Más que suficiente

Más que suficiente

El primer cambio de casa que yo recuerdo de cuando era niña, fue el cambio de Zacatecas  a Torreón. A mi papá lo habían cambiado del trabajo a una nueva ciudad, y ese era  el motivo del cambio. 

Mi mamá encontraba deleite en acomodar nuestra nueva  casa. Los muebles los ponía de una manera y de otra, y desempacar la vajilla y ponerla en donde a ella le agradaba era algo que disfrutaba mucho. 

Cada domingo por la tarde, recuerdo que mi mamá hacía una llamada a Zacatecas, para hablar con mi abuelita. No se cuánto tiempo hablaban, pero recuerdo que la intención era breve, pues cada minuto de llamada de larga distancia era más costoso. 

Luego de varios meses, llegó el tiempo de visitar a la familia. Tanto la familia de mi mamá como la de mi papá eran de Zacatecas. Eso querría decir, que después de haber pasado el tiempo de visita, a la hora de despedirnos también nos despedíamos de mi abuelita paterna. 

Algo que tengo muy presente, es que al momento de despedirnos de ella, siempre, sin excepción, se le salían las lágrimas al vernos subir al carro para regresar a Torreón.  Por más que ella quisiera disimularlo, o aguantarse las lágrimas, el sentimiento le ganaba. 

Otracosa que también recuerdo de esas despedidas, era que ella nos preparaba unas gorditas para nosotros comer en el camino de regreso.  Aún siendo mi papá un hijo adulto para ella, seguía preocupándose por él y por nosotros, buscando que no tuviéramos hambre en el camino de regreso. 

Las gorditas que preparaba eran de lo más simple. De harina de maíz, rellenas de frijolitos refritos. Simples, y deliciosas. Mi abuelita las envolvía en una servilleta de tela, que cada vez que yo la veía de nuevo en casa, inevitablemente me acordaba de ella. 

Usualmente mi papá era quien manejaba las 5 horas de regreso a Torreón. Cuando no alcanzábamos a salir temprano, el sol daba de frente al carro. En esos viajes, mi hermano o yo cambiábamos de lugar con mi mamá, pues ella no quería que le diera el son en la cara. 

En una de las ocasiones que a mi me tocó el turno de ir en frente con mi papá, él me empezó a platicar de cuando él veía que mi abuelita le preparaba las mismas gorditas a mi abuelito cuando él aún estaba viviendo con ellos. 

Mi abuelito tenía trabajos pesados, y cuando llegaba a casa llegaba con mucha hambre. 

Mi papá fue el menor de 6 hijos, y me platicaba que él en veces se preguntaba cómo le hacía mi abuelita para alimentar a tantas bocas. Y como en ocasiones lo que mi abulieta les daba eran las mismas gorditas, pues ahora para mi como que surge la respuesta. 

Cuando mi abuelita nos daba sus gorditas, recuerdo que murmuraba algo parecido a:

-Llévense estas gorditas, aunque estén feitas. Es lo que tengo, y se las doy con mucho amor. 

Y coincidía con que yo era la última de quien se despedía, y a mi me las daba. 

Y a ti, ¿te ha pasado que lo que tienes para ofrecer  crees que es feíto o dudas en compartirlo?

El que las gorditas estuvieran “feítas” al punto de vista de mi abuelita, no iimpedía que las disfrutáramos. 

En la Escritura, Jesús alimenta a una multitud a partir de cinco panes y dos peces. 

Independientemente de cómo  haya sido el milagro, Jesús se valió “de lo poco”. ¿Y cómo fue posible?

El relato bíblico dice que Jesús bendijo los panes y pescados, y lo repartió.

Mi abuelita buscaba compartir amor con las gorditas que nos daba. Y fue suficiente. 

Jesús bendijo los panes y pescados, y fue más que suficiente. 

En tu caso ¿has pensado que lo que tienes para ofrecer es feíto, inadecuado o insuficiente? 

Si el Espíritu te inspira, comparte con Jesús carpintero lo que percibas de ti o de tu vida que sea insuficiente. Y tal vez, con su bendición descubras que hay más de lo que imaginas, hasta para compartir en abundancia. 

Marisol 

P.D.: Podemos escuchar acerca de la multiplicación de los panes en las lecturas del XVIII domingo del tiempo ordinario, año / ciclo A. 

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