En una ocasión llegué a una reunión con aproximadamente 10 minutos de anticipación. Dos personas ya estaban ahí, acomodándose y preparándose con sus cuadernos. Luego de saludarme, ellos continuaron con la conversación que habían ya empezado desde antes de mi llegada, y me dieron una introducción de lo que estaban hablando.
La reunión era en la semana de pascua, es decir,, acabábamos de celebrar el domingo de resurrección.
Una de las personas contaba que había participado algunas semanas antes en un retiro, y que hubo una actividad que fue de mucho impacto para quienes estaban ahí.
Antes de proceder a dar los detalles de su experiencia, la otra persona también compartió brevemente cómo ella había vivido la Semana Santa. Para ella, había sido muy diferente a otros años, pero que había encontrado en los servicios parroquiales mucho consuelo, particularmente en una situación personal que estaba atravesando.
Después la primera persona compartió el impacto de una actividad en el retiro en el que participó.
Era una actividad, en la que cada participante escribía su propio obituario. En un ejercicio de imaginación en un contexto de oración, escribían lo que ellos anhelaban que se llegara a leer cuando fuera su misa de cuerpo presente.
Como los participantes ya habían tenido algún tipo de preparación para esta actividad, se involucraron completamente, y participaron con toda su intención. Muchos quedaron tan conmovidos, que salían lágrimas de sus ojos. Esta actividad los llevó a revaluar sus vidas de una manera muy profunda.
Se honró el momento, y quienes quisieron líbremente compartieron lo que surgió en ellos.
Luego de algunos momentos de silencio, se les presentó la última pregunta:
–Ya que “has muerto”, ¿qué vas a hacer con el resto de tu vida?
Cuando yo escuché esta pregunta, se me erizó la piel.
En la escritura, se menciona cómo María Magdalena y la otra María iban en busca del cuerpo de Jesús para embalsamarlo. Y en gran contraste, Jesús en vida les salió al encuentro. Y ellas, menciona la escritura, estaban llenas de temor y de inmensa alegría.
¿Será que después de enfrentar muertes internas, tú y yo podemos vivir también con inmensa alegría?
Y con la actividad en ese retiro, esa era la pregunta. ¿qué vas a hacer con el resto de tu vida? ¿Puedes vivirla con inmensa alegría?
En el triduo pascual se nos invita a participar en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Si has tenido la experiencia de “morir” a algo dentro de ti, ¿te has preguntado cómo vas a vivir “el resto de tu vida”?
¿Te has preguntado cómo vivir luego de participar en el misterio de la resurrección?
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero a qué quisiste morir en la cruz. Y tal vez, descubras que puedes vivir una nueva vida, llena de inmensa alegría.
Marisol
P. D. Podemos escuchar acerca de la resurrección de Jesús en las lecturas del domingo de pascua, año, ciclo A.

