y tuvieron la siguiente plática. El joven expresó:

– No se qué hacer.

– OK, no sabes qué hacer

– Se me presentó esta oportunidad de trabajo, yo hice la propuesta, y parece que sí la aceptaron.

– Ok

– Si siguen las pláticas como hasta ahora, yo estaría viajando mucho. Es algo que me gusta. Pues claro, yo mismo hice la propuesta del proyecto. Y tuvo buena recepción, Los gerentes vieron el beneficio de todo lo que puede ayudar en favor de nuestra empresa, y en mi beneficio también.

– Ok, parece que tiene beneficios para tu lugar de trabajo y para ustedes también, ¿es así?

– (Pausa)  Pues parece, pero no para todos. Mis hijos están aún muy pequeños, y me necesitan mucho aún. Uno de mis hijos tiene esta situación de salud, y mi esposa hace lo mejor que puede con el tiempo que tiene. En mi trabajo me gusta mucho lo que hago, y sería de gran beneficio a largo plazo tanto para la empresa como para mi.

– Entonces sería de beneficio.

– Sí, pero (pausa) no para mi familia.

Lo que este joven luego me compartió, fue que sentía unas ganas tremendas de darle seguimiento a la propuesta que él mismo había hecho en su trabajo. Pero que al mismo tiempo tenía miedo de que su proyecto  se cristalizara. El estaba consciente de la situación en su casa, pues no era que no quisiera a su familia, pero el poder hacer lo que él quería, tenía una gran atracción para él. El tenía una sensación de “querer estar en otro lado”.

Y tú, ¿te has encontrado en una situación similar donde sientes que quieres estar en otro lado? ¿Recuerdas los detalles de la situación?

En cuanto al joven, como su propuesta de trabajo estaba aún en etapa inicial, no había detalles, dándole la oportunidad de imaginarse y proyectar todo lo que él podía aportar. El sabía que contaba con su esposa,  pero que él estuviera viajando tanto, si el proyecto fuera a iniciar pronto, causaría un desbalance muy pronunciado en la etapa de esa joven familia.

En mi caso, la primera vez que recuerdo  una sensación de “querer estar en otro lado”, se remonta a cuando tenía entre 6 y 8 años, cuando estuve en un grupo de niños misioneros. Mis papás vivían en la ciudad de Torreón, y yo tengo vagos recuerdos de un evento al que mi mamá me llevó, era organizado por la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM). Hubo actividades para niños y adolescentes. De manera muy lejana, recuerdo un rosario viviente, y la novedad de los rosarios misioneros. Estos rosarios eran hechos a mano, y cada denario era de un color diferente, representando cada continente. De esta manera, al rezarlo, se pedían por las misiones en todo el mundo. El evento creo que fue en un estadio de baseball.

Dentro del evento había un canto lema que decía:

A todos nosotros la IAM nos convoca, 

Niños misioneros por Cristo a luchar, 

Anunciar su reino, llevar su palabra.

En cada momento y en todo lugar. 

Recordando el evento el día de hoy, ha de haber estado organizado muy bien en cuanto a alcanzar la experiencia infantil, pues recuerdo muchos detalles. Francamente, tal vez haya sido más las experiencias en grupo lo que más me gustó, pues estaba muy pequeña para entender lo que se promovía, que eran las misiones.

El evento fue de dos días, solo fui al primero, y fue el segundo día que no asistí, donde recuerdo esas ganas de querer estar en un lugar donde no me encontraba. Quería “estar allá” de una manera diferente a otras ocasiones.

Al día de hoy, ¿sabes a dónde te gustaría llegar? ¿Sabes dónde te gustaría estar?

Hubo un momento donde Jesús les dice a los apóstoles que vayan a todo el mundo y prediquen el evangelio.  Yo, como niña misionera (así nos llamaron a todos los niños que asistimos al evento(, no tenía la capacidad de entender lo que era “ir a todo el mundo”,, y menos entender lo que era “predicar el evangelio”. Pero, para ti, el día de hoy, ¿qué significa “ir a todo el mundo”, y qué significa  “predicar el evangelio”? Hace tiempo me dijeron  que San Francisco de Asís decía algo así:

– Vayamos a predicar el evangelio, y si hay necesidad, hablamos

Parece que para San Francisco el predicar el evangelio no siempre incluía hablar.

En el lugar donde estas, ¿qué significa predicar el evangelio?

Los apóstoles tomaron las palabras de Jesús de manera literal. Pero no todos somos varones, y ciertamente no vivimos en tiempos de Jesús.

Te invito a que te des unos momentos, y consultes con tu interior, si es que percibes un “lugar” donde tu prediques el evangelio. Ese lugar, ¿está lejos? Ese parece ser el caso de los apóstoles, y del joven empresario que propuso su proyecto de trabajo.

O, en contraste, el lugar donde te sientes llamad@ a predicar el evangelio, ¿está cerca? Ese fue el caso de la esposa del joven empresario. Su llamado no era lejos, su llamado era en casa, con sus hijos, quienes más la necesitaban.

Sea cual sea tu llamado, hay que empezar en algún lugar, ese lugar puede ser precisamente el lugar donde te encuentras.

El joven empresario sí le dió seguimiento a su proyecto, sí se cristalizó y viajó. Solo que lo hizo tiempo después, cuando sus hijos estaban mucho más grandes, y cuando uno de sus hijos ya no tenía una condición de salud que demandaba tiempo adicional de su mamá.

La IAM, no nos “enviaba” a todo el mundo, sino que nos enseñó una manera de cómo orar por las misiones “allá lejos”, en el lugar donde nosotros estábamos, sin “ir lejos”.

Para el joven empresario, no le fue fácil detener su proyecto para cuando fuera el mejor momento para su familia, pues sentía que su lugar profesional “estaba allá”. Pero  él descubrió que ese no era el momento adecuado para su familia.

Nuevamente, sea cual sea tu llamado de “ir “ a predicar, hay que empezar en algún lugar, en el lugar donde estás hoy.

Que el llamado sea eso, un llamado, no una excusa para escaparse de la realidad y del entorno, pues si Dios nos ha puesto donde estamos, tal vez sea por que tenemos una misión ahí..

El lugar donde estamos puede que sea nuestro punto de partida, ¿lo puedes abrazar como eso? Y si llegaras a tener el llamado de “ir más allá”, date permiso de descubrir el momento adecuado para emprender el camino. Si el Espíritu te inspira, desde hoy puedes empezar a orar por esa misión, para eso no hay que esperar ni descubrir el momento o lugar.

Los anhelos más profundos de tu corazón son como una brújula al llamado que Dios te hace. Escucha, discierne, y recuerda que hay que empezar en algún lugar, que es en el lugar en donde estás.

Empecemos por nuestro mundo. Si hay necesidad, hablemos. Que este sea nuestro lugar de partida.

¿A dónde te lleva el anhelo de tu corazón? Compártelo con Jesús carpintero.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de ir a todo el mundo y predicar el evangelio en las lecturas del VII domingo del tiempo de pascua, año / ciclo B.