La sociedad se vio completamente interrumpida en marzo de 2020, cuando muchos países cerraron sus fronteras, así como pusieron reglas de distanciamiento social tratando de prevenir que una enfermedad altamente contagiosa y desconocida se siguiera esparciendo..
Era en algún mes de 2018 que recuerdo que mi hija Jessica mencionó que “algo malo pasaría en el 2020”. Y que solo hacía falta ver la historia para esperar algo.
Su comentario se me hizo interesante, pero la verdad poco probable.
En el otoño del 2019 yo había empezado a coordinar un grupo de adolescentes en preparación para su confirmación, y recuerdo mucho a uno de los estudiantes, que comentó el miedo que él tenía por esa enfermedad que se estaba esparciendo en Asia. Conforme iban pasando las semanas, y se iban conociendo las consecuencias de la enfermedad misteriosa, los comentarios de inquietud subían en cantidad e intensidad.
Los cambios que se fueron desencadenando fueron tan extraños, eran como de una película lejana y ajena.. Personalmente, me costaba mucho imaginarme el que estuviéramos confinados en nuestros hogares por mas de dos semanas.
Y sin embargo sucedió.
¿Cuál fue tu experiencia al darte cuenta que la pandemia no era algo típico o predecible?
A tod@s nos tocó adaptarnos de alguna o de otra manera, ya fuera en acuerdo o desacuerdo, pero la situación nos tocó a tod@s.
Los servicios, comercio, industrias y trabajos se vieron alterados. Quienes pudieron, hicieron transición a servicios en línea. Y muchas personas perdieron sus trabajos.
Y no pasó mucho tiempo antes de que los contagios cercanos empezaran a brotar. Luego de contagios, algunos experimentamos pérdidas de personas cercanas, enfermedad en carne propia, y/o secuelas en la salud.
Muchas personas se preguntaron:
¿Dónde está Dios?
¿Tú te llegaste a hacer esa pregunta?
Personalmente, la mente articulaba algo, y sim embargo la inquietud seguía. El confiar no era algo natural en esa etapa.
En uno de los salmos, la escritura dice que Dios es fiel, da pan, livera, sana, alivia, ama, cuida y da sustento,
¿Cuántos de nosotr@s no fuimos objeto del amor De Dios de una o de otra manera?
Tal vez recibiste algún tipo de provisión, apoyo o ayuda.
O tal vez la diste a alguien más.
Si así fue, tú extendiste tus manos, recursos y bienes y le prestaste tus manos y recursos a Dios, y Dios actuó en ti para realizar lo que dice el salmista.
Y tú, ¿cómo has experimentado que Dios es fiel, da pan, livera, sana, alivia, ama, cuida y da sustento,¿ ¿En lo esperado¿ ¿o en lo inesperado?
No ha de ser coincidencia que la escritura también nos dice que no solo pongamos atención a quien lo necesita, sino que nos preocupemos por las desgracias de nuestr@s herman@a.
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero tus gracias y necesidades. Y tal vez, percibas que tus acciones de gracia pueden ser recibidas como la promesa cumplida de Dios para alguien más, mientras Dios también suple para ti.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca del llamado a servir a quien tiene necesidad en las lecturas del XXVI domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.

