Por el trabajo de mi padre santo, nos cambiamos de casa y de ciudad varias veces. Una de esas fue de Torreón a Chihuahua, ambas ciudades del norte de México. En ese entonces tenía yo catorce años de edad.
Mis papás hicieron muchos cambios en los pocos meses antes de que mi papá se presentara a trabajar, y eso incluía ver en qué escuela iba yo a continuar mi último grado de secundaria. En las fechas en las que se tomó la desición del cambio, ya habían pasado las fechas de inscripción a las escuelas. Esta situación complicaba mi inscripción al siguiente año escolar.
Luego de varios meses, me dijeron a qué escuela iba a ir. Por la situación, no se trataba a cuál escuela me hubiera gustado ir (además de que ni sabía qué había ni tampoco era del todo mi decisión).
La escuela que me admitió fue la Secundaria Bilingüe Isaac Newton. Yo no batallaba mucho en las clases, pero entrar a una escuela bilingüe, era algo ajeno para mi. Hubo muchísimos cambios.
Uno de tantos cambios, fue al momento de elegir qué deporte iba a tomar. Por la misma razón de que mi inscripción fue tardía, los deportes de mi preferencia ya estaban llenos. Como lo que quedaba disponible era basket ball, pues me integré al equipo. La verdad, no sabía nada del basket ball, con excepción de que sabía que a mi papá le gustaba ver algunos juegos en la televisión.
El no saber nada, no me intimidó, pues pensé:
-Aunque no sepa nada, pues ahí me enseñarán, pues para eso es la clase.
Pero lo que sucedió, fue totalmente diferente…
Yo no sabía, que el equipo de la escuela era avanzado, y salían constantemente a competencias. Lo que quería decir, que el entrenador esperaba que yo tuviera una idea de lo que estaba haciendo más allá de los entrenamientos.
De lo que recuerdo, cada semana, las actividades consistían en enfocarse en movimientos especcíficos en pequeños equipos para luego rotar las actividades. Yo pensaba:
-Ya llegará el momento en que pueda preguntar, se que el entrenador dedicará un día para enseñarme eso.
A ti, ¿te ha pasado que tienes la suficiente inquietud para preguntar algo? ¿qué tan fácil o difícil es para ti hacer la pregunta?
Antes de que yo me decidiera a preguntarle mis dudas en entrenador, llegó una competencia.
Yo me encontraba tan contenta y orgullosa de mi, por que el entrenador me dijo que yo iba a estar al inicio.
Cuál fue mi sorpresa, que ni al minuto de haber iniciado el juego, el entrenador me sacó, y metió a otra compañera.
Y yo pensé:
-¿Qué fue lo que hice, o lo que no hice?
Y aún ahí, solo lo pensé…
En tu vida, ¿has tenido experiencias de no saber que es lo que te toca hacer? ¿Cómo te fue con eso?
Mi error, fue parte equivocación, y parte ignorancia. O tal vez, la ignorancia me llevó al error.
Hay un momento en el evangelio que diferentes personas le preguntan a Juan Bautista qué han de hacer. Juan les responde de acuerdo a su ocupación. Sus respuestas no son iguales para todos.
Esas personas, además de tener sus preguntas e inquietudes, realmente preguntaron, y por lo mismo, se les dio respuesta.
Y tú, ¿tienes preguntas de las que te gustaría obtener respuestas? ¿Te decides a preguntar, o te quedas con la pregunta en ti?
En mi clase de basket ball, yo no obtuve respuesta, pues no hice ninguna pregunta.
¿Cuáles son las respuestas que te gustaría tener?
Si no has encontrado las respuestas adecuadas, tal vez no hayas hecho las preguntas adecuadas. La calidad de la respuesta, depende de la calidad de la pregunta.
Te recuerdo la pregunta, ¿cuáles son las respuestas que te gustaría tener?
Si el Espíritu te inspira, pregunta a Jesús carpintero, cómo puedes hacer mejores preguntas, para obtener mejores respuestas.
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de cómo diferentes personas buscan respuestas en las lecturas del III domingo del tiempo de adviento, año / ciclo C.

