Saberme y sentirme perdonad@

En una ocasión mis hijas estaban en casa de sus primos, y de visita estaba una primita que vive en México. Estaban compartiendo el desayuno. Mis hijas tendrían tal vez entre 12 y 15 años respectivamente, y su primita entre 6 y 7 años. Su primita, por accidente tiró el jugo de naranja, y su tía le preguntó, ¿quién tiró el jugo?Ella en su inocencia, dijo: “Mi primo”, pero su primo ni siquiera estaba en casa. Ahí fue donde mis hijas se carcajearon de ternura.

En su pequeña edad, la primita de mis hijas no sabía o no podía asumir responsabilidad por haber tirado al jugo, tal vez se imaginaba que la iban a regañar, y tal vez hasta se imaginaba que la iban a castigar. Eso no lo se. Pero se que yo sí llegué a imaginarme esas dos consecuencias por errores o accidentes que cometí.

Esto me recuerda la respuesta de Adán y Eva, cuando luego de que Dios les pregunta si comieron del fruto del árbol prohibido, cada uno culpa a otro. Adán culpa a Eva, y Eva culpa a la serpiente.

Si nos damos cuenta o no, nuestras acciones tienen consecuencia, y estamos llamad@s a atenderlas. En el caso de Adán y Eva, la consecuencia fue que tuvieron que cambiarse de casa.

Para ti, ¿qué tan fácil o difícil es admitir responsabilidad cuando tus acciones no son las adecuadas?

O, luego de admitir responsabilidad y enfrentar consecuencias, ¿te sigues castigando tú sol@?

He sabido de historias de personas que nos encontramos  en ambos casos. Hace poco escuché que el papá de una amiga, que se encuentra en edad avanzada, se va caminando a la iglesia cerca de su casa, y busca al sacerdote para confesarse. Luego de algún tiempo, el sacerdote habló con la familia de mi amiga, para buscar que le recordaran a su papá que no había necesidad de confesar lo mismo cada vez, pues el perdón que da el sacramento, ya estaba dado. El sacerdote ya le había dicho esto al buen hombre, y aún así, seguía acudiendo a buscar perdón.

Nuevamente, poniendo a un lado las consecuencias, ¿cuál es tu experiencia al lidiar internamente con tus acciones cuando no son adecuadas?

Ya sea que se nos haga duro aceptar responsabilidad y culpemos a otros, o que lleguemos a ser obsesivos ahogándonos en culpa, el perdón llega al buscarlo. ¿Lo recibes?

Cuando yo estaba en la preparatoria, y que íbamos a las misiones Lasallistas de Semana Santa en la Sierra Tarahumara, las temperaturas en la noche eran tan frías que caían heladas cada noche. Al levantarnos (aún en la obscuridad), y pisar el zacate, escuchábamos el tronar del hielo en la superficie. Algunos madrugadores nos íbamos por un café a la cocina, y luego nos íbamos a un lugar cerca, donde sabíamos que el sol pegaría una vez que saliera. Con hielo en el piso, con el cielo aún obscuro, conn un café en la mano, y con un frío que calaba hasta los huesos, aún así sabíamos que el sol llegaría, y aliviaría nuestro sentir.  No había duda de que el cielo se detuviera y que el sol no saliera. No había duda de que el café nos ayudaría a recuperar la temperatura interna. No había ninguna duda. Lo sabíamos.

Cuando tal vez te cueste aceptar  responsabilidad de tus acciones y culpes a los demás, ¿buscas el perdón?  ¿lo recibes?

Cuando la culpa te llega a consumir, ¿buscas el perdón? ¿lo recibes?

En ese  grupito de misioneros madrugadores, sabíamos que el sol saldría. Y sentíamos el agradable calor del café el estar titiritando de frío. El saber que el sol venía, y sentir el calor del café, era experimentar el sentir y el saber que íbamos a estar bien.

Saber y sentir son experiencias diferentes.

¿Cuál es tu parte para que sepas que estarás bien?

¿Cuál es tu parte para que sientas que estarás bien?

Así como el centinela y los misioneros friolentos recibieron la aurora, no solo sabrás que llega el sol, su agradable calor. También podrás saberte y sentirte perdonad@.

Jesús nos dice, todo se perdonará, y no habrá necesidad de decir que alguien más tiró el jugo.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de esperar y recibir perdón en las lecturas del X domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.