Cuando viví mi primer campamento Kairós, estaba en una etapa de mi vida de mucho enriquecimiento. Tenía fresca al experiencia de la formación Lasallista, había tomado un retiro semanal de los Ejercicios Ignacianos, así como también asistía a un grupo de la Renovación carismática.
Cada una de estas herramientas de evangelización me brindó un ángulo diferente de cómo poder relacionarme con Dios. Y cada una tiene sus características particulares y su espiritualidad.
Dentro de los campamentos, hay varias maneras y áreas de servicio. Una manera de apoyar, es el ser líder. A los líderes se les encarga un grupo de personas durante todo el campamento, y ayudan a los participantes con instrucciones en las actividades, dan apoyo y les ayudan a procesar la experiencia.
Cuando tuve mi orientación para ser líder en un campamento, una de las frases que más se me grabaron fue:
–Hay que cuidarnos las espaldas.
Y a lo que el comentario se refería, era que entre nosotros los líderes había que evitar llevarnos la contraria, o tener desacuerdos enfrente de los participantes.
Hasta cierto punto era obvio para mi, Hasta que empezaron a surgir pequeñas diferencias.
No se trataba de ignorar esas diferencias, sino de atenderlas en el momento adecuado, y de no crear confusión innecesaria enfrente de los participantes.
¡Ah!
Entonces entendí a qué se refería con cuidarnos las espaldas.
Entre otras cosas, era para presentar un frente común, de unidad, de presencia.
En los campamentos en los que habíamos líderes nuevos, nos asignaban con líderes de experiencia para aprender. Para mi era intimidante, y me ponía nerviosa.
Una vez que se me pasaba el nerviosismo, podía experimentar el sentirme respaldada, y es precisamente a lo que se refiere esa frase de “cuidarnos las espaldas”.
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te has sentido respaldad@?
Para mi, esto fue muy significativo, y fue el punto de partida para una experiencia más profunda, para darme cuenta de que Dios me respalda.
Y eso es algo que también Dios hace por ti, y por cada uno de nosotros.
En la escritura, Jesús nos dice: que no tengamos miedo.
¿Será que una vez más Jesús nos recuerda que somos respaldad@s en su amor?
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero algún miedo que tengas. Y tal vez, descubras que te respalda con profundo amor.
Marisol
P. D.: Podemos escuchar acerca de la invitación a no tener miedo en las lecturas del domingo XII del tiempo ordinario, año/ciclo A.

