Como buena familia mexicana, recuerdo que en casa mientras yo crecía siempre había frijolitos cocidos en casa de mis papás. Podría haber días en los que se acababa la salsita, o el arroz, o hasta las tortillas, pero que faltaran los frijoles, ¡jamás! Jajaja. Mi papá no los perdonaba.
Para cocerlos, mi mamá usaba una olla express. Esa era la única forma que yo conocía de cocer frijoles. Ni cuenta me había dado de que antes de que se inventaran esas ollas express era normal cocerlos en ollas de barro, y revisar constantemente el agua.
En una de las visitas que dimos a El Paso, mi mamá conoció una entonces novedad en la cocina. Gracias a sus primas, le presentaron la olla de lento cocimiento y sus bondades. Una de esas bondades, era la conveniencia de no tener qué estar tan al pendiente de la olla, como con la olla express, con la que había de tener un cuidado preciso. Con la olla de lento cocimiento, en caso necesario era super fácil ponerle más agua a los frijoles o a cualquier cosa que estuviera cociendo.
Fue tanto el impacto que tuvo esa olla, que regresamos a casa con una de esas. Y todos nosotros listos para probar lo que saliera de ella.
En la cocina de la casa había una ventana que dejaba entrar al sol al atardecer. La luz se reflejaba en una pared blanca, que iluminaba aún más la cocina. Esta escena casi angelical fue el marco del momento en el que mi mamá nos sirvió a todos por primera vez unos frijolitos recién cocidos con la nueva olla como parte del menú. Con mucha anticipación, y con la misma cantidad de hambre empezamos a comer.
¿El veredicto general? Jamás volveremos a comer frijolitos que no estén cocidos en olla de lento cocimiento. ¡Estaban deliciosos!
Desde entonces la olla express se retiró de uso, y la de lento cocimiento tomó el trono.
Algunos años más tarde, yo también empecé a usar una olla similar ya en mi casa como mujer adulta. No usarla para cocer esos deliciosos frijoles no era opción. Tanto que hasta el día de hoy sigo usando una olla así para ese mismo propósito. Al poner agua ya hirviendo, un chorrito de aceite de oliva, y sal de mar… mmmm… quedan inigualables.
La tradición casera la he empezado a pasar a mishijas. Y ellas también han probado la delicia y diferencia de sabor y consistencia que esta ollita da a los deliciosos frijoles, jajaja.
Hace menos de una semana, me di cuenta que ya se habían terminado los que teníamos, por lo que me propuse poner a cocer más. Como su nombre lo indica, la olla toma tiempo para hacer su trabajo. Es una olla de lento cocimiento. Por esa razón, pongo los frijoles a cocer por la noche, y un aroma delicioso nos recibe en la cocina por las mañanas.
En esta noche en particular yo estaba muy agotada por el día, había tenido actividades desde muy temprano. Pero cuando me acordé que ya no había frijoles, luché contra todo mi cansancio para ponerlos a cocer. No tiene ciencia, simplemente que estaba exhausta.
La mañana siguiente, un aroma delicioso nos dió la bienvenida a la cocina. Natalia ya se había ido a la escuela, y Jessica fue quien empezó a comer un poco antes de que yo empezara a trabajar.
Más tarde, Jessica me dijo:
–Mamá, los frijoles estaban muy ricos, pero les faltó la sal.
Uff… estaba yo tan cansada que ni cuenta me di que no les puse.
Inmediatamente fuií a la cocina, saqué la sal y les puse la cantidad adecuada.
Procedí a probarlos, y…
Ay… qué manjar….
Y pense
–Esta sal no solo da sabor, sino que les da vida a estos frijolitos, mmmmm….
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que notaste la diferencia de un sabor discreto a un sabor lleno?
En la escritura, Jesús nos dice que somos sal de la tierra y luz del mundo.
Esos frijoles sin sabor, es como si hubieran tomado vida con ese poco de sal. No es que hubieran estado malos, solo estaban insípidos.
¿Hay algún área de tu vida que te gustaría que tomara sabor, que tomara vida?
La plenitud del sabor, hizo el deleite aún mayor.
Si tú eres la sal del mundo que te rodea, ¿qué tanto sabor le das a tu entorno? ¿Qué tanta vida le das a tu entorno?
Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero el sabor que experimentas en tu vida. Y tal vez, descubras que te es posible ser sabor y dar vida a los demás.
Marisol
P.D.: Podemos escuchar acerca de que somos la sal del mundo en las lecturas del V domingo del tiempo ordinario, año/ciclo A.

