Prepararme para crecer

Cuando estaba en 2o. Grado de primaria, recuerdo que nos pusieron una actividad que me dejaba fascinada. La maestra nos pidió que lleváramos un frasquito de Gerber (frasco vacío de papilla para bebés), que era un tamaño pequeño, algodón, y 3 frijolitos. El propósito de la actividad era que nosotros viéramos cómo las semillas de frijol germinaban en las condiciones adecuadas.

Una vez que llevamos nuestros artículos, la maestra nos decía que pusiéramos el algodón dentro del frasco. No se trataba de poner demasiado, ni tampoco una pelusa. Se trataba de poner lo suficiente para que llegara como a la mitad, y que no estuviera a presión. Luego nos decían que pusiéramos los frijoles en medio del algodón, tratando de que estuvieran un poco separados. El siguiente paso era ponerle unas gotitas de agua. Una vez que todo el grupo tenía sus frascos listos, era hora de ponerlos al pie de la ventana del salón. Como cada frasco tenía el nombre de cada quien, ya sabíamos cuál era el propio.

Los primeros días, cuando entrábamos el salón, algunos iban directo a buscar su frasco, para ver si ya había germinado. El frijol, solo para estar decepcionados por la “falta de resultados”. Eramos pequeños, e impacientes.

Al pasar algunos días, algunos de los frijoles que se alcanzaban a ver en medio del algodón, se veían más gorditos, y otros “como que empezaban a sacar la lengua”, al menos eso era lo que decíamos. Había otros frascos que tenían el frijolito cubierto por el algodón completamente, por lo que no se podía ver si el ffrijolito sacaba o no la lengua. Después entendimos, que no era que el frijolito estuviera sacando la lengua, sino que empezaba a germinar. Pero en esos frascos que no se veía bien el frijolito, no podíamos saber qué estaba pasando.

Pasando más días, algunos de los frascos empezaban a dejar ver claramente el tallo del germinado, y el dueño del frasquito además de estar orgulloso, lo presumía a quienes estaban cerca.

Después de aproximadamente dos semanas, y siendo constantes con las instrucciones de la maestra en mantener el algodón húmedo, llegó el momento de que cada quien  tomara su frasco, y de que recibiéramos la conclusión de esa lección.

Para que la semilla germine, ha de contar con ciertas condiciones ideales: suficiente tierra (que en nuestro caso era algodón); suficiente agua; y luz.

Al cada quien tener su frasco, era imposible no comparar lo que encontramos. Algunos frascos, aún después de las dos semanas que aproximadamente duró la actividad, apenas estaban germinando. Otros, tenían su tallo que se empezaba a asomar en medio del algodón. Y otros, tenían unos tallitos largos y un poco gruesos, que salían no solo del algodón, sino del frasco.

La pregunta de todos nosotros de quienes los frijolitos no germinaron tan rápido, fue ¿por qué?

Para quienes los frijolitos no germinaron, era imposible no comparar los tallos, y pensar que habían hecho algo mal. La maestra fue muy clara, que no era que hubieran hecho necesariamente algo mal. Explicó que aún que los frijoles fueran todos iguales, no necesariamente tenían por qué germinar igual.

Si todos los frijolitos germinaron, la verdad no recuerdo. Pero sí quedé fascinada por el misterio de que unos sí germinaron, y otros apenas se abrieron.

En tu vida, ¿sientes que has dado fruto? ¿Comparas esos frutos con los de alguien más?

Me ha tocado saber de personas que pueden ver los frutos de sus esfuerzos, así como de otras que en ese momento han sentido que no han “tenido suerte” por no tener frutos que mostrar y qué compartir con los demás.

¿Cuál es tu experiencia?

En esa actividad escolar, todos los frijolitos se pusieron a germinar al mismo tiempo, en condiciones similares, y juntos. Pero en nuestras vidas, es completamente diferente.  Cada quien tenemos un momento, lugar y entorno diferente, y sería injusto cquerer comparar nuestros frutos cuando no tenemos las mismas raíces.

Hay árboles maduros que parece que ya no darán fruto, y vuelven a dar fruto. Hay plantas jóvenes que necesitan tiempo para dar frutos. Y hay otras plantas que darán fruto en mejores condiciones.

La maestra nos dijo, que era necesario tierra, agua y luz adecuadas para que los frijolitos germinaran. ¿Cuál es tu equivalente de estos elementos, para que des fruto en el momento adecuado?

O dicho de otra manera, ¿qué necesitas para crecer?

Cuando hemos tenido la oportunidad de revisar y cambiar lo que sabemos que podemos cambiar, y aún no vemos fruto, tal vez sea solo confianza y tiempo lo que sea necesario.

Y recordemos, que el crecimiento también toma lugar en la obscuridad. La semilla se abre dentro de la tierra, y un embarazo, dentro del vientre de mamá.  Fue en la obscuridad que Jesús mencionó que un hombre sembró la semilla, para después, encontrar que había germinado.

Si el Espíritu te guía, tú puedes preguntarte junto con Jesús carpintero, ¿qué necesito para crecer?

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca del crecimiento en las lecturas del XI domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.