Encontrando consuelo entre nosotros 

Cada uno de nosotros seguramente hemos tenido mínimo una experiencia muy dura e intensa en lo que se refiere al sufrimiento.

De manera personal, a mi se me empalmaron dos durante la pandemia. Una de ellas fue la operación de emergencia para removerme un tumor cerebral, y la otra fue a nivel personal. 

¿qué tan recientemente tuviste la tuya?

No es que antes de estas experiencias no hubiera nunca tenido experiencias duras, pero estas que se empalmaron eran bastante duras en sí mismas.

No sabía qué hacer con cada experiencia, pues cada una era bastante difícil.

Anhelaba tanto compañía respetuosa y amorosa, y era muy difícil, especialmente por la pandemia. En esos tiempos éramos muchos pasando situaciones mucho muy difíciles.

Anhelaba consuelo, apoyo moral, presencia de la que pudiera percibir un respaldo de seguridad. 

A quien le fue posible, me la brindó. Y les estaré por siempre agradecida. Sus palabras, llamadas, mensajes, visitas, fueron realmente un bálsamo a mi alma.

Y tú, ¿has tenido la experiencia de ser apoyad@ en tiempos difíciles?

Le pido a Dios que sí.

Es tan fácil querer culpar a alguien o algo en nuestros momentos de sufrimiento, que muchas veces hasta Dios la lleva.. Ya sea que le culpemos por lo que interpretamos que hace, o que no hace.

En tu experiencia,, ¿has tenido momentos en los que culpas a Dios o a otros por lo que te sucede?

Es probable que Dios nos invite a sobrellevar las experiencias difíciles, como las del sufrimiento, de diferente manera.

Gracias a que un gran amigo pudo él mismo sobrellevar sus propias experiencias de dolor sin culpar a nadie, fue que él me pudo ofrecer gran consuelo en esos momentos tan difíciles en mi vida. Y de esa manera, él le dió un sentido muy profundo a su sufrimiento.

El pudo transformar su sufrimiento en consuelo para otros, incluyéndome a mi.

Te invito a que traigas a tu mente y corazón a alguien de quien hayas recibido consuelo durante alguna experiencia dura en tu vida. También te invito a que le agradezcas a Dios por su persona, y por su valor a sobrellevar, sanar y transformar su sufrimiento.

El consolara nuestros semejantes es algo a lo que somos todos llamados, así como a promover con firmeza la justicia. 

El sufrimiento no es necesariamente un castigo de Dios por no haber hecho “algo bien”, ni la falta de sufrimiento es un premio. Son experiencias que forman parte de la vida.  Y el sufrimiento también formó parte de la vida de Jesús.

Al transformar el propio sufrimiento, es que podemos, de una u otra manera, en pequeña o gran medida, consolar a otros.

Si el Espíritu te inspira, pregúntale a Jesús carpintero cómo podrías transformar tu sufrimiento, y consolar a quienes lo lleguen a necesitar.

Marisol 

P.D. Podemos escuchar acerca del llamado a consolar en las lecturas del bautismo del Señor, año / ciclo. C.