Recordar es volver a vivir

Antes de la existencia de las cámaras en los teléfonos celulares inteligentes, había unas cámaras fotográficas digitales. Y aún antes de esas cámaras digitales, existían cámaras a las que se les tenía que insertar rollos para que capturaran la imagen. Algunas cámaras también necesitaban un cubito, que se insertaba para dar el flash. Ese cubito duraba 4  tomas máximo. Terminado el rollo, de 12, 24 o 36 tomas, había que llevarlo a un lugar para que revelaran las fotografías. Donde recuerdo que mi papá los llevaba a revelar eran unas tiendas de la marca Kodak, donde además de revelar las fotos, vendían las cámaras, rollos y todo tipo de accesorios.

El proceso de revelado no era instantáneo, había que esperar varios días. Algunas veces sí me tocaba acompañar a mi papá a recoger las fotografías. Siempre había una fila de personas esperando su turno, y yo me sentía impaciente para ya ver las imágenes.

Como cada rollo tenía un número limitado de tomas, el prepararnos para tomar una foto era un evento en sí mismo, al menos en mi casa. A mi mamá le gustaba que todo saliera como de revista. Todos peinados, ropa limpia, sonrientes, y volteando intencionalmente a la cámara. Como no había manera de saber si el momento había sido capturado “bien”, pues tocaba confiar que todos estábamos sonrientes y volteando a la cámara.

No era sino hasta cuando sacábamos las fotografías reveladas del sobre amarillo, que descubríamos que alguien no estaba volteando a la cámara, que alguien tenía los ojos cerrados (casi siempre mi mamá), que alguien se estaba picando la nariz, o que la foto se tomó un poco antes o un poco después de todos estar listos.

El ver las fotografías se convertía entonces en una experiencia de risas, críticas, quejas de cómo salía uno por que quien tomó la foto no contó bien, hasta el carcajearnos por que el momento capturado en la imagen fue gracioso.

Fue en esos momentos, que entendí claramente el lema de Kodak, “Recordar es volver a vivir”.

Teníamos algunos álbumes fotográficos familiares, que íbamos llenando conforme íbamos teniendo algunas fotos. En las diferentes páginas, se podía ver el paso del tiempo de acuerdo a las edades de mi hermano y mía. En las primeras hojas, nos veíamos chiquitillos a comparación de las últimas. Personalmente, encontraba gran alegría y ternura cuando nuestras fotos eran de cuando éramos bebés. Cada vez que sacábamos el album, mi mamá contaba el momento en que la foto fue tomada.

Era el compartir, el hablar de los momentos en los que las fotografías fueron tomadas, donde la experiencia capturada, tomaba vida nuevamente.

¿Qué es lo que tú y yo hablamos, compartimos con los demás con más frecuencia? ¿Cuál es la experiencia, con o sin fotografía, que al compartirla  “traes a la vida”?

Hubo unn part de amigos, que sin darse cuenta en el momento, se encontraron a Jesús resucitado. Convivieron, hablaron, escucharon, y hasta cenaron con él. Una vez que se dieron cuenta que ese forastero era Jesús, este par de amigos, fueron a compartir esta experiencia con los discípulos, y oh sorpresa. Jesús se les aparece nuevamente.

Parece que Jesús llevó el lema de Kodak a una nueva dimensión. Al momento de los amigos recordar y contar sus experiencias, literalmente lo volvieron a vivir.

¿Qué es lo que tú y yo nos repetimos con mayor frecuencia? ¿Qué es lo que cada uno de nosotros re-vivimos al contarlo una y otra vez?

Los discípulos compartieron y revivieron la experiencia. Jesús se les aparece, ofreciendo sabiduría, y tal vez algo más importante, perspectiva. Jesús explica las escrituras, les abre el entendimiento. Es entonces, que para los discípulos, tal vez todo toma otro sentido.

El pasado les dio perspectiva, ofreciendo un nuevo sentido en su presente, y recibiendo nueva dirección para su futuro.

Cuando tú y yo compartimos algo que nos pasó con alguien, con qué nos quedamos, ¿nostalgia, perspectiva?, algo más

El hecho de que se les haya aparecido en ese momento, quizás sea una invitación a que se quedaran en el presente. Y tal vez sea una invitación para nosotros también.

Hay gran valor, en recordar, y en volver a vivir. ¿Qué es lo que queremos “volver a vivir”?

Sea lo que sea, parece que Jesús nos invita a también estar en el presente. Qué mejor manera que compartiendo los alimentos, nutriendo el cuerpo, compartiendo, escuchando y recibiendo nuestros relatos.

¿Qué es lo que quieres volver a vivir? ¿Qué es lo que quieres recordar?

Hace tiempo me dijeron que la palabra recordar, viene del latín, (re) pasar de nuevo, (cordis) por el corazón.

¿Qué es lo que ya pasó en tu vida, y hoy quieres pasar nuevamente por tu corazón?

¿Hay algo a lo que Jesús carpintero te invita a “pasar por tu corazón” nuevamente? Si hay alguien que sabe de vida, es Jesús, que sea con El que “re-cuerdes”.

Marisol

P.D. Podemos escuchar el relato de cuando Jesús se apareció nuevamente al par de amigos en las lecturas del III domingo de Pascua, año / ciclo B.