Tener un gran invitado 

Mi madre santa, era una persona a quien le encantaba platicar, conversar, compartir, convivir y reírse.

Mi papá trabajaba en un banco, y de vez en cuando las esposas de los funcionarios bancarios se reunían a jugar cartas, cenar y convivir. Se reunirían tal vez cada mes o cada dos meses, eso no recuerdo bien. Lo que sí recuerdo era cuando a mi mamá le tocaba recibir a las señoras en la casa.

Entre ellas, se turnaban para recibir al resto del grupo. Se organizaban, y la anfitriona ponía algo, y el resto de las invitadas también llevaba algo para compartir.

En la semana anterior a que mi mamá recibiera a las otras señoras, ella dedicaba un tiempo a hablarles por teléfono para confirmar su asistencia. Tal vez ese era el pretexto, pero más bien se quedaban un buen rato platicando. 

Con esa llamada, mi mamá se daba cuenta si podían asistir. Ocasionalmente, alguna de las señoras le decía que no iba a poder asistir, a lo que mi mamá le decía, que si había algún cambio en su disponibilidad, que era bienvenida a presentarse sin necesidad de que hablaran nuevamente.

Sí hubo una ocasión que recuerdo claramente que una de esas señoras que primero dijo que no podía ir, se presentó a la reunión., y no solo mi mamá la recibió con gusto, sino también el resto de las señoras.

Había invitadas, y cuando se presentaban las que no habían confirmado, las recibían con alegría. 

Algo que no sucedía, era que por no haber confirmado y presentarse a última hora, se les ignorara. Es decir, a las invitadas, se les recibía, se les atendía. Había alegría por su presencia.

En la Escritura, se describe cómo se le dice a Dios: ¡Ven!

Que era algo parecido a cuando mi mamá buscaba confirmar la asistencia de sus invitadas. Cuando llegaban, se les recibía y atendía.

¿Cuál es tu experiencia al respecto con Dios?

¿Invitas claramente a Dios? ¿Reconoces y atiendes a su presencia?

Y en la escritura, se describe los cambios que suceden cuando Dios está. Algo parecido a ver mejor, escuchar mejor, caminar mejor, hablar mejor. 

Y al mismo tiempo, tal vez se trate de que nos demos cuenta de que Dios YA está.

El invitarlo a tu vida y corazón, requiere estar al tanto de que está ahí listo para cada uno de nosotros. Listo para ti.

Jesús, listo para estar contigo, listo para amarte.

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si le quieres extender una invitación. Y tal vez, te des cuenta de que ya ha estado listo para compartir la vida contigo.

Marisol

P.D.: Podemos escuchar acerca de lo que sucede cuando Dios está está en las lecturas del III domingo del tiempo de adviento, año/ciclo A.