En una ocasión estuve participando en una actividad dentro de un retiro, en la cual, un primer paso era encontrar en nuestra oración un lugar donde nos sintiéramos completamente a salvo. El resto del día seguiría a partir de este primer paso.
Poco a poco, las personas que estábamos en la actividad, fuimos encontrando ese lugar de sentirnos protegidos y a salvo en nuestra oración, y conforme lo íbamos haciendo, lo podíamos notar en la expresión de nuestros rostros. Aún más, hasta lo reflejábamos en la postura de nuestro cuerpo, que ya no estaba tan rígido y tenso.
El día siguió su curso, con otras actividades y reflexiones que para mi se fueron complementando las unas con las otras.
Al final del día, se nos preguntó cómo había sido nuestra experiencia. Una a una de las personas participantes fuimos expresando lo que fue para cada una.
Los comentarios fueron muy profundos, y aunque diferentes entre nosotros, había un eco de haber recibido una sensación de paz. Excepto por una persona.
Esta persona compartió que para ella todo el día había sido muy difícil. Ella quería participar, quería recibir lo que ella veía que los demás estaban recibiendo. Pero simplemente no pudo.
Cuando le preguntaron si ella sabía desde cuándo, ella respondió:
-Sí, desde el principio. No pude encontrar un lugar donde sentirme a salvo.
Y tu, en tu oración personal ¿te sientes a salvo?
En varias ocasiones la escritura nos menciona lo bueno que es confiar en Dios,
A ti, ¿te es fácil confiar en Dios? ¿Y qué tal confiar en los demás?
Jesús mismo, nos dice que los pobres, hambrientos y quienes lloran, tendrán el reino, serán satisfechos y reirán.
Jesús parece reconocer que no todo siempre es vida y dulzura, y al mismo tiempo hace referencia que hay algo más allá de esos malestares. Jesús nos dice que somos bienaventurados, que somos dichosos.
¿Cómo ha de haber recibido la multitud sus palabras?
¿Cómo las recibes tú? ¿Confías en su mensaje? ¿Será que Dios también quiere ganarse tu confianza?
A la compañera en el retiro le fue muy difícil encontrar un lugar de reposo, de seguridad en su oración con Jesús. Y no pudo confiar en él, no de la manera que los demás lo expresamos.
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero qué tanto confías en él. Y tal vez, juntos exploren qué tan a salvo te sientes a su lado
Marisol
P.D. Podemos escuchar acerca de lo bueno que es confiar en las lecturas del VI domingo del tiempo ordinario, año / ciclo C.

