Tener perspectiva de eternidad 

La oficina privada estaba iluminada gracias a las grandes ventanas que dejaban entrar la luz. Por la ventana de la puerta se percibía el movimiento normal de la oficina parroquial, donde entraba y salía gente buscando poner sus intenciones en la misa dominical. No hacía frío, pero mi interior lo sentía helado. 

Me tomó años de terapia y estar en dirección espiritual para poder articular lo que había muy dentro de mi. Por tanto tiempo estuve aferrada a una idea de cómo “debía” de ser mi vida, que no podía percibir lo diferente que todo se estaba dando. 

Fue con el acompañamiento de mi terapeuta y director espiritual que pude llegar a ese punto, de ponerle nombre y apellido a lo que podía percibir de mi vida. Y no era nada agradable. 

En ese día en la parroquia, en ese espacio sagrado de dirección espiritual, fue que pude expresarlo en voz alta: 

–Me siento bajo tierra. 

Hasta tomé prestadas unas líneas de una canción de la cantante mexicoamericana Lila Downs:

Soy reina del inframundo, y mi corona es una lápida.

En otras palabras, me  sentía como muerta, sin esperanza.

Claro que la canción de Lila Downs es de fiesta, y honrando la fiesta del Día de los muertos. Pero como yo lo expresé era de manera sombría y con dolor.

Luego de expresarlo, para mi sorpresa no se cayó el techo, ni tampoco cayó un rayo y me partió por la mitad. Ingenuamente creía que expresar lo que no me parecía era ingratitud hacia Dios. Y obviamente, no quería ser mal agradecida. 

Y con toda la serenidad del mundo, mi director esperó a que terminara de expresarme. Una vez que terminé, me dice: 

–¿sabes lo que sigue?

–(Yo estaba en silencio)

–Resurrección.

En el estado emocional y fisiológico en el que me encontraba, jamás me hubiera imaginado que la resurrección es posible. Y sin embargo, me dió mucha esperanza. La muerte interna que percibía en mi vida no era más el final. 

De ahí en adelante, tuve un período de oscilar entre la esperanza, la desesperanza y la impaciencia. Esperaba a que Dios actuara en mi situación de vida, sin tener idea ni de cómo ni cuando. 

A ti, ¿cómo te ha ido en momentos donde esperas que Dios actúe y Dios parece tardarse para responder?

Tal vez te haya ido como a Martha y María, quienes mandaron llamar a Jesús cuando su hermano Lázaro estaba enfermo. ¿Y Jesús? Se tomó su tiempo.

¿Acaso no le importaba lo suficiente su amigo Lázaro como para ir de inmediato?

Y un diálogo con sus discípulos, parece revelar que De nuevo, el genio amoroso de Jesús no se enfoca en la enfermedad, sino en la gloria que se revela.

Y al mismo tiempo, no niega la enfermedad, no niega el dolor. Jesús siente con Martha y María, tanto que el evangelista nos comparte que Jesús lloró. 

Tan no niega la enfermedad, ni la muerte, que sana enfermos y resucita muertos. A veces los sana en cuanto están en frente, y otras veces se toma su tiempo. 

Y tú, has sentido que alguna parte de ti está muerta? Tal vez sea tanto tu cansancio, dolor, necesidad o decepción, que percibas casi imposible que tu situación pueda cambiar.

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero esa área de tu vida en la que te llegues a sentir o creer muerrt@. Y tal vez, recuerdes que aunque Jesús tome su tiempo, te encontrará.

P.D.: Podemos escuchar acerca de la resurrección de Lázaro en las lecturas del V domingo de cuaresma, año / ciclo A.