Había ya algunos meses que la pandemia había comenzado. La incertidumbre estaba presente en el ambiente. No era prudente vernos como estábamos acostumbrados. Fuera de nuestros hogares, la comunicación tomó un giro digital en audio y video.
En una ocasión, tenía una cita en video llamada a eso de las nueve de la mañana. Me levanté temprano, y quería prepararme lo mejor posible, pues la cita la habíamos hecho con un mes de anticipación
Preparé lo que me correspondía, y entonces empecé a acomodar el espacio. Mi computadora no estaba funcionando bien, por lo que me propuse acomodar un espacio adecuado para la video llamada desde mi teléfono.
Puse una mesa pequeña, una base para no tener mi teléfono solo en las manos, puse mis notas al otro lado, y cerré los ojos. Buscaba repasar mentalmente una vez más mi parte.
Pasaron lo que sentí fue como unos tres minutos, ví el reloj y eran pasadas las nueve.
-¿Qué? ¿Son las 9:25? ¿Cómo puede ser?
Se me fue el tiempo, y ni cuenta me di.
Y a ti, te ha sucedido que se te va el momento sin darte cuentadel todo?
Para mi,ese lapso de tiempo fue obviamente más de tres minutos. Me había quedado dormida.
Revisé mi teléfono, y había recibido dos video llamadas y un mensaje de texto de la persona con quien me iba a reunir, y no escuché las notificaciones.. Le marqué inmediatamente, y no me contestó. Supuse que se ocupó en otras actividades.
En mi mensaje de texto, me disculpé profundamente , y le pedí otra cita. Cuando le fue posible, la persona me respondió con otra fecha.
Me sentí tan mal, por dos razones. La primera, ¿Cómo fue posible que me haya quedado dormida tan profundamente con algo que era tan importante para mi? Y como segundo punto, me dio mucha vergüenza con la persona con quien tenía la cita.
Algunos meses después, salió a la luz que mi estado de salud no estaba bien. Tenía un desbalance interno muy agudo, que dio lugar a que tuviera un cansancio espantoso a toda hora del día.
Meses después, me encontré en el hospital por una semana atendiendo a mi salud. Mi cuerpo tomó tiempo para retomar el balance adecuado. ¡Y ya no me quedo dormida! Haha…
En un contraste diametralmente opuesto,, al regresar del hospital, dureé casi una semana sin dormir. Los médicos no me pudieron dar una razón específica de por qué no podía conciliar el sueño.
En esas noches en vela, tuve muchas oportunidades para pensar y sentir muchísimas cosas que no podía antes por todo el tiempo que mi cuerpo me pedía dormir.
Físicamente, estaba muy, muy cansada, pero había algo profundamente diferente. Aunque tenía malestar físico, mi mente tenía mucha claridad. Estando despierta, podía estar atenta.
En tu vida, ¿cuáles han sido las circunstancias cuando has podido estar realmente atent@?
Hay un momento en la escritura en el que Jesús nos dice que estemos despiertos. En tu experiencia, ¿cómo es para ti el estar despierto?
Mas allá del sentido común, al estar dormida no podía ni siquiera percibir el paso del tiempo. Al estar despierta, podía yo estar un tanto más atenta.
¿Cómo podrías tú permanecer un poco más despiért@, y por consecuencia más atenta@?
En la temporada en la que me quedaba dormida hasta en los momentos que no quería, al estar despierta tenía una sensación de urgencia y desesperación.
¿Cuál es tu experiencia al estar despiert@?
¿Qué será lo que Jesús quiere que tú percibas al estar despierta?
Si el Espíritu te inspira, pregúntale a Jesús carpintero cómo puedes estar despierta@, y qué quiere que mejor percibas.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de la invitación de Jesús a estar despiert@s en las lecturas del I domingo del tiempo de adviento, año / ciclo C.

