La manera en cómo terminé en el hospital no fue planeada o anticipada, fue una emergencia.
Cuando llegué a la ventanilla de emergencias, pasaron lo que sentí fueron como tres minutos, y me admitieron para unos estudios iniciales. Físicamente me sentía agotada, tanto que me quedaba dormida fácilmente.
Uno de esos estudios fue una resonancia magnética. Para este tipo de estudios, es necesario que a quien le hacen el estudio entre en lo que parece un tubo grande. El paciente necesita quedarse inmóvil por el tiempo necesario, que para mi fue como de 25 a 30 minutos. Y yo no los sentí, me había quedado dormida.
Cuando terminó el estudio me trasladaron a la habitación. Rcuerdo que la puerta del baño reflejaba la luz del sol de una manera muy brillante. Hasta le había pedido a la enfermera si podía apagar la luz. Algunos momentos después me quedé dormida nuevamente.
Después medio desperté cuando una enfermera se encontraba tomando mis signos vitales. Cuando se dió cuenta que estaba despertando me dijo que en breve la doctora llegaría a darme una información importante.
En esos días, mi cuerpo tenía una pesadés impresionante, y no era solamente por el tamaño de mi cuerpo. Había tenido unos cambios internos que yo estaba por conocer. Lo bueno es que cuando llegó la doctora yo ya estaba mucho más consciente, y lista para escucharla.
Cuando llegó el momento en que la doctora me diera el diagnóstico de los estudios, pensé que estaba lo suficientemente despierta.
Recuerdo que la doctora, lo primero que hizo luego de saludarme cálidamente fue mover un monitor y mostrarme las diferentes imágenes de la resonancia.
Y ahí estaba, una imagen con mi cabeza delineada, y un centro brillante, era un tumor de un tamaño y forma parecida a un huevo, albergado en la base de mi cerebro.
Si no estaba completamente despierta, esta noticia sí terminó de despertarme. Aunque escuché a la doctora, sus palabras no se quedaban en mi memoria. La imagen fue demasiado impactante, y me hubiera beneficiado de una pausa para tratar de procesar. Pero no había tiempo qué perder.
Dos días después estaba en el quirófano. Permanecí casi cinco días más en el hospital. En tiempo de pandemia, en mi soledad tuve tiempo para pensar y buscar el sentido de lo que pasaba.
Uno de los pensamientos que me asaltó fue:
-¿Por qué me traiciona mi cuerpo?
Y tú, alguna vez has tenido el pensamiento de que tu cuerpo te traiciona?
En el evangelio, hay un momento en el que Jesús les dice a los judíos que destruyan el templo, y que él lo reconstruirá en tres días. También la escritura nos dice que Jesús se refería al templo de su cuerpo.
Sabemos que Jesús resucitó al tercer día, restaurando su templo. Es decir, restaurando su cuerpo.
Jesús quería restaurar su cuerpo.
Reconociendo el misterio que es la resurrección del cuerpo de Jesús, ¿podemos tú y yo identificar si queremos cada uno de nosotros reconstruir el templo de nuestros cuerpos?
Según es tu cuerpo hoy, ¿quieres restaurarlo/ ¿te gustaría restaurarlo?
El cómo y el cuándo de ese anhelo le toca a Dios. Y a ti y Ami, a cada uno de nosotros nos toca el querer como primer paso.
Aquellos pensamientos que tuve especialmente durante mi estancia en el hospital, acerca de que mi cuerpo me estaba traicionando me evocaron una sensación de desconfianza. El sentido conmún nos dice que el sentirse traicionado no nos da necesariamente una razón para confiar. A mi no me la dió.
¿Y tú, confías en tu cuerpo?
¿Puede tu cuerpo confiar en ti, en que no lo traicionarás con desconfianza?
Sigue siendo un llamado continuo, el querer reconciliarme con mi cuerpo. Pues ahora soy yo quien no quiere traicionarlo.
¿Cuál es la relación que tienes con tu cuerpo?
¿Desconfías de su desempeño?
¿Quieres reconciliarte de alguna sensación de traición o desconfianza?
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero tu relación con tu cuerpo. Y tal vez, quieras trabajar con Jesús en restaurar esa relación.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de la restauración del templo del cuerpo, en las lecturas de la fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán, año / ciclo C.

