En mi actividad pastoral, anteriormente estuve involucrada con vari@s compañer@s con un gran corazón para servir en sus comunidades. De una pareja en particular yo había escuchado desde tiempo antes, y yo les tenía gran admiración, sobre todo por la labor que hacían por medio de la música.
El era director musical y su esposa cantaba precioso, participando juntos ocasionalmente en algunas actividades. La razón por la que no siempre cantaban y tocaban juntos era que ella, además de madre de familia, también tenía otras responsabilidades.
Para muchos otros y para mi, su ejemplo de familia y servicio pastoral era realmente admirable. Y Personalmente, sus ejemplos eran más significativos para mi porque ambos eran super talentosos .
Al pasar del tiempo, poco a poco se dió que nuestras actividades empezaron a combinarse, y había temporadas en las que trabajábamos en conjunto. Esas experiencias fueron muy valiosas para mi, pues aprendí tanto de quienes yo admiraba muchísimo.
El contacto frecuente poco a poco fue estrechando la amistad, y nuestras conversaciones también fueron cambiando, pues tomaban un tomo cada vez más personal y cercano al corazón.
El tiempo siguió pasando, y la cercanía y confianza crecían.
Hubo una ocasión, que después de estar en un ensayo preparándonos para un evento, tomamos un tiempo de convivencia. Platicábamos de una cosa y otra, y otra., y otra. Como ya nos teníamos más confianza, el ambiente era mucho más relajado. En este día, la conversación tomó un giro que no había surgido anteriormente. Terminamos hablando de lo que es justo, y no es justo a los ojos de Dios (un tanto irónico).
El comentaba que ellos habían trabajado arduamente por varios años, haciendo lo mejor que podían, y esperaban tener cierto reconocimiento y recompensa de parte de Dios en lo que ellos consideraban el tiempo adecuado. El diálogo siguió, y luego de seguir profundizando en el tema, él dijo:
-No creo que sea justo que Dios perdone y recompense a quienes se arrepienten a último momento, ¿y nosotros que hemos invertido tanto esfuerzo y tiempo en hacer lo correcto? ¿Se va a la borda?
En ese momento nunca me hubiera imaginado esa postura. Nunca la había escuchado expresada en voz alta por nadie. Lo único que había escuchado era acerca del perdón De Dios, pero nunca había escuchado que alguien criticara la generosidad e incondicionalidaddel perdón.
Y tú, ¿alguna vez has pensado que Dios es injusto?
Algo que luego surgió en la plática, fue un sentido de trabajar hacia algo en un futuro solamente, y el presente no parecía tener la misma importancia. Y esto también era un tanto confuso.
-¿El perdón de Dios tiene caducidad?
-¿Es sano para nosotros ponerle fecha a Dios cuándo puede o no puede perdonar a otros?
Nos volvemos como el Dios a quien adoramos.
Si creemos en un Dios que perdona hasta “allá más delante”, ¿será que haremos lo mismo con nosotr@s mism@s y con los demás? ¿Nos ponemos a nosotr@s mism@s(y a los demás) condiciones para recibir amor?
En la gran conocida parábola del hijo pródigo, el hijo mayor le reclama a su padre que nunca le ha dado un cabrito para comerlo con sus amigos, haciendo una clara y drástica comparación con lo bueno que es él, y con lo malo que su hermano ha hecho. Este diálogo, lo tiene con su padre luego de que se hace una gran fiesta por que hijo menor ha regresado luego de gastar su herencia en vida.
La primera vez que tú escuchaste esta parábola, ¿te identificaste con uno de los hermanos?
Sería (es) muy fácil condenar al hermano mayor. Sin embargo, te has preguntado ¿por qué Jesús lo menciona en la parábola?
Tal vez no se trata de condenarlo, sino de relatar que esa experiencia existe, que sucede, que nos puede pasar.
Recuerdo que la conversación con aquellas personas que admiraba profundamente tuvo gran impacto en mi. Yo consideraba inconcebible el nisiguiera cuestionar a Dios. Y ellos sí. Ellos tenían una relación más cercana con Dios que la que yo tenía en ese entonces.
¿Qué tanta confianza tienes hoy con Dios? ¿Podrías regresar a casa enfrentando tu conciencia? ¿Sienes la necesidad de “reclamarle” algo antes de acercarte a su amor?
En la parábola, el hijo menor es recibido con un banquete a su regreso. Y al hijo mayor, el padre le recuerda:
-Todo lo mío es tuyo.
Y tú, ¿qué necesitas? ¿regresar a su amor? ¿recordar que todo también es tuyo?
Si el Espíritu te inspira, pide a Jesús carpintero que te apoye a descubrir lo que necesitas. Y tal vez, te encuentres con él en un banquete, y escuchando que Dios te dice “todo lo mío es tuyo”.
Marisol
P.D.: Podemos escuchar acerca de la parábola del hijo pródigo, en las lecturas del IV domingo del tiempo de cuaresma, año / ciclo C.

