Recibir amor en el silencio 

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Cuando me decidí a tomar mis estudios de postgrado, la idea que yo tenía de lo que sería era muy vaga. De acuerdo a lo que entonces eran mis intereses, ya había elegido la concentración de liderazgo pastoral. 

Cada semestre era necesario reunirnos con nuestro asesor académico mínimo dos veces Ese tiempo nos ayudaría a seguir el camino académico adecuado al seguir las clases necesarias de acuerdo a lo que cada semestre se ofrecía. 

Después de haber cruzado algunos semestres, era tiempo para mi de tomar algunas de las clases opcionales. Buscqué cuáles eran las clases que se ofrecían los días que ya iba al campus, para buscar solo ir una vez a la semana. 

Coincidió que en ese semestre había un nuevo profesor de las clases de espiritualidad, y que se acomodaban los horarios para que yo pudiera asistir a su primer clase.  

Wow. 

Mi experiencia había sido muy rica en cuanto a actividades pastorales desde antes de inscribirme a esta Maestría en Teología pastoral,, pero esto era algo que no me imaginaba. No era solamente que me interesaba y fascinaba, sino que hasta “me capturaba”.  Todo lo que iba a prendiendo comenzó a saciar una sed que no estaba consciente que tenía. Tenía una sed muy profunda, y el agua era refrescante. 

Conforme fueron pasando los semestres, me seguí inscribiendo a todas las clases que pude con este profesor. Y cada clase no solo era un deleite para mi curiosidad, sino que tembién era un bálsamo para el alma y corazón. 

Mi atención era como una esponja seca en cada clase, trataba de absorber todo lo que mi mente me permitía.

En una de esas clases dentro de un tema más amplio, el profesor comenzó a hablar de la oración en silencio, de la oración contemplativa.

Para mi fue un contraste muy grande de cómo la oración contemplativa difiere de otros modos de oración. Yo estaba familiarizada con la misa, oraciones repetitivas, novenas, rosarios o seguir alguna guía. Sin embargo, la oración contemplativa no requería nada de eso. 

Conocer la descripción de la oración contemplativa, el estar en silencio “sin hacer nada” fue muy confuso para mi. 

–¿En verdad no tengo que hacer nada?

Fue lo que me preguntaba una y otra vez 

Y tú, ¿cómo experimentas tu vida de oración? ¿Crees que tienes que “hacer” algo o “cumplir” con algo?

La invitación del profesor fue que integráramos alguna de tantas técnicas de oración contemplativa en nuestra vida personal. Y así lo hice. 

Con lo que más batallaba, era con esa idea arraigada profundamente en mi mente, de que yo tenía que “hacer” o “cumplir” con algo dentro de la oración.  

En la Escritura, la carta a los romanos nos dice que el Espíritu intercede por nosotros. Y es eso lo que sucede en la oración contemplativa. Tú y yo, cada uno de nosotros, no necesitamos “hacer” nada. Dios sabe, aunque nosotros tal vez no lo tengamos claro, lo que necesitamos. Y Dios es Dios proveedor, lleno de amor para darte a ti y a mi. Es en la oración contemplativa que nos empapamos de lo que Dios sabe que necesitamos, su amor.

A ti, ¿te gustaría dejarte amar?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero si estás dispuest@ a dejarte amar “sin hacer nada”. Y tal vez, descubras que la oración contemplativa es un medio para dejarte amar.

Marisol

P.D. Podemos escuchar acerca de que el Espíritu intercede por cada uno  en las lecturas del XVI domingo del tiempo ordinario, año / ciclo A. 

 P.D.2: Si quieres aprender a dejarte amar, te puedes inscribir en el programa de Espiritualidad Cristiana que se ofrecerá en otoño del 2026 en el Centro para la Religión y la Espiritualidad de Loyola Marymount University.  

https://crs.lmu.edu/espanol/programas/espiritualidad