Tomar tiempo para descansar

Hubo una temporada en mi vida, que aunque no lo podía distinguir con claridad, estaba sobrecargada de responsabilidades y compromisos. Nadie me obligó, sino que yo los tomé voluntariamente. Algunos de esos compromisos sí fui persuadida con inteligencia, pero aún así, yo fui quien dijo que sí.

Esa etapa de mi vida empezó poco a poco. No planeé estar completamente ocupada de un día para otro,. Más bien sucedió en un lapso de tiempo en el que no puse atención adecuadamente.

Coincidió en que me cambié de casa, regresé a la escuela a un programa de postgrado, y empecé 2 trabajos de medio tiempo. Tenía tanto celo por hacer lo que quería hacer, que no medí las consecuencias. También, estaba a cargo del funcionamiento interno “normal” de mi casa, incluyendo dos hijas entonces pequeñas.

En retrospectiva, ahora no se cómo lo logré. Mi confianza en Dios es algo que ha ido madurando a través de los años, y parece que para mi en ese entonces, era más ingenua.

Recuerdo que mi mamá me decía: “Hija, descansa”. A lo que yo respondía con una actitud de adolescente:”Sí mamá”, más para que me dejara de decir y para mejor cambiar de tema. Ya estaba yo muy adultita, muy crecida (y un tanto altanera), y no me caía nada bien al ego cada vez que me lo decía.  Francamente, me entraba por un oído y me salía por otro. No era que no quisiera descansar, era más bien que quería seguir adelante, no quería parar. Imaginaba que las oportunidades que yo estaba tomando se iban a desaparecer, y que nunca más se presentarían. No lo sabía en ese momento, pero no era así.

Ya ti, ¿te ha pasado que crees que no tienes tiempo para descansar, o que se te van a ir oportunidades si descansas?

En una ocasión estaba en una clase, en la que se empezó a hablar del   Sabbath en la tradición judía. En resumen, uno de los muchos aspectos del Sabbath se trata de imitar el día en el que Dios se recreó y descansó al hacer la creación. No era de “flojear” (que era la impresión escondida que yo tenía), sino que era de observar con amor las obras hechas.

Se nos plantearon varias preguntas de reflexión, de las cuales una me cuestionó en lo más profundo:

-Si Dios se ha tomado un día de reposo, ¿tú por qué no te lo tomas? ¿Crees que vas a lograr más que Dios?

Mi mente respondió: “¡Claro que no!”

Pero al observar mis acciones, mi semana, mi calendario, mis ocupaciones…. Había una respuesta diferente.

Date una pausa, y recuerda tus actividades de las dos semanas anteriores. ¿Te diste tiempo de reposo?

Ahora recuerda tus planes para las siguientes dos semanas. ¿Has incluido tiempo de reposo?

El ritmo de trabajo que tomé en esa etapa de mi vida se detuvo para mi un poco antes de que empezara la pandemia. Y cuando el encierro empezó, tal vez no tenía el mismo tipo de ocupaciones, pero (como muchos de nosotros), tuve aún más preocupaciones

La pandemia siguió su curso en los siguientes años. Un día me internan de emergencia para operarme de un tumor cerebral. Y es ahí donde realmente quise aprender a reposar. El tiempo de recuperación incluyó no solo las secuelas causadas directamente por el tumor, sino también otras consecuencias secundarias. Tenía, tenía, tenía, que reposar. Eso era lo que mi cuerpo necesitaba.

Antes, mi buen pastor me invitaba a reposar. Ahora quiero verlo con humor), me hizo reposar.

El reposar, el descansar, no fue solamente el restaurar mi salud, sino también hubo una consecuencia colateral que nunca hubiera imaginado. Fue aprender a confiar en Dios de otra manera más plena y madura a comparación de mi experiencia anterior.

Ya no se trataba de que tenía que trabajar, dentro o fuera de casa. Se trataba de que si no me cuidaba y le daba a mi cuerpo el reposo y tiempo necesario, mi bienestar y el de mis hijas iba a ser más incierto aún.

Entre otras cosas, tuve que reconsiderar internamente aspectos como el “tener que trabajar siempre”, “esta oportunidad, una vez que se va, ya no regresa”, “el que no trabaje, que no coma”.

En tu caso, ¿necesitas reconsiderar o modificar algo internamente para poder descansar o reposar? ¿Qué es lo que necesitas cambiar en tu manera de pensar?

Nuestras experiencias de vida son diferentes, y no se trata de comparar, o de justificar por qué sí, o por qué no podemos reposar. Tal vez se trata de encontrar esos momentos o espacios de tiempo donde podamos descansar y restablecernos.

Antes de este  episodio de salud, me había tocado ver y saber de ambientes de trabajo donde se ve el descanso con malos ojos. Conversaciones entre algunos de los líderes mencionan lo saturado de sus calendarios y lo ocupado de sus vidas. Si me hubieran preguntado si yo pensaba igual, hubiera dicho que no. Pero mis acciones gritaban lo contrario.

Empecé a distinguir algo diferente cuando escuché lo siguiente, que el trabajo puede convertirse en la única adicción que es celebrada socialmente. Recibimos aplausos, cumplidos y hasta reconocimientos por hacerlo en exceso. Claramente, no es el caso de todos. El trabajo es una bendición de Dios. Y también, nuestro Buen Pastor, nos lleva a reposar., a descansar.

En tu caso, ¿tienes tu tiempo completamente lleno de ocupaciones?

En una ocasión Jesús quiso llevar a sus apóstoles a descansar, pues habían trabajado mucho. Tenía la intención de llevarlos a un lugar apartado, pero se corrió la voz entre la gente, y se adelantaron a encontrarlos en su lugar de descanso.  Aún así, parece que Jesús no los puso a trabajar en ese momento. Jesús se encargó de los asuntos pendientes.

En mi caso, en el tiempo de mi recuperación pasó como me imaginé. Algunas oportunidades las tuve que dejar ir. Otras que ya tenía “en las manos” las tuve que soltar. Y también pasó lo que no imaginaba. En el momento adecuado, empezaron a surgir otras oportunidades, que han sido adecuadas para mi.

El Buen Pastor, aunque haya mucho qué hacer, no solo nos invita a reposar, nos hace reposar.

Jesús, además de querer que sus apóstoles reposaran, se encargó del trabajo restante. El se puso a enseñar a quienes querían seguir aprendiendo.

¿Podemos nosotros confiar en que Dios se encarga de todo mientras reposamos?

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero tu experiencia de trabajo, y tu anhelo de reposo.

Y recordemos, que mientras reposamos, mientras restauramos nuestras fuerzas, Dios puede encargarse.

Marisol

P.D Podemos escuchar acerca de cómo nuestro Buen Pastor quiere que reposemos, nos hace reposar, y cómo se encarga de las cosas cuando reposamos, en las lecturas  del XVI domingo del tiempo ordinario, año / ciclo B.