Durante mi primer embarazo me di tiempo para leer artículos en revistas, y libros acerca del desarrollo de los recién nacidos. Tenía tanta curiosidad de cómo iba a ser mi bebé, y de cómo podría saber qué era lo que necesitaba in que obviamente mi bebé me lo pudiera comunicar.
Las palabras sabias de mi mamá eran constantes:
–No te preocupes tanto, cuando llegue tu bebé vas a saber qué hacer.
Y no era que no le creyera, pero, como ella misma me decía, “nadie aprende en cabeza ajena”. Y yo seguía buscando lecturas de mi interés.
En varios artículos que cayeron en mis manos, decía lo importante que era hablarle a los bebés aún desde recién nacidos, con oraciones completas y asumiendo que el bebé entendía todo el mensaje. Recalcaban la importancia del tono de voz, y de ser posible también hacer contacto visual con el bebé.
Como este concepto fue una constante en mi lectura, al momento de tener a mi hermosa bebé en brazos, no me fue difícil empezar a hablarle con oraciones completas, asumiendo que me entendía, con tono de voz apropiado así como buscando contacto visual. A mi me encantó.
Recuerdo comentarios de algunas otras personas que presenciaban mis pláticas con mi bebé, y me preguntaban:
–¿Por qué le hablas así a tu bebé, si no te entiende?
Para ese entonces, yo ya había desarrollado ese hábito con ella, y me era tan natural que ni siquiera había descubierto que no muchas mamás hacían eso en ese entonces. Y lo único que respondía era lo que había yo leído anteriormente.
Pasando algunos meses, surgió algo inesperado. Jessica, con aproximadamente 6 meses de edad, empezó a decir sus primeras palabras. Era tan hermoso verla chiquitita, e imitar diálogos conmigo. Teníamos nuestras “largas conversaciones”.
Pasando el tiempo, cuando mi hija menor Nataly llegó a nuestras vidas, busqué también hablarle con oraciones completas, con tono amoroso y buscando contacto visual. Claro que era un tanto diferente por que Jessica también necesitaba atención en sus 3 años de edad.
Algo de lo que hasta después caí en cuenta, era que Jessica estaba poniendo mucha atención a lo que hacía yo con Nataly, y de cómo lo hacía. Al paso de los meses, me dicuenta que Jessica empezaba a hablarle a Nataly de la misma manera que yo le hablaba. Con tono amoroso, de la manera que ella hablaba a sus casi 4 años de edad, y buscando contacto visual.
Y esa fue la manera en la que ellas dos empezaron a relacionarse. Nataly respondía muy atenta a las palabras y atención de su hermana mayor.
Había momentos en los que cuando Nataly ya podía sentarse solita, yo las dejaba en la sala mientras estaba yo al pendiente desde la cocina. Las escuchaba “platicar” entre ellas y entre sus juguetes.
En una ocasión , Nataly “se soltó platicando” a su estilo con aproximadamente 9 meses de edad. Yo, siguiendo mi costumbre de hablar con ella con oraciones completas, contacto visual y tono amoroso, le dije:
–¿Sí mi amor? ¡Qué bueno que me dices! pero no te entiendo, dime de nuevo.
A lo que Jessica respondió:
–¡Ay mami! ¿Cómo que no le entiendes?
Yo volteé a ver a Jessica con confusión, y continuó:
–Nataly dice que quiere su cobijita
–¿Qué? ¿Cómo le entiendes?
–!Pues lo está diciendo!
–A ver, Nataly, ¿Qué es lo que quieres mi amor?
Y Nataly “respondió”
–(Sonidos de bebé)
Y Jessica me dice
–¿Ya ves mami?
Mi sorpresa fue inmensa. ¡Jessica entendía los balbuceos de Nataly! Y no solo eso, sino que me traducía lo que yo no entendía. Tan gracioso y tan real, siguió sucediendo hasta que Nataly pudo realmente articular sus palabras conforme iba creciendo.
Era tanto el contacto que tenían Jessica y Nataly, que se comunicaban más allá delas palabras que yo podía entender.
Y tal vez, no solo contacto, sino el amor entre ellas.
A ti, te ha pasado que te gustaría entender mejor a alguien más?
En la escritura, se describe a la venida del Espíritu Santo como un momento en que los apóstoles pudieron hablar en nuevas lenguas, y gente de otros lugares podían entenderlos. ¿Será que tuvieron más apertura al amor que antes para poder comunicarse?
En mi caso, no era que no amara yo a Nataly para no entenderle lo mismo que Jessica le entendía, pero yo sabía que desde que mi barriguita crecía, Jessica anticipaba a su hermanita para jugar con ella. Ellas siempre han tenido un vínculo mutuo muy fuerte.
Y en contraste, los momentos en que yo no he podido encontrar un buen punto de comunicación con alguien más, probablemente me hubiera beneficiado de más apertura.
En tu experiencia, ¿anhelas mejor comunicación con alguien más? ¿Hay alguna área de esa relación en la que Dios te invite a tener más apertura?
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si te gustaría entenderte mejor con alguien más. Y tal vez, descubras una invitación a profundizar en apertura y atentividad.
Marisol
P.D.: Podemos escuchar acerca de que los apóstoles pudieron comunicarse con más personas en las lecturas del domingo de Pentecostés, año / ciclo A.

