Dios reconoce lo que ya está en ti

En la universidad donde cursé mis estudios de postgrado, hay un programa que emplea a algunos estudiantes cada ciclo escolar. El beneficio es mutuo, tanto para el departamento del programa de postgrado, como para los estudiantes que obtienen el empleo. A estos estudiantes, les llaman asistentes. 

La coordinadora del programa es una excelente persona, y sabe guiar bien a los asistentes para cubrir las necesidades académicas pertinentes. Los asistentes a su vez, adquieren experiencia en un ambiente profesional, haciendo uso de su formación. 

Entre otras responsabilidades, los asistentes apoyaban a algunos profesores, transmitían información del departamento y de la universidad a las clases en las que ellos participaban, así como coordinaban eventos de enriquecimiento y promoción.

Como cada año hay estudiantes que se gradúan, cada año también hay nuevas personas para este programa.

Mi tiempo de estudiante de postgrado ha sido una de las más grandes experiencias en mi vida adulta. Un reto grandísimo, del que aprendí y sigo aprendiendo. 

Cuando platicaba con algún compañero o compañera que iba más adelante que yo, no perdía la oportunidad de escuchar de ellos en su experiencia buscando balancear su vida, trabajo y estudios. Cada quien, enfrentando y navegando sus retos, encontraban la manera de sacar sus estudios adelante. Y ese era también el caso de los asistentes. Con aquellos que llegué a conversar, terminaban su tiempo con gran orgullo de haber participado en ese programa, habían aprendido algo mucho más allá de lo de sus clases. Dejaba de ser teoría, y tomaba forma y campo de aplicación. 

Al principio de uno de los ciclos escolares, me tocó por alguna razón estar presente, junto con otras personas,  en la primera reunión de los asistentes para ese ciclo. Eso quería decir que no todos se conocían, y habría presentaciones de cada quien, y muy probablemente se asignarían la mayoría delas responsabilidades de acuerdo al área de enfoque de cada participante.

En esa reunión de presentación, la coordinadora del programa dió la bienvenida a todos, mencionó la agenda y procedió a presentar a los asistentes uno a uno. De la manera que presentaba a cada quien era fenomenal. Mencionaba el nombre de cada persona, su experiencia de estudios y trabajo antes de inscribirse a sus estudios de postgrado, así como el área de intereés. Luego describía con delicado detalle el trabajo que cada quien iba a desempeñar.

Wow. Cada vez que uno a uno fueron presentados, podía percibir gran preparación y capacidad de cada uno para poder desempeñar su trabajo con excelencia.  Y no era para menos. Muchos de ellos estarían apoyando al profesorado de una manera directa y cercana. 

Luego de las presentaciones, hubo un comentario en común entre los asistentes:

-Wow, escuchar esa descripción de mi, me hizo sentir importante. Hasta pensé, ¿de quién estarán hablando? Lo quiero conocer.

Como fue un comentario repetido, la coordinadora del programa les dijo con una sonrisa y gran calidés: 

-Pues yo no estoy inventando nada, lo que escucharon es lo que ustedes han logrado. Yo simplemente lo estoy compartiendo con sus compañeros.

Y a ti, ¿te ha pasado que escuchas una descripción de ti mism@ que te es difícil recibir?

En esa reunión, pude percibir que los asistentes, salieron caminando un poco más erguidos, caminando con más seguridad en sí mism@s, y muy comprometid@s y agradecid@s por participar en ese programa.

La coordinadora les repitió una vez más:

-Esto es lo que ustedes son.

En tu experiencia, ¿has querido creer lo que alguien ya ha visto en ti?

¿Has podido creer lo que ya está en ti?

Hubo un momento en el evangelio, en el que Jesús afirma que ese día se ha cumplido la escritura, recibiendo en sí mismo la verdad que el Espíritu de Dios está sobre él. El lo sabía. El lo creyó.

Tú, ¿puedes creer lo bueno que otros ven en ti?

Como Jesús creía y sabía que el Espíritu estaba sobre él, así se comportaba, así actuaba, así hablaba.

Los asistentes hasta levantaron un poco más su postura al escuchar la descripción que la coordinadora daba de cada uno de ellos. Y no solamente eso. Algunos me compartieron que no sabían que sus experiencias y formación podrían sonar tan bien ante otros, y que eso les recordaba que podrían hacer un buen trabajo dentro y fuera del programa.

Jesús, luego de leer el pasaje de Isaías, mencionó que ese día, se cumplía la escritura.  Y su comportamiento lo reflejó.

Los asistentes del programa de postgrado, tomaron un momento para reflexionar y recibir lo que se veía en ellos y esperaba de ellos. Y fue gracias a que la coordinadora del programa les recordó lo que ya eran, que pudieron reflejar con su comportamiento esas características.

Y tú, ¿reconoces tus cualidades y habilidades? ¿Las crees? 

¿Te es posible reflejar esas cualidades y habilidades con tu comportamiento?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero cómo podrías reflejar con tus actos esas cualidades y habilidades que ya están en ti.  Y tal vez, tú también te sorprendas y camines más erguid@.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de Jesús declarando que el Espíritu está sobre él  en las lecturas del III domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.