Las consecuencias fisiológicas de haber tenido un tumor cerebral benigno por aproximadamente 30 años fueron sutilmente progresivas en mi vida. Hubo muchos cambios en diferentes áreas del funcionamiento de mi cuerpo.
Como estos cambios empezaron varios años antes de yo cumplir 20, fue hasta el día de la operación, que más dela mitad de mi vida que mi cuerpo había estado sobrellevando esos cambios y consecuencias.
Era algo que literalmente no pude haber visto, o anticipado. Las consecuencias más críticas que me llevaron a buscar cuidado médico pasaron durante un momento personal difícil en mi vida, que se empalmó con la pandemia. Los síntomas que tenía los asumí como parte de ese momento.
Después de la cirujía, el equipo de especialistas fueron describiendo el tratamiento a seguir, y también aprovechaba para hacer mis preguntas.
Varios doctores me preguntaron:
–¿No tenía usted dolor de cabeza?
Y no, no tenía dolores de cabeza, Tenía otros síntomas, pero no dolor de cabeza.
En retrospectiva, uno de los aspectos que ahora sí puedo identificar que fue muy pronunciado, fue depresión. Sin embargo, no pude haberlo sabido, pues ese era ni estado interno “normal”, no tenía con qué compararlo.
Sí tuve momentos de alegría, solo que no sabía que estaban dentro del marco de una depresión crónica y progresiva.
Al día de hoy, ya varios años después de esa cirujía, puedo tener perspectiva de mi manera de ver la vida. A nivel visceral, puedo conocer , experimentar y hasta disfrutar lo que es la vida sin depresión. Hoy por hoy, puedo disfrutar la vida, que antes no podía ni siguiera reconocer. Ya estaba ahí, pero no podía disfrutarla.
En la escritura, hay un momento en el que se describe que el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros.
Y tú, ¿puedes percibir que Dios habita entre nosotros?
Los síntomas de depresión que experimenté no me permitían percibir que Dios ya habita entre nosotros en su plenitud. La soledad interna que experimentaba era abismal. Que en ese entonces yo no tuviera la capacidad fisiológica de percibirlo es otra cosa diferente. Y Dios sí, habitaba y sigue habitando también en mi vida.
Me fue tan fácil desestimar esa “presencia entre nosotros” debido a mi estado. Y dela misma manera es posible desestimar que Dios sigue habitando entre nosotros cuando ponemos atención a tantas cósas difíciles que pasan en nuestro mundo.
Y es en este mundo, donde Dios ha querido habitar. ¿Lo puedes percibir?
¿Lo quieres percibir?
Antes de que me operaran, dentro de esa soledad abismal que sentía Dios habitaba ahí.
Dentro de nuestro mundo desordenado, complicado y con dolor, Dios habita entre nosotros.
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero cómo podrías abrir tu percepción a su vida en tu vida. Y tal vez, descubras que está más presente de lo que te has dado cuenta.
Marisol
P. D.: Podemos escuchar acerca de que Dios habita entre nosotros en las lecturas del II domingo del tiempo ordinario, año/ciclo A.

