Notando lo que hay en el entorno

De niña, uno de los cambios de residencia que viví con mis papás y hermano fue de la ciudad de Zacatecas, a la ciudad de Torreón. Un viaje dentro de México de entre cinco y seis horas aproximadamente.

Mis papás habían ido con anticipación a Torreón para buscar lo que sería nuestro nuevo hogar. 

Una vez ya en la nueva casita, no recuerdo el cambio en sí, es decir, no recuerdo el que hayamos entrado con las cajas y muebles. Lo que sí recuerdo es estar dentro ya con las cosas mas o menos en su lugar. Del proceso de acomodarnos e instalarnos no recuerdo casi nada. 

Lo que sí recuerdo, son las primeras noches al querer dormir.  No me era muy fácil. ¿La razón? Había una serie de sonidos que no sabía qué era. Yo me preguntaba:

-¿Cómo pueden dormir los vecinos en este ruido tan raro?

Y de pilón, escuchaba a mi papá roncar tan agusto desde su recámara.

Luego de algunos días de que se me dificultaba dormir, me acordé de preguntar:

-Mamá, ¿qué es ese ruido por la noche?

-¿cuál ruido?

-Pues no se, es un ruido que se oye muy fuerte, pero que no me deja dormir rápido. ¿No lo oyes?

-Ay mijita, termino tan cansada del día que ni cuenta me doy. Apenas si escucho a tu papá roncar… Hoy por la noche, cuando lo empieces a escuchar me dices.

-Okay mami.

Como estaba tan sorprendida de que mi mamá no lo escuchara, empecé a poner atención a qué hora se empezaba a escuchar el ruido. Y me di cuenta, que empezaba al obscurecer.

Inmediatamente le dije a mi mamá:

  • ¡Mami mami, ahí está el ruido!
  • ¡Ahhhhhh! Mija, esas son las ranas del lienzo charro.
  • Hmmm, ¿las ranas del lienzo charro?
  • Sí mija, estamos a media cuadra del lienzo charro, ahí hay mucho espacio abierto. En la temporada de lluvia, como estamos ahorita, salen las ranas y se ponen a cantar en la noche.
  • Ijole  mas bien gritan… 

Mi mamá estaba tan cansada cada día por el cambio y encontrar un lugar para cada cosa, que terminaba totalmente rendida y ni cuenta se había dado del croar de las ranas. Para mi era como escuchar a un cantante de ópera cantándome al oído, jajaja. No me cabía en mi pequeña cabecita el por qué ella no lo escuchaba.

Pasando varios años, la situación curiosamente se invirtió.

Al iniciar mi vida adulta y salir de casa, yo también me cambié de ciudad. Luego, también me cambié de una  casita a otra. 

La primer casita, estaba muy cerca de un aeropuerto, y también de unas vías del tren. Pero el aeropuerto era lo que más notábamos. El sonido del despegue y del aterrizaje eran bastante fuertes. Al rededor del aeropuerto habían instalado unos páneles para dentro de lo posible minimizar el sonido tan intenso.

Al pasar de los meses, y luego los años, nos fuimos acostumbrado al sonido que nos “volvimos sordos”. El sonido era tan familiar que ya ni lo notábamos. Era hasta cuando mis papás visitaban y lo comentaban que lo volvíamos a notar.

Y la escena se volvió a repetir una vez más.

Al siguiente cambio de domicilio, estábamos aún cerca del aeropuerto, pero ahora más cerca de las vías del tren.

Cuando mis papás visitaron la primera vez en esta nueva casita, mi mamá se asustó tanto cuando se estaba quedando dormida. Resulta que en esta ruta pasan tanto trenes de pasajeros como trenes de carga. Y es a eso de casi las 10 PM que uno de los trenes de carga pasó.

Mi mamá no solo escuchó el ruido del tren, sino que también sintió la gran vibración. El tren venía tan cargado que sacudía ligeramente la estructura de madera de la casita, y mi mamá pensó que estaba temblando.

Y al día siguiente ella fue la que me dijo:

  • Ah mija, ¿cómo puedes dormir con ese estruendo?

Para nosotros en casa, ya habiendo estado por algunos meses ya nos habíamos acostumbrado. Pero el escucharlo nuevamente de mi mamá reorientó mi atención a estos sonidos y vibraciones que no se habían ido a ningún lado, simplemente ya no les ponía atención.

Y a ti, ¿te ha pasado que estás tan acostumbrad@ a algún sonido, estímulo o presencia de alg´n ser querido que ya casi ni lo notas?

En la escritura, el salmista nos dice:

-Señor, que no seamos sordos a tu voz

No estoy segura que alguien que se siente amad@ por dios quiera o busque ser sord@  (o querer ignorar) a la voz de Dios.

En mi práctica de dirección espiritual, es precisamente esta área una de las  que surge con más frecuencia, el buscar ser sensibles a la voz De Dios.

Cuando yo escuchaba a las ranas como una serenata de un cantante de ópera al oído, mi mamá no las escuchaba por el cansancio.

Cuando yo ya no escuchaba ni los aviones ni el tren, era por que ya estaba tan acostumbrada que aunque sí los escuchaba, no los notaba.

¿Hay algo que tal vez te impide escuchar la voz De Dios que ya está ahí? ¿Cansancio, costumbre, falta de atención o voluntad?

¿Escuchas y notas la voz de Dios en tu entorno?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si es que puedes (y es que quieres) escuchar la voz de Dios. Y tal vez, quieras notar con más detalle lo que hay en tu entorno.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de la invitación a notar la voz de Dios en las lecturas del XXVII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.